Como se sabe, el día del informe de gobierno es el día del presidente, o presidenta en este caso. Es la jornada en la que se permiten hacer culto a su personalidad. Es día para informar logros, imponer una narrativa triunfalista y omitir temas complicados. Pero más allá de cifras positivas o de omisiones escandalosas, lo que deja el segundo año de gobierno es la figura de una mandataria que se resiste a quedar presa de las pugnas internas de su partido, de cara a las elecciones del 2027.
Según mandata el artículo 69 constitucional y el artículo 6 de la Ley de Planeación, el ejecutivo debe de rendir cuentas ante el Congreso. Ese ritual que se llevaba anualmente de manera apacible y en un entorno controlado para el mandatario, se resquebrajó por vez primera en 1988, último año del sexenio de De la Madrid en donde lo interpelaron diputados, entre ellos Porfirio Muñoz Ledo.
El 15 de agosto de 2008 se publicó una reforma al artículo 69, en el Diario Oficial de la Federación, que eliminó la obligación de que el titular del Ejecutivo asista a presentar su Informe. Así se instituye el recurso de la entrega por escrito, que será en un salón al que llega el secretario de Gobernación, a quien se le extiende el acuse de recibo.
Para este año, la presidenta Sheinbaum dio lectura a un mensaje, con motivo de su segundo informe de gobierno, con una hora y diez minutos de duración. Subrayó logros: baja de homicidios, aumento del salario mínimo, creación de empleos formales (con estos dos últimos rubros se permitió lanzar un ditirambo: "se vive una primavera laboral"), record de inversión extranjera directa (aunque en mayor medida en reinversión de utilidades). Pero también su discurso resaltó las no menciones a temas como los desaparecidos, las madres buscadoras, los periodistas asesinados, el no crecimiento económico, los escándalos de corrupción, los servicios deteriorados.
Se pudo contrastar el esfuerzo que hace la mandataria para marcar un rumbo, con las acciones que hacen algunos prominentes morenistas para contradecirla. Mientras la presidenta leía "Se gobierna con honestidad", "hemos cuidado cada peso", la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez se muestra con anillos de 900 mil pesos, la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, ha realizado al menos 43 viajes al extranjero en vuelos privados o el Director de Birmex, Carlos Ulloa, compró dos departamentos con valor de 22 millones de pesos en efectivo. Ni qué decir de la botella de vino de mesa italiano de 24 mil pesos que se chupó Andy López Beltrán.
Otros morenistas han desafiado a la mandataria, pretendiendo brincarse las trancas, como lo hizo Rocha Moya, con su burdo intento de regresar a la gubernatura de Sinaloa, el senador Insunza que volvió al senado por sus pistolas, Fernández Noroña que pataleó por la elección de Higinio Martínez como presidente de la Mesa Directiva del Senado. De igual forma, los gobernadores guindas de las entidades donde habrá elecciones en 2027 que quieren sí o sí dejar a sus sucesores también desoyen a la mandataria.
Finalmente, hay que mencionar que el afán de seguir protegiendo a personajes impresentables del régimen, así como las obras faraónicas de AMLO, comienzan a alentar el mal humor social de la gente. A pesar de los altos índices de popularidad, empiezan a brotar grupos de personas que se animan a abuchear o faltarle el respeto a la presidenta.
Rumbo al tercer año de su gobierno, Claudia tendrá que saber leer el espíritu de los tiempos que corren y hacer cambios en donde haya que hacerlos y, sobre todo, imponerse a sus detractores, sobre todo internos, que tratan de desestabilizar su liderazgo.
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