Como potencia mundial en ascenso, China dio la bienvenida a numerosos dignatarios extranjeros en una ceremonia de apertura presenciada por 91.000 espectadores en el llamativo Estadio Nacional y con una audiencia global de 4.000 millones de personas. Se le describió como la gala más inmensa y costosa en la historia olímpica, usándose unos 30.000 fuegos artificiales.

Como potencia mundial en ascenso, China dio la bienvenida a numerosos dignatarios extranjeros en una ceremonia de apertura presenciada por 91.000 espectadores en el llamativo Estadio Nacional y con una audiencia global de 4.000 millones de personas. Se le describió como la gala más inmensa y costosa en la historia olímpica, usándose unos 30.000 fuegos artificiales.

Como potencia mundial en ascenso, China dio la bienvenida a numerosos dignatarios extranjeros en una ceremonia de apertura presenciada por 91.000 espectadores en el llamativo Estadio Nacional y con una audiencia global de 4.000 millones de personas. Se le describió como la gala más inmensa y costosa en la historia olímpica, usándose unos 30.000 fuegos artificiales.Bejing, China.- China, un país que una vez se apartó del resto del mundo, abrió sus puertas de par en par el viernes al celebrar su primera ocasión como anfitrión de unos Juegos Olímpicos, con un espectacular despliegue de pompa y pirotecnia en unas justas sin parangón por su mezcla de problemas y potencial. EFE. 08 de Agosto de 2008.

publicada el 08 de agosto de 2008

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Noche mágica en una inauguración que duró más de cuatro horas

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Como potencia mundial en ascenso, China dio la bienvenida a numerosos dignatarios extranjeros en una ceremonia de apertura presenciada por 91.000 espectadores en el llamativo Estadio Nacional y con una audiencia global de 4.000 millones de personas. Se le describió como la gala más inmensa y costosa en la historia olímpica, usándose unos 30.000 fuegos artificiales. Como potencia mundial en ascenso, China dio la bienvenida a numerosos dignatarios extranjeros en una ceremonia de apertura presenciada por 91.000 espectadores en el llamativo Estadio Nacional y con una audiencia global de 4.000 millones de personas. Se le describió como la gala más inmensa y costosa en la historia olímpica, usándose unos 30.000 fuegos artificiales.