Embargados de alegría, Yolanda y Alberto Natera salieron al atrio de la iglesia, donde ya los esperaban sus seres queridos y amigos más cercanos.
Embargados de alegría, Yolanda y Alberto Natera salieron al atrio de la iglesia, donde ya los esperaban sus seres queridos y amigos más cercanos.
publicada el 10 de mayo de 2004