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En redes sociales comenzó a circular una advertencia que asegura que la mayoría de los ataques al corazón ocurren entre las 6:00 y las 8:00 de la mañana porque la sangre “está más gruesa” al despertar y que lo que una persona hace en los primeros 10 minutos del día puede “decidirlo todo”.
Aunque el mensaje tiene una parte cierta, especialistas y estudios médicos advierten que también contiene exageraciones que pueden generar alarma innecesaria.
De acuerdo con investigaciones médicas, los eventos cardiovasculares, como infartos, muerte súbita o accidentes cerebrovasculares, sí presentan una mayor frecuencia durante las primeras horas del día. Esto se relaciona con el ritmo circadiano del cuerpo, es decir, el “reloj biológico” que regula funciones como la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la actividad hormonal y la coagulación de la sangre.
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¿Por qué hay más riesgo al despertar?
Durante la mañana ocurre lo que se conoce como “aumento matutino de la presión arterial”. Al despertar, el organismo activa mecanismos para pasar del reposo a la actividad: sube la presión, aumenta la frecuencia cardiaca y se elevan hormonas como el cortisol.
Estos cambios son normales, pero en personas con hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo, colesterol alto o enfermedad cardiovascular previa, pueden aumentar el riesgo de sufrir un evento cardiaco.
También se ha documentado que algunos componentes relacionados con la coagulación y la actividad de las plaquetas tienen variaciones durante el día, con mayor actividad por la mañana, lo que puede contribuir a ese pico de riesgo.
Sin embargo, esto no significa que todas las personas estén en peligro al despertar ni que levantarse de la cama, tomar café o revisar el teléfono provoque por sí solo un infarto.
¿La sangre se vuelve “más gruesa” durante la noche?
La afirmación es una simplificación. Es cierto que durante la noche una persona pasa varias horas sin beber agua y puede perder líquidos por respiración o sudoración, especialmente si hace calor, si duerme con poca hidratación o si tiene alguna enfermedad.
La deshidratación puede influir en la viscosidad de la sangre, pero no hay evidencia sólida de que tomar un vaso de agua al despertar “diluya la sangre” en cuestión de minutos y reduzca de forma inmediata el riesgo de coágulos o infarto.
Aun así, mantenerse bien hidratado sí forma parte de hábitos saludables.
¿Conviene levantarse despacio?
En algunas personas, sí. Levantarse de golpe puede causar mareo por una baja momentánea de presión, conocida como hipotensión ortostática. Esto es más frecuente en adultos mayores, personas deshidratadas o quienes toman ciertos medicamentos.
Por eso, sentarse unos segundos en la cama antes de ponerse de pie puede ser útil, sobre todo para quienes suelen marearse al levantarse. No obstante, esta recomendación no debe presentarse como una protección garantizada contra un infarto.
¿Y el café en ayunas?
El café puede elevar temporalmente la presión arterial en algunas personas, especialmente si no lo consumen de manera habitual o si son sensibles a la cafeína.
Pero tampoco hay evidencia suficiente para afirmar que tomar café en ayunas, por sí solo, provoque un evento cardiaco en personas sanas.
Lo importante es observar la respuesta individual: si después del café aparecen palpitaciones, ansiedad, presión alta, dolor en el pecho o malestar, lo recomendable es consultar a un médico.

Entonces, ¿qué sí ayuda a cuidar el corazón por la mañana?
Los especialistas recomiendan medidas más realistas y sostenidas: dormir bien, mantenerse hidratado, levantarse con calma si hay mareos, tomar los medicamentos indicados para la presión o el corazón, evitar fumar, controlar la presión arterial, cuidar el peso, hacer actividad física regular y atender factores de riesgo como diabetes, colesterol alto o hipertensión.
La prevención no depende de un solo hábito viral, sino de mantener bajo control los factores que realmente elevan el riesgo cardiovascular.
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Señales de alerta que no deben ignorarse
Más allá de la hora del día, un posible infarto puede manifestarse con dolor o presión en el pecho, falta de aire, dolor en brazo, espalda, cuello, mandíbula o estómago, sudor frío, náusea, mareo o cansancio inusual.
Ante cualquiera de estos síntomas, se debe buscar atención médica de emergencia.
Conclusión
Sí es cierto que existe un mayor riesgo cardiovascular durante las primeras horas de la mañana, especialmente en personas con factores de riesgo.
Pero es falso o exagerado afirmar que los primeros 10 minutos del día “lo deciden todo” o que un vaso de agua elimina el riesgo de coágulos.
La mejor prevención no está en un ritual viral, sino en el control médico, la presión arterial vigilada, buenos hábitos de sueño, alimentación, hidratación, actividad física y atención inmediata ante cualquier síntoma de alarma.