Editoriales / Aleatoria

AMLO y Calderón

Jaque Mate

SERGIO SARMIENTO, , actualizada 08:10 🕚

"Parecía el comandante Borolas".

Andrés Manuel López Obrador

Es notable la atención que el presidente Andrés Manuel López Obrador le dedica al exmandatario Felipe Calderón. Una y otra vez lo cita en sus conferencias de prensa y lo culpa de todos los problemas del país.

El 7 de septiembre Luis Estrada, coordinador de análisis político del ITAM, señalaba que Calderón había sido mencionado 270 veces en las mañaneras, más que las 263 de Benito Juárez. Después de que se dio a conocer el rechazo del consejo general del INE a otorgar registro a México Libre como partido político, el mandatario lo festejó en un video como un triunfo personal: "Yo, no saben cuánto celebro esto. Lo celebro muchísimo". No parece una declaración del presidente de todos los mexicanos, pero esa ha sido la actitud de Andrés Manuel ante Calderón desde hace años.

López Obrador utiliza con frecuencia su tribuna presidencial para descalificar a quienes piensan diferente, pero su agresividad hacia Calderón ha sido especial. El 23 de agosto de 2019 cuestionó la estrategia del expresidente para combatir el tráfico de drogas y se refirió a él, en lo personal, con sorna: "En vez de atender las causas quiso, de manera espectacular, resolver el problema solo con el uso de la fuerza. Esto no se dice que, cuando la guerra va a Michoacán, a Apatzingán, y va vestido de militar, se pone un chaleco que hasta le quedaba grande. Parecía el comandante Borolas".

Lo que portaba el presidente no era, por supuesto, un chaleco, sino una chaqueta militar; y quizá las mangas eran ligeramente largas, pero el mensaje era más importante que una falla de sastrería. Calderón acudió a Apatzingán en enero de 2007 vestido con chaqueta y gorro verde olivo para compartir el rancho con la tropa; quería mostrar su decisión de combatir al crimen organizado en la región y su solidaridad con los soldados que estaban sufriendo privaciones y peligros. López Obrador se refirió entonces despectivamente al presidente como "soldadito de chocolate".

El primer mandatario puede tener una descripción de primera mano de lo que estaba aconteciendo en Michoacán porque el gobernador que, ante una violencia desbordada, hizo la petición de ayuda al gobierno federal era Lázaro Cárdenas Batel, hoy jefe de asesores de la Presidencia. En septiembre de 2006 un grupo de sicarios tiró las cabezas de cinco hombres en un bar de Uruapan, y a pesar de que Cárdenas pidió apoyo al gobierno de Vicente Fox contra las organizaciones criminales este no hizo caso. La decisión de Calderón de respaldar a Cárdenas fue valiente y valiosa.

Yo cuestioné en repetidas ocasiones la "guerra contra las drogas" de Calderón. Advertí que detener a los capos del narco no estaba reduciendo ni el tráfico ni el consumo de drogas, pero sí incrementaba la violencia. El propio presidente enmendó su posición al final, por lo menos en el discurso. El 26 de septiembre de 2012 declaró ante la Asamblea General de la ONU: "Hoy propongo, formalmente, que esta, nuestra Organización de las Naciones Unidas, se comprometa en el tema y que haga una valoración profunda de los alcances y los límites del actual enfoque prohibicionista en materia de drogas".

Pese a las declaraciones, López Obrador no ha dejado atrás el enfoque prohibicionista. Si bien liberó a Ovidio Guzmán en Culiacán el 17 de octubre de 2019, ha seguido aprehendiendo a otros presuntos capos. La guerra no ha parado. Y las descalificaciones, en todo caso, sobran.

 MUERTOS DE CALDER?N

No eran los muertos de Calderón, pero así lo pregonaban los actuales morenistas. En el sexenio de Calderón hubo 120,935 homicidios dolosos, según México Unido contra la Delincuencia. En el de AMLO en 20 meses, hasta julio de 2020, se acumulan 48,953, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública. Pronto habrá más muertos de López Obrador que de Calderón.

Twitter: @SergioSarmiento

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