CARI?OTERAPIA POR: VANESSA BARD?N PUENTE
Hablar de maldad incomoda. Hablar de poder seduce... Pero cuando ambos conceptos se entrelazan, surge uno de los fenómenos más complejos y peligrosos de la experiencia humana.
La maldad no siempre es estridente. No siempre tiene rostro de villano. A veces se viste de liderazgo, de autoridad moral, de discurso impecable. A veces sonríe...
El caso Epstein no solo revela crímenes individuales; revela algo más inquietante: cómo el poder económico y político puede convertirse en un blindaje moral. Aquí no hablamos únicamente de abuso. Hablamos de red, de silencio, de protección mutua. Hablamos de estructuras donde el dinero, el estatus y las conexiones funcionan como anestesia ética. Cuando una persona acumula poder sin contrapesos reales, ocurre algo peligroso: la realidad deja de confrontarla. El límite externo desaparece. Y si no hay límite interno, emerge la omnipotencia.
¿La maldad nace o se construye? Desde la psicología sabemos que el ser humano no nace siendo cruel. Nace vulnerable. Sin embargo, la vulnerabilidad mal contenida puede transformarse en resentimiento; el resentimiento no elaborado puede volverse deseo de control; y el control, cuando se absolutiza, puede convertirse en abuso.
La maldad no siempre es sadismo. Muchas veces es desconexión. Desconexión de la empatía. Desconexión del dolor propio. Desconexión del otro como semejante. Cuando una persona no puede sentir su propio dolor, puede comenzar a usar el poder para anestesiarlo. Cuando todo está disponible: viajes privados, propiedades exclusivas, el otro puede convertirse fácilmente en recurso. El poder económico extremo puede fomentar fantasías de adquisición total, no solo bienes, sino cuerpos...
El poder en sí mismo no es malo, es un amplificador, es energía. Es capacidad de influencia, es posibilidad de transformar. Pero el poder tiene una cualidad peligrosa, amplifica lo que ya existe en el interior. La maldad y el poder no son sinónimos, pero pueden convertirse en aliados peligrosos cuando el alma se desconecta. El poder no crea demonios. Los revela...
Si hay conciencia, el poder expande justicia. Si hay vacío, el poder expande abuso. Si hay miedo, el poder expande control. Por eso el poder no corrompe de la nada; revela, el poder desinhibe lo que estaba latente. El verdadero peligro no es el poder, es el poder inconsciente.
El poder necesita límites. Externos e internos. Externos: leyes, instituciones, contrapesos Internos: ética, empatía, capacidad de introspección.
Muchos actos terribles han sido cometidos no por monstruos extraordinarios, sino por personas comunes que dejaron de pensar críticamente. La maldad más peligrosa no es la impulsiva, sino la normalizada. Cuando el poder crea burbujas donde nadie cuestiona, donde nadie confronta, donde todo se justifica "por el bien mayor", la ética se diluye...
El caso Epstein, no impacta solo por lo que hizo un individuo, sino por quiénes orbitaban alrededor, lo más inquietante no es solo el perpetrador, es la red que permitió, facilitó o ignoró. No necesariamente todos participan activamente en el crimen. Pero la tolerancia, el mirar hacia otro lado, el minimizar... también son formas de desconexión moral. ¿Por qué tantos sabían y tan pocos hablaron? Quizá porque aquí la validación era mutua, la crítica es mínima y la complicidad silenciosa, cuando todos los que te rodean también tienen algo que perder, el silencio se vuelve pacto...
El poder sin supervisión puede activar fantasías de impunidad total: "No me van a tocar." "Las reglas no aplican para mí." "El dinero resuelve." Cuando la población percibe que las élites pueden operar con impunidad, se activa un sentimiento colectivo de desprotección y surge la pregunta: ¿Quién nos cuida si quienes tienen más poder son quienes pueden abusar?...
Porque el problema no es solo un hombre... Es lo que ocurre cuando riqueza, acceso, narcisismo y falta de límites se encuentran. Entonces, ¿Cómo prevenimos la deshumanización cuando alguien acumula poder extremo? ¿Qué cultura estamos creando alrededor del éxito y la influencia? ¿Cómo educamos para el poder sin perder humanidad?...
El caso debería invitarnos a una reflexión más profunda: el poder sin ética ni supervisión crea el escenario perfecto para que lo peor se despliegue. El silencio es el terreno fértil del abuso sistémico. El caso Epstein es una prueba brutal del poder sin estructura moral interna.
El hecho de que la gente necesite ver los archivos de un hombre muerto para creer en el testimonio de mil mujeres vivas, dice todo lo que necesitamos saber sobre la sociedad actual...