El fallecimiento del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas hizo posible que muchas personalidades de la política mexicana estuvieran presentes en su funeral y que difícilmente se hubieran reunido en cualquier otro contexto.
La trayectoria del Ing. Cárdenas en la vida pública del país le valió, desde hace décadas y ahora que ya no está entre nosotros, que incluso sus adversarios políticos le reconocieran el papel que tuvo en la transición democrática del país. El Ing. Cárdenas impulsó la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que agrupó a la izquierda en el país, además de ser parte importante de las negociaciones que hicieron posible la construcción de un organismo para organizar elecciones que fuera independiente del gobierno, lo que, eventualmente, permitió una transición política ordenada en el año 2000.
Aún considerando que el Ing. Cárdenas no llegó a ser Presidente de la República debido a las coyunturas políticas que le tocaron vivir en cada una de las tres veces que fue candidato a ese cargo, será recordado, junto a Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otras mujeres y hombres de esa generación, como los precursores de la transición política mexicana en un contexto muy adverso para la oposición ya que, en ese entonces, el régimen político de partido dominante tenía más de medio siglo de establecido en México y los esfuerzos de Cárdenas y otros por cambiarlo desde adentro no tuvieron éxito.
El punto que quiero hacer en esta entrega es que, paradójicamente, aunque el Ing. Cárdenas no llegó a ser Presidente de la República, seguramente será recordado por la historia de manera muy diferente a la manera en que será recordado el líder de la izquierda que sí llegó a ese cargo, el ex Presidente López Obrador, que sigue entre nosotros, pero que concluyó su cargo como Presidente de la República y por lo tanto es posible evaluar el impacto de su gobierno en la vida pública del país.
No es posible saber que hubiera hecho Cárdenas en caso de llegar a la Presidencia de la República, pero si es posible evaluar lo que hizo en su papel como opositor, gobernante y como líder de la izquierda en nuestro país. Muchos de quienes eran mayores de edad en 1988 seguramente recordarán un pasaje de la historia de la transición democrática del país: la decisión de Cuauhtémoc Cárdenas de no ceder ante quienes querían tomar acciones violentas como respuesta a las acusaciones de fraude electoral por parte del régimen. Una de estas acciones, por ejemplo, era tomar Palacio Nacional aprovechando la multitud congregada en el Zócalo de la Ciudad de México.
No ceder ante quienes impulsaban acciones violentas no sólo significo evitar una acción cuyas consecuencias eran impredecibles, pero que, de haberla tomado, difícilmente hubiera ayudado para que se dieran las negociaciones que culminaron con la creación del Instituto Federal Electoral y con esto la construcción de instituciones independientes del gobierno que dieran salidas institucionales y pacíficas a la lucha por el poder público.
El ex Presidente López Obrador seguramente será recordado, por un lado, como un líder social y figura indiscutible de la oposición mexicana por durante las primeras dos décadas del siglo XXI, además de convertirse en el primer presidente de izquierda en el país.
Sin embargo, como Presidente, López Obrador también será recordado como un personaje que polarizó a la sociedad mexicana, que centralizó el poder destruyendo las instituciones que se levantaron precisamente a partir de la lucha de figuras como Cárdenas para garantizar una transición ordenada del poder, y de las que se sirvió para llegar a la Presidencia de la República por la vía electoral.
En su última campaña presidencial López Obrador expresó su deseo de pasar a la historia como el mejor Presidente de la historia de México. Independientemente de entregar, en muchos rubros, los peores resultados de cualquier Presidente en los últimos cuarenta años, su búsqueda por concentrar el poder representó una regresión de décadas para la vida democrática del país, por lo que muchos críticos lo ubican, en términos del impacto negativo para el México que le tocó gobernar, mucho más cerca de Victoriano Huerta o de Antonio López de Santa Anna que de Benito Juárez.
X: @jesusmenav
Me gustan las adivinanzas.
De niño aprendí muchas.
"Tito, tito, capotito, sube al cielo y tiras un grito". El cohete.
"Una vieja larga y seca que le escurre la manteca". La vela.
"Fui al mercado, compré negrito, llegué a mi casa y se puso coloradito". El carbón.
Al paso del tiempo supe de otras menos populares:
"Arca monarca de buen parecer, que un carpintero no la puede hacer: sólo el Dios del cielo con su gran poder". La nuez.
"Para bailar me pongo la capa. Para bailar me quito la capa. Porque sin la capa no puedo bailar. Porque con la capa no puedo bailar". El trompo.
Algo quisiera adivina, aunque no es una adivinanza.
¿Hacia dónde va México?
¡Hasta mañana!..