L Ejos de reducirse las prácticas de corrupción en México, especialmente en el sector político, van en constante crecimiento por más que digan los políticos que este mal que carcome al país desde hace muchos años, ha sido controlado.
Más que la inseguridad, la falta de empleos, la baja calidad de los servicios de salud y la impunidad, sin duda es la corrupción con sus vastos tentáculos lo que más afecta la vida política y social de los mexicanos. En un México ideal sin corrupción tendríamos seguridad, justicia, servicios de vanguardia en todos los órdenes, democracia, calidad en la educación e incluso tarde o temprano se acabaría la marginación en las regiones más pobres.
La corrupción es indudablemente un mal del ser humano, existe en todas partes del mundo, pero pareciera que en México se ha enquistado durante muchos años y ha crecido de manera alarmante en los últimos gobiernos. Se entiende por corrupción oficial el abuso de un cargo, función o poder conferido para obtener un beneficio privado o ilícito. Sus formas más comunes son el soborno, la malversación de fondos, el tráfico de influencias, el fraude, la extorsión y quizás lo más común el uso de fondos públicos para actividades privadas.
Existe desde luego la corrupción privada que ocurre cuando individuos o entidades dentro del sector privado defraudan, engañan o abusan de su posición para obtener beneficios económicos indebidos.
Con mucha frecuencia el sector público y el privado se alían de manera ilegal para actos de corrupción como realizar contratos inflados y para favorecer a empresas contratistas, mediante comisión o "moche". No andaba muy errado el ex presidente Enrique Peña Nieto cuando declaró que la corrupción era un "asunto cultural" o una "debilidad de orden cultural" muy arraigada en la sociedad mexicana.
Y prueba de ello son las múltiples expresiones populares que circulan como la de "a mi póngame donde haya recursos y yo me encargo de lo demás". O aquella de que "amistad que no se refleja en la nómina no es amistad". Al conocido funcionario Carlos Hank González, ya fallecido, se le adjudica la frase de que "un político pobre es un pobre político". Otro viejo adagio señala que en México surge "una nueva comalada de millonarios al final de cada sexenio".
Lo que es una realidad es que detrás de la mayoría de los grandes capitales mexicanos existen historias relacionadas con negocios realizados al amparo del poder y con complacencia de los gobernantes en turno. Podríamos hablar de infinidad de casos de corrupción oficial registrados en los últimos 50 años y desgraciadamente son escasos los que han sido perseguidos y castigados con la severidad necesaria.
En el 2018 surgió una vez más la esperanza de que este cáncer maligno y corrosivo sería extirpado del sistema político mexicano, así lo prometió una y otra vez el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. Lamentablemente no ocurrió, quizás el gobernante no llenó sus bolsillos de riquezas como era la costumbre, pero dejó manos libres para que sus colaboradores más allegados hicieran y deshicieran a su antojo, incluyendo algunos de sus familiares.
Además dejó escapar a peces gordos que dejaron constancia de actos de corrupción como fueron Ignacio Ovalle Fernández y Manuel Bartlett Díaz, entre otros funcionarios. En materia de seguridad el gobierno de AMLO no persiguió con fuerza y decisión a los capos del crimen organizado, desde el 2018 hay una larga lista de casos de corrupción oficial y día con día se agregan más.
Ahí están los señalamientos contra el grupo Tabasco donde destaca Andrés Manuel López Beltrán, las denuncias del huachicol fiscal, la corrupción en las aduanas, en las obras magnas del régimen de AMLO, los innumerables casos de contubernio con el crimen organizado de alcaldes, gobernadores y funcionarios.
A lo anterior se suman los alardes de morenistas en la compra de relojes costosos, ropa exclusiva y viajes millonarios, el uso indiscriminado de aviones oficiales y recientemente surgieron las denuncias periodísticas contra la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, por relaciones oscuras con contratistas amén de formar parte de la privilegiada dinastía Taddei de Sonora.
Si la presidenta Sheinbaum no actúa con la energía necesaria, todo indica que será la corrupción la que expulse a Morena de Palacio Nacional en el 2030. Habrá que esperar si en las elecciones del 2027 el pueblo envía una primera señal clara y contundente.
Últimas noticias...
El próximo domingo se realiza la segunda ronda para elegir al presidente de Brasil entre los candidatos Flávio Bolsonaro de 45 años y Lula de Silva de 80 años y quien desempeña su tercer periodo como presidente. Será un encontronazo a muerte entre la derecha y la izquierda brasileñas que tendrá enormes efectos políticos en América Latina, especialmente si Lula es derrotado.
Comentarios a jhealy1957@gmail.com