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OPINIÓN

Y el Plan B ¿por qué?

Y el Plan B ¿por qué?

SERGIO AGUAYO 18 mar 2026 - 08:30

Tras un monumental mitote pletórico de invocaciones al "pueblo" y a la "democracia", los dueños de los partidos sonrieron con el desenlace del Plan B que les permite seguir recibiendo fortunas cada año y los faculta a controlar las candidaturas, con esto garantizan su monopolio sobre la vida pública. Si la presidenta conoce la profunda adicción de los partidos al dinero fácil, ¿por qué se lanzó a una aventura tan incierta?

La respuesta podría estar en los dos grandes déficits de la 4T: sé que la inseguridad y la corrupción fueron heredadas de las presidencias del PRI y el PAN, pero también se puede demostrar que ni Andrés Manuel López Obrador ni Claudia Sheinbaum han logrado controlarlas.

La encuesta de El Financiero del 2 de marzo repite el patrón ya observado con AMLO: la presidenta es aprobada por el 72 por ciento de la población, pero se critican sus políticas hacia el crimen organizado y la corrupción con un rotundo 78 por ciento.

Como sabemos, la prioridad de la presidenta durante su primer año fue un ataque frontal contra la violencia. Los logros ampliaron sus márgenes de maniobra porque apaciguaron a Donald Trump y le permitieron insistir con un discurso sobre la reducción de los homicidios. Ha guardado silencio sobre las elevadas cifras de desaparecidos, pero ya anunció que este mes presentará una revisión a fondo de lo que pasa en esa categoría.

En todo caso, cuando se sintió segura en ese flanco la presidenta se lanzó contra la corrupción sistémica y puso la mirada en las prerrogativas recibidas por los partidos. Es un escándalo que los seis principales hayan recibido entre 1997 y 2026 casi 200 mil millones de pesos y que sean las instituciones peor evaluadas por la ciudadanía.

De haber tenido éxito, la presidenta habría dado un paso hacia la creación de un autoritarismo más eficiente y disciplinado (tengo la impresión de que el modelo chino le es mucho más atractivo que el cubano o venezolano). Pero el hubiera no existe y como la reforma fracasó y el Plan B se empequeñeció, continuará esa corrupción sistémica tan ofensiva y funcional que perpetúa el pacto de impunidad hacia los corruptos de dentro y fuera de Morena.

Ante ese fracaso, ¿qué sigue?

Reviso las alternativas fuera de los partidos actuales. Empiezo con las franjas independientes y críticas de los medios de comunicación, la academia, las colectivas feministas, los organismos de la sociedad civil y, por supuesto, los colectivos de víctimas (en especial las madres buscadoras).

López Obrador intentó domesticarlas o disminuirlas, pero fracasó. Su sucesora, Claudia Sheinbaum, ha mostrado mayor tolerancia y apertura, tal vez porque se da cuenta de las limitaciones de este archipiélago de resistencias disperso e incapaz de llegar a acuerdos mínimos. Pese a ello, el fracaso del Plan B supone que permitirán a este sector mantener un sólido relato sobre las inconsistencias del discurso oficial en inseguridad y corrupción.

La fortaleza de este sector podría mejorar si tuviera una mayor conciencia de su fuerza, lo cual requiere de una cartografía por ahora inexistente sobre su presencia en las principales ciudades del país. Dentro de su dispersión podrían avanzar si aprovecharan mejor las redes sociales. Una experiencia digna de emulación es la mejoría en el poder de convocatoria del movimiento feminista que ha hecho un uso estratégico de las redes sociales.

Otro ejemplo es el del partido Somos México que, incluso antes de obtener el registro de un INE y un TEPJF sometidos a Palacio, ha mostrado señales de ser diferente. Son una promesa, pero en el mediano plazo. Antes de convertirse en opción tienen que convencer a las fuerzas sociales que desean representar de que ellos pueden controlar los efectos corruptores del dinero fácil de las prerrogativas.

Finalmente, está la emergencia de una derecha que pueda apalancarse y emular al MAGA de Trump o a las múltiples alternativas que están surgiendo en América Latina y Europa. Uno de los huecos en la comprensión del México de 2026 es lo que piensa y hace la ultraderecha mexicana.

El desenlace es incierto. La batalla entre autoritarismo y democracia continúa.

@sergioaguayo

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