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AMLO y su peligrosa simpatía por la dictadura cubana

JORGE RAMOS, , actualizada 07:21 🕚
AMLO y su peligrosa simpatía por la dictadura cubana

Dime quiénes son tus héroes y te diré quién eres. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, nunca ha ocultado su simpatía por la dictadura cubana. Lejos de eso, la suele defender. Su visita el fin de semana a La Habana -y las dos recientes visitas que ha realizado a México el dictador de la isla, Miguel Díaz-Canel- son una muestra de la estrecha, extraña y preocupante relación entre un presidente elegido democráticamente y un tirano.

La generación de López Obrador (nacido en 1953) creció bajo el entusiasmo y la enorme influencia de la Revolución cubana en América Latina. Cuando él era un adolescente, Fidel Castro ya se había impuesto como líder único de un régimen cada vez más autoritario y represor. Pero como los rebeldes cubanos, a su vez, habían terminado con una brutal dictadura -la de Fulgencio Batista- la idea de una revolución similar en México era atractiva y tenía sus adeptos. México vivió 71 años de autoritarismo y una dictadura de partido hasta el año 2000.

Pero muchas figuras públicas, que al inicio habían celebrado el derrocamiento del brutal régimen de Batista y la victoria de un movimiento que prometía el cambio, se desencantaron tiempo después, cuando comenzaron a salir a la luz los abusos del gobierno revolucionario. Basta recordar el distanciamiento de Simone de Beauvoir, Octavio Paz, Susan Sontag, Carlos Fuentes, entre muchos más. Pero AMLO parece no haberse desilusionado.

Hoy, junto con Venezuela y Nicaragua, la de Cuba es, sin ambivalencias, una dictadura. En 63 años en el poder solo ha habido tres líderes -Fidel y Raúl Castro, y actualmente Díaz-Canel-, la oposición política está prohibida y "cualquier forma de disenso y crítica pública" es castigada y reprimida por el Estado, según Human Rights Watch (HRW). No existe la prensa libre y las manifestaciones antigubernamentales son penadas con cárcel. Cientos de los artistas y disidentes que protestaron contra el régimen hace unos meses al ritmo de la canción "Patria y vida" siguen detenidos. Y la canción, increíblemente, continúa prohibida en la isla.

Cuba es una dictadura.

Cuba es una dictadura.

Cuba es una dictadura.

Y, sin embargo, López Obrador no cambia su postura. Es algo que el régimen de la isla sabe. En el comunicado oficial cubano sobre la visita del presidente de México, se advierte que AMLO "ha calificado a nuestro país como un referente moral y de resistencia".

El problema es que es una cosa admirar a la Revolución cubana en plena juventud en los años sesenta o setenta y otra, muy distinta, seguirlo haciendo en pleno siglo XXI, cuando están documentadas sus violaciones a los derechos humanos, sus torturas y ejecuciones de opositores, y su absoluta falta de democracia.

En una entrevista que le hice en 2017, López Obrador dijo que "Jesús y Ernesto Ché Guevara: son mi admiración. El Ché es, creo yo, un revolucionario ejemplar". Lo interrumpí y le dije que el Ché también "realizó muchas ejecuciones". A lo que él respondió que "tiene ese cuestionamiento pero fue un hombre que ofreció su vida por sus ideas, por lo que él creía". En esa misma entrevista -antes de que Díaz-Canel fuera nombrado primer secretario del Partido Comunista de Cuba- le pregunté a López Obrador si "¿ya le podemos llamar a Raúl Castro dictador?". Y él me dijo que "no le llamaría así a nadie". Insistí: la de Cuba era una dictadura hacía décadas. Y también le hice notar que Raúl Castro había sido puesto en el poder por dedazo. "Usted se quejó de los dedazos en México. ¿Por qué no quejarse del dedazo en Cuba?".

"Esas fobias, esas fobias", me respondió. Y después agregó que: "Tengo el derecho a no engancharme con esos asuntos. No voy a meterme en eso. Soy respetuoso".

López Obrador ha decidido ser "respetuoso" con una de las dictaduras más longevas y que más han reprimido los derechos individuales en la historia del continente americano. Frecuentemente dice que él defiende la política de "no intervención" en los asuntos internos de otros países. Pero la defensa de los derechos humanos siempre va por encima de la soberanía; si no fuera así no podríamos nunca criticar asesinatos y torturas en otras naciones. Son hechos que deben condensarse y punto.

Es difícil entender que López Obrador quiera democracia para los mexicanos pero no para los cubanos. El presidente ha dicho en varias ocasiones que no buscará la reelección y que dejará el poder cuando le corresponde, en 2024. Es decir, que no seguirá el modelo cubano. Pero es muy preocupante sus justificaciones a un régimen que reprime, encarcela y mata a sus opositores.

Cuba y su comunismo no es, ni puede ser, un ejemplo para México (ni para ningún país). Por el contrario, es precisamente el modelo al que nunca deberemos aspirar. Menos libertades, menos democracia, más represión y más control gubernamental no es el camino para México. Cuba no puede ser una referencia para México. Se me ocurren tantos otros países, pero no la isla con un régimen represivo.

Tras más de tres décadas viviendo en Miami me ha tocado conocer a miles de víctimas de la dictadura cubana. Han perdido país, casa, familia, amigos y hasta la vida. Y aquí he aprendido que ante las tiranías no puedes ser neutral. Hay que tomar partido.

Desafortunadamente, el presidente López Obrador se ha puesto del lado de la dictadura y del lado equivocado de la historia. (El lado correcto es el de la libertad, la democracia, la justicia y los derechos humanos). Visitar Cuba y defender al régimen de La Habana cuando hay cientos de presos políticos en sus cárceles y no hay posibilidades de elecciones pluripartidistas es una traición a la defensa de los derechos humanos y la democracia.

Uno escoge a sus héroes. Pero la tragedia está en que esos héroes de juventud te lleven a ponerte del mismo lado de matones, represores y torturadores.

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