Alfonso Reyes en sus cartas
?SCAR JIM?NEZ LUNA
El siglo de durango
La reciente publicación de la biografía de don Alfonso Reyes (1889-1959), "Sólo puede sernos ajeno lo que ignoramos" (El Colegio Nacional, 2022), debida al historiador Javier Garciadiego, nos lleva entre otras tantas sugerencias a la enorme importancia que tuvo la práctica epistolar para el célebre polígrafo hispanoamericano, un ejercicio continuo que podemos apreciar actualmente en un sobresaliente número de libros acerca de esta larga correspondencia. Vale la pena atender siquiera, por cuestión de espacio, algunos de estos testimonios.
Se dice que debe haber alrededor de cincuenta recopilaciones de las cartas de don Alfonso, hasta donde va el corte, ya que también se menciona que todavía hay mucho que rescatar de sus archivos (circulan asimismo varios volúmenes con sus "Diarios"). Evidentemente, en esta importante base documental se dibujacon mayor precisión la personalidad de este gran hombre de letras.Oportunidad para la confidencia, la inquietud estética y bibliográfica o sencillamente motivos para celebrar la amistad, siempre encontramos algo por demás interesante en los temas tratados. Así entonces selecciono al menos tres de estas obras.
Las "Cartas mexicanas" (1905-1959), COLMEX, 2009, fueron reunidas por Adolfo Castañón, otra autoridad imprescindible en el estudio de tandestacado humanista. "Las cartas -subraya el compilador- ocupan en la obra de Alfonso Reyes un lugar esencial, son el intermedio entre la conversación y la obra, el puente entre la palabra viva y el texto impreso". Y de esta manera se trazan vínculos con Rubén Darío, José Vasconcelos, Miguel de Unamuno, Amado Nervo, entre muchos otros. Por tratarse de un duranguense, me interesa referirme brevemente al intercambio entre don Alfonso y Xavier Icaza, el autor de una novela significativa: "Panchito Chapopote". Las cartas incluidas refrendan una amistad de años, y muestran cordialidad familiar y, evidentemente, amplio trato literario. Icaza habla de su nueva casa en la colonia del Valle, de algunos amigos, y de publicaciones como el "Monterrey" el Correo literario de don Alfonso; por su parte, el regiomontano, en otra misiva, comenta que ha leído el "Retablo Guadalupano"del duranguense, escritor por cierto radicado en Xalapa, Veracruz, buena parte de su vida.
Escogí también el volumen de la correspondencia de don Alfonso con los hermanos Lida, Raimundo y María Rosa, por la admiración que me merecen los reconocidos filólogos argentinos, luego profesores en los Estados Unidos. La edición es de Serge I. Zaïtzeff (COLMEX, 2009). Aquí se observa la relación entre el generoso maestro que siempre fue el escritor mexicano y el brillante par de investigadores literarios. Seguir estas cartas es asistir a una grata e ilustrativa conversación sobre autores y libros. Obras emblemáticas, nombres del canon, versiones y diversiones, para decirlo con el título que conocemos. Alta erudición amable. En la carta fechada del 6 de mayo de 1956, a manera de muestra, María Rosa Lida de Malkiel -tan admirada por el filólogo Francisco Rico, otro grande- le escribe a nuestroensayista y poeta: "Le agradezco, querido don Alfonso, la confianza con que Vd. me honra. Bien sabe Vd. que sigo maravillada el camino de perfección de su magistral guirnalda de sonetos homéricos. Con afectuosa admiración, María Rosa".
La tercera referencia epistolar es todavía más atrayente, sobre todo para aquellos amantes de la milenaria cultura griega. Son los comunicados entre don Alfonso y Werner Jaeger, el célebre filólogo alemán, especialista en la Antigüedad clásica y muy reconocido en los círculos académicos de México por su "Paideia: los ideales de la cultura griega", publicado por primera vez en español en nuestro país. Presenciamos, pues, una magnífica conversación, con la fluidez y la sapiencia de dos extraordinarios conocedores del tema, si bien el mexicano se consideraba solamente un aficionado; sin embargo las valoraciones que hace Werner Jaeger sobre las aportaciones de don Alfonso, nos dan -me parece- una justa medida de las mismas, si no integradas desde el punto estrictamente académico, sí a partir de la visión apasionada e informada de un memorable humanista.
La recopilación "Un amigo en tierras lejanas" (COLMEX, 2009) se la debemos a Sergio Ugalde Quintana, quien además de conjuntar las misivas, nos hizo dos regalos excepcionales, incluidos como apéndices en la obra:la reseña sobre la primera parte de la "Paideia" que escribió don Alfonso con un título proverbial, "De cómo Grecia construyó al hombre", y el texto que Werner Jaeger dedicó al autor de "Visión de Anáhuac", tras su fallecimiento. Un abrazo que a la vez es una cumbre intelectual.
La producción de don Alfonso Reyes (los veintitantos volúmenes de sus Obras completas), los numerosos estudios que se le han dedicado y sus escritos epistolares (con casi tres mil referencias, según el tercer compilador mencionado) constituyen un auténtico tesoro de la lengua española, plena de lecciones -como ya hemos atestiguado en esta síntesis- y de valiosos recompensas en el porvenir. Leer, releer a don Alfonso Reyes es multiplicar la herencia literaria de este regiomontano universal.