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Flores, veladoras, fotografías y alimentos vuelven a reunir a las familias mexicanas alrededor del recuerdo. Este 1 y 2 de noviembre, las ofrendas también abren una puerta para conocer una historia que guarda más sorpresas de las que parece.
Aunque suele explicarse como una celebración heredada directamente de los mexicas, el Día de Muertos que conocemos se ha transformado durante siglos, con aportaciones indígenas, católicas y de distintas épocas de México.
Día de Muertos 2026: por qué se recuerda a niños y adultos en fechas distintasSus fechas, algunos alimentos e incluso uno de sus espectáculos más conocidos tienen antecedentes que ayudan a entender cómo se construyó esta tradición.
1. El 1 y 2 de noviembre vienen del calendario católico
Los pueblos mesoamericanos realizaban ceremonias relacionadas con la muerte antes de la llegada de los españoles, pero las fechas actuales corresponden a las celebraciones católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos.
Tampoco fueron establecidas juntas por un abad francés, como señalan algunas publicaciones. El 1 de noviembre tiene una historia anterior, vinculada con los papas Gregorio III y Gregorio IV.
En cambio, en el año 998, Odilón de Cluny dispuso que sus monasterios conmemoraran a los difuntos el 2 de noviembre, una práctica que después se extendió.

2. El pan de muerto también tiene antecedentes europeos
La presencia de panes y dulces asociados con estas fechas tiene antecedentes en Europa, donde se elaboraban piezas que evocaban huesos y reliquias de santos.
En México, esa tradición adquirió formas propias. Además del conocido pan redondo con sus “huesitos”, existen panes con figuras humanas, animales y otras representaciones que cambian según la región.
Por ello, explicar su historia únicamente como una herencia de los sacrificios prehispánicos deja fuera una parte importante de su desarrollo.
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3. Los dulces de calavera tienen una historia colonial
Las calaveritas de azúcar tampoco pueden presentarse como un alimento que los mexicas preparaban tal como hoy lo conocemos.
Su historia se relaciona con la dulcería desarrollada durante el periodo virreinal, incluidos los alfeñiques. Las representaciones comestibles de huesos y figuras religiosas tenían antecedentes europeos.
Los artesanos mexicanos transformaron esos recursos en piezas con identidad propia, que hoy llevan nombres, colores y decoraciones.
4. La explicación de una fiesta completamente “azteca” tiene debate
La historiadora Elsa Malvido, investigadora del INAH, cuestionó que las celebraciones actuales fueran una continuación directa de las mexicas.
En sus estudios destacó sus antecedentes católicos y sostuvo que el nacionalismo posrevolucionario reforzó una interpretación prehispánica de la festividad, especialmente durante el cardenismo.
Sin embargo, esa postura no equivale a demostrar que toda la celebración fue inventada en el siglo XX. Otras investigaciones reconocen una construcción de siglos, con aportaciones indígenas, europeas, rurales y urbanas.
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5. El desfile de la Ciudad de México sí tiene conexión con James Bond
Una de las incorporaciones más recientes es el desfile multitudinario de Día de Muertos de la capital del país.
Su primera edición se realizó en 2016, inspirada en la secuencia inicial de Spectre, película de James Bond estrenada en 2015.
Esto se refiere a ese espectáculo en particular: las comparsas y otras celebraciones comunitarias tienen historias propias y anteriores.
Conocer estas transformaciones permite apreciar una tradición viva. Las familias y comunidades han incorporado alimentos, creencias y nuevas expresiones para mantener presente a quienes murieron, con formas de recordar que siguen cambiando.