La reforma electoral que envió la Presidenta al Congreso estaba muerta desde que no logró los consensos necesarios con sus aliados políticos, los partidos "satélite" que durante décadas han acompañado a la opción política que les ofrece mayores ganancias en cada coyuntura electoral, que se refleja en posiciones legislativas y en recursos económicos.
Aprobar una reforma que les redujera substancialmente esos dos rubros era un suicidio político, que en la práctica los condenaba a desaparecer, por lo que, como lo habían anunciado, votaron en contra de las reformas constitucionales. Sin embargo, ya han anunciado que acompañaran la propuesta del régimen respecto a la reforma de leyes secundarias, que, dicho sea de paso, de acuerdo a expertos en temas electorales, pueden tener visos de inconstitucionalidad.
Más allá de lo anecdótico que representa enviar una iniciativa legislativa que no fue consensada ni siquiera con aliados, toda esta trama nos da la oportunidad comprobar la consistencia de la ideología, entendida como convicciones y valores, que en realidad, defienden y promueven quienes nos gobiernan bajo una narrativa de izquierda "progresista", pero que en realidad busca limitar el ejercicio de derechos y avanzar en el control político de la población.
Esta ideología es más cercana a la forma en que se ejerce el poder en China o en Cuba, pero entendiendo que, al igual que el régimen chino, no es posible generar desarrollo económico sin abrir la economía, por lo que el actual régimen busca continuar con la cercanía económica con los Estados Unidos, al mismo tiempo que endurece el acceso al ejercicio de derechos y libertades en el país. La reforma judicial ya aprobada y la iniciativa de reforma electoral que no se aprobó en los términos en que la envió la Presidenta dan muestra de estas intenciones.
Claramente en campaña es imposible hacer planteamientos técnicos o con un nivel de detalle que escapa a la lógica de una campaña política, que solamente ofrece las principales propuestas de los candidatos o candidatas basadas en ciertos valores o convicciones. En el caso de la reforma judicial, durante las campañas el pretexto para llevar una reforma constitucional de fondo fue la supuesta corrupción al interior de ese poder, tanto en el manejo de recursos como en las decisiones jurisdiccionales.
Muy seguramente pudo haber excesos por parte de algunos funcionarios respecto a la forma de ejercer recursos del poder judicial, o incluso dudas fundadas respecto a las sentencias que algunos juzgadores emitían, pero ¿eso es pretexto suficiente para acabar con el servicio de carrera en el poder judicial, que al menos daba mayor certeza respecto a la preparación de las y los jueces?
Lo que tenemos ahora son jueces electos por "el pueblo" mediante acordeones, que en muchos casos no tienen experiencia como juzgadores y que deben el puesto a quienes pueden pagar la movilización social necesaria para ser electo o electa: líderes políticos o sindicales, funcionarios gubernamentales y probablemente a quienes manejan dinero producto de actividades del crimen organizado.
Se puede decir prácticamente lo mismo de la reforma electoral que fue rechazada, aunque por otros motivos, por los aliados del régimen. Aunque no fue aprobada la reforma constitucional, con el pretexto de ahorrar, en las leyes secundarias se puede modificar, por poner un ejemplo, la estructura o funciones de las juntas distritales del INE, que es donde se hace mucho del trabajo sustantivo previo a las elecciones.
Con estas modificaciones, en los hechos, el servicio electoral de carrera puede estar en peligro ya que son los funcionarios electorales de carrera que trabajan en esas juntas distritales los que tienen bajo su responsabilidad la capacitación de ciudadanos que participan en el día que se llevan a cabo las elecciones y la organización de toda la logística previa a estas.
Queda a su juicio, estimado lector, estimada lectora, formarse una opinión sobre si estas reformas amplían o disminuyen el acceso al ejercicio pleno de los derechos humanos reconocidos en la Constitución.
X: @jesusmenav