Un Villa 'gigante' y otro escondido
El reciente anuncio del gobernador Esteban Villegas sobre la construcción de una megaescultura de 25 metros de Francisco Villa, bajo el lema institucional del "Gigante", no busca convertirse en un nuevo atractivo urbano o en un impacto visual turístico, sino en un símbolo político grandilocuente de su gobierno.
La lectura surge inevitablemente al recordar que Durango ya cuenta con una escultura ecuestre del Centauro del Norte, elaborada en bronce por el reconocido artista duranguense, Francisco Montoya de la Cruz. Una obra de gran valor artístico y simbólico que permanece desde hace años escondida y en el abandono.
El monumento, prácticamente invisible, se encuentra atrapado entre árboles, anuncios espectaculares y la indiferencia institucional desde hace unos cuatro sexenios. Una pieza representativa de los duranguenses que debería exhibirse con orgullo; un hito urbano que apenas sobrevive como mobiliario olvidado.
Resulta contradictorio que se anuncie una nueva obra monumental, con una inversión que sería significativamente costosa en términos de recursos públicos, mientras el monumento existente no tiene una ubicación digna y carece de mantenimiento en un entorno urbano que no lo resalta, ni para locales ni para visitantes.
El debate no es si Durango debe aspirar a proyectos "gigantes", sino si esos proyectos son coherentes con la historia o simplemente la sustituyen. A veces, la verdadera grandeza no está en grandes dimensiones ni en la espectacularidad de una obra, sino en la voluntad política de cuidar, preservar y dignificar lo que ya forma parte de nuestra identidad.
Y es que, sin tratar de oponerse al desarrollo ni a proyectos turísticos, la escultura original no solamente representa al revolucionario, sino también a una etapa de la ciudad capital -del estado en general- así como a un símbolo cultural e histórico. Ni se diga al reconocimiento del invaluable trabajo de un creador duranguense que merece respeto.
Durango no necesita que "nazca un gigante", sino que despierte una conciencia sin matices políticos. Una que entienda que la memoria no se impone con tamaño, sino con honorabilidad; que la historia no se rememora duplicándola, sino reconociéndola. Antes de erigir un Francisco Villa colosal, bien valdría la pena rescatar al existente.
Engrandecer la memoria no implica hacerla más alta, sino -en el caso- más visible, más respetada y mejor cuidada. Antes de caer en incongruencias, caigan en cuenta que Villa no solo es reconocido a nivel nacional, sino además internacional. Durango necesita gobernantes coherentes también en la manera en que gestionan el patrimonio histórico y cultural.
EN LA BALANZA.- La presunta aparición de mantas con mensajes atribuidos a supuestos grupos delictivos inquietó a los habitantes de Durango capital el pasado lunes. Igualmente causaron temor los reportes de un operativo de la Guardia Nacional, detonaciones y ponchallantas por salida a carretera a Mezquital. La información extraoficial sobre ambos hechos inundó las redes sociales; sin embargo, y como siempre ocurre, las autoridades de seguridad no han confirmado o desmentido los sucesos. Pero qué esperar de ellos, que ni puntos y aparte o finales detectan en un texto.
X: @Vic_Montenegro