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De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA 30 ago 2026 - 04:03

 E Sta semana tuvimos una multitud de asuntos en la agenda electoral, y aunque a primera vista podrían parecer desconectados, tienen el común denominador de preparar el terreno ante el inminente inicio del proceso electoral. Por un lado, tenemos la iniciativa presidencial sobre doble nacionalidad, a lo que se suma la orden de cambiar el nombre de "Somos México" y las modificaciones en los lineamientos del INE para el monitoreo de la cobertura informativa. En el primer tema, la presidenta Sheinbaum presentó una iniciativa para exigir que quienes aspiren a la Presidencia de la República o una gubernatura renuncien a cualquier otra nacionalidad antes de registrarse; la propuesta también impediría que, durante el ejercicio del cargo, utilizaran pasaportes extranjeros, ejercieran derechos políticos frente a otro Estado o invocaran su protección diplomática.

La motivación es muy valiosa e indiscutible: quien gobierna México debe tener una lealtad exclusiva hacia México; existe una creciente preocupación por la injerencia extranjera en elecciones, sobre todo en el contexto internacional donde hay presiones económicas, migratorias y de seguridad. Sin embargo, en la práctica podemos tener gobernantes con una sola nacionalidad profundamente subordinados a intereses extranjeros y, en sentido contrario, ciudadanos binacionales con un compromiso indiscutible con el país.

Es importante dejar claro que la reforma no toca el derecho al voto ni la militancia partidista de millones de mexicanos con doble nacionalidad, es decir, solo limita el acceso a los cargos ejecutivos. De igual manera, también hay que destacar que renunciar a una nacionalidad extranjera también depende de las reglas migratorias de cada país de origen, algunas notoriamente lentas o costosas, lo que podría convertir un requisito constitucional en una barrera desigual. Por otro lado, el Tribunal Electoral confirmó la resolución del INE que ordenó modificar la denominación, el emblema y los colores del nuevo partido "Somos México"; el argumento original sostuvo que podía generar una apropiación simbólica de la identidad nacional y que su imagen guardaba similitudes con partidos locales denominados "Fuerza por México". Por lo pronto, ya hay una contrapropuesta para que ahora esta fuerza política sea llamada "Somos". Indudablemente, la autoridad tiene la obligación de evitar nombres y símbolos que produzcan confusión; sin embargo, es muy discutible la subjetividad de los criterios, al punto que otros han utilizado estas estrategias de apropiación y la ciudadanía ha tenido la madurez para distinguir entre un país y un partido político. Por último, el otro tema que llamó mucho la atención fue el de los lineamientos de monitoreo de espacios noticiosos, sobre todo por las implicaciones que tenía para la crítica y libertad de expresión. Originalmente, el monitoreo del INE nació como un instrumento de observación, ya que medía objetivamente tiempos, presencia y tratamiento de la información.

Sin embargo, en la nueva versión se le agregó la identificación de "elementos indirectos de descalificación" como ironía, sarcasmo, minimización; aunque seguía siendo monitoreo y no había sanciones, ahora se entraba en el terreno de interpretar intenciones, dobles sentidos y recursos propios de la crítica política. Por lo que es una muy buena noticia que el Tribunal Electoral eliminara esta parte, ya que podía inhibir el ejercicio periodístico y restringir el derecho ciudadano a recibir información plural.

X: @omarortegasoria

"Mi mejor regalo para ti esta noche es mi virginidad, con mi pureza y castidad". Eso le dijo el joven Goreto a su desposada al principio de la ocasión nupcial. "Qué lindo -agradeció la damisela-. A falta de esas cualidades yo te regalaré una corbata". Acotación al margen. Casi ha dejado de verse en la vida cotidiana esa prenda varonil, la corbata. Quizá correrá la misma suerte del sombrero, cuyo uso hasta mediados del pasado siglo era obligado para los señores. Conservamos aún en la antigua morada de los Fuentes el sombrerero, mueble en el cual el patriarca don Mariano y sus hijos mayores colgaban sus sombreros al llegar a casa. Con moderada pena -el tiempo hace que todas las penas se moderen- advierto que la corbata está en vías de extinción. Posiblemente dentro de algunos años caerá en el olvido, como la bigotera, el cuello de pajarita y las polainas. ¿Por qué me causa cierta pesadumbre la eventual desaparición de la corbata? Porque es la única prenda exterior de colores vivos que a los varones se nos permite usar. Las damas lucen en sus vestidos todos los tonos del iris y del espectro de Newton, y aun algunos inéditos, en tanto que los trajes masculinos sólo pueden ser negros, grises, cafés o azul marino. Nada más los artistas de la farándula y los golfistas visten sacos y pantalones de colores vivos. Los demás somos más serios que un puerco meando. Pero advierto que estoy disvariando, como dicen en el rancho del Potrero. Vuelvo a lo mío, aunque no sea mío. El joven Verdino era fanático de la ópera, ese género al mismo tiempo extravagante y bello en el cual la gente canta con un puñal clavado en el corazón o un tósigo mortal en el estómago. Verdino deseaba contraer matrimonio (también eso es algo extravagante y bello), y tenía dos candidatas para escoger entre ellas a su futura esposa. Una era Ondina, mujer hermosa de rostro y exuberante de cuerpo cuyos atributos físicos, tanto de latitud como de longitud, ponían tremores inconfesables en los hombres que la contemplaban. La otra posible desposada era Ana Crusa, soprano coloratura de voz privilegiada, pero de escasa dotación corpórea. Muchas cantantes de ópera en épocas pasadas eran pechugonas -cuando daban un do de pecho les salían dos- y poseían un amplio repertorio posterior. Ana Crusa, por el contario, era tábula rasa tanto en la región norte como en la comarca sur. Obró más en el joven Verdino su devoción por la ópera que el imán poderoso de la carne, y casó con la soprano. Allá él. De gustibus et coloribus non disputandum, reza el proverbio latino. De gustos y colores no se debe discutir. A mí me gusta mucho la ópera, lo confieso, pero, la verdad sea dicha, de haberme visto en el caso de Verdino habría preferido a Ondina. El arte lírico se disfruta con oído y vista. Lo otro, en cambio, se goza con los cinco sentidos: vista, oído, gusto, olfato y tacto -sobre todo tacto-, y aun con otros sentidos más recónditos, dependiendo de la imaginación. Pero de nuevo estoy disvariando. El caso es que en la noche de las bodas Ana Crusa, la eminente soprano, se presentó por primera vez al natural ante su flamante esposo. No falto a las buenas maneras, y menos aún a la verdad, si digo que la diva estaba lisa por los cuatro costados. Parecía víctima de aposicia, también llamada anorexia. Las costillas se le podían contar, aunque ahora no tengo tiempo para hacerlo; sus piernas parecían hilos, y tanto por delante como por atrás estaba sin cosa alguna, como dice la oración que el pueblo llama la Magnífica. Desde el lecho la miró Verdino y le pidió con suplicante acento: "¡Por favor, canta!". FIN.

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