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¿Feria nacional? Todavía estamos muy lejos

Columnista invitado

ANTONIO BRACHO 24 jul 2026 - 04:03

Cada año escuchamos el mismo discurso: que la Feria Nacional Francisco Villa está creciendo, que cada edición supera a la anterior y que Durango se consolida como un gran destino turístico. Sin embargo, cuando se dejan de lado los discursos y se revisan los números, la realidad obliga a hacer una reflexión incómoda: todavía estamos muy lejos de ser una verdadera feria nacional.

En una reciente entrevista con Adela Micha, el gobernador Esteban Villegas afirmó que la edición 2026 de la Fenadu dejará una derrama económica cercana a los 500 millones de pesos, derivada de una inversión aproximada de 80 millones en la organización y cartelera artística.

La cifra, por sí sola, puede parecer importante. Pero adquiere otra dimensión cuando se compara con la Feria Nacional de San Marcos, en Aguascalientes, cuya edición más reciente reportó una derrama superior a los 10 mil millones de pesos. Es decir, la derrama económica proyectada para Durango representa apenas el 5% de la que genera la considerada feria más importante del país.

La diferencia no se explica únicamente por el tamaño de ambas ciudades. Se explica por la visión con la que cada feria ha sido construida.

San Marcos dejó de ser hace muchos años una simple cartelera de conciertos. Es una plataforma económica que integra turismo, negocios, gastronomía, ganadería, congresos, exposiciones comerciales, espectáculos taurinos, cultura, deporte y entretenimiento. Miles de personas llegan para permanecer varios días, consumir, hospedarse y regresar año tras año.

En cambio, la Fenadu sigue apostando casi todo a la cartelera artística. La cual por cierto deja mucho que desear. Incluso esta edición 2026 ha sufrido de varias cancelaciones de último momento.

Y aunque cada administración presume haber contratado artistas "de talla internacional", la realidad es que una feria nacional no se mide por cuántos conciertos presenta, sino por el impacto económico que genera para toda la comunidad.

Una feria exitosa no es aquella donde se llena la Velaria una noche. Es aquella donde se llenan los hoteles, los restaurantes, los comercios del Centro Histórico, los museos, los recorridos turísticos y las cajas registradoras de cientos de pequeñas y medianas empresas.

Ahí es donde Durango sigue teniendo una enorme asignatura pendiente.

Más preocupante aún resulta el descontento expresado por numerosos comerciantes locales respecto al costo de instalarse dentro del recinto ferial. Diversos empresarios duranguenses optaron por no participar en la edición 2026 al considerar que las tarifas hacían prácticamente inviable recuperar su inversión. Si quienes generan empleo en Durango sienten que la feria dejó de ser un espacio accesible para ellos, entonces algo no está funcionando como debería.

Paradójicamente, una feria financiada en buena medida con recursos públicos termina siendo inaccesible para parte del empresariado local.

Una feria nacional debería tener precisamente el efecto contrario: facilitar que los negocios duranguenses crezcan, encuentren nuevos clientes y fortalezcan su economía.

Porque el éxito de una feria no puede medirse únicamente por el número de asistentes que cruzan los torniquetes. Debe medirse por cuánto dinero permanece circulando en la economía local una vez que termina el último concierto.

Durango tiene enormes ventajas competitivas. Posee una historia cinematográfica única, paisajes naturales reconocidos internacionalmente, una identidad revolucionaria inigualable, gastronomía, mezcal, minería, turismo de aventura y un patrimonio histórico que muchas ciudades quisieran tener. Sin embargo, gran parte de ese potencial permanece desconectado de la Fenadu.

Mientras otras entidades utilizan sus ferias como escaparates para atraer inversiones, promover exportaciones y fortalecer cadenas productivas, nosotros seguimos concentrando la conversación pública en quién será el artista sorpresa del fin de semana.

Si Durango realmente aspira a tener una feria de alcance nacional, debe dejar de competir por quién trae al cantante más famoso y comenzar a competir por quién genera mayor desarrollo para su gente.

Quizá entonces dejaremos de conformarnos con representar apenas el cinco por ciento de lo que producen otras ferias del país y podremos empezar a hablar, con datos y no con aspiraciones, de una auténtica Feria Nacional Francisco Villa.

@AntonioBrachoM

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