Guadalupe Victoria en la presidencia de la República
?SCAR JIM?NEZ LUNA
El siglo de durango
El 21 de marzo de 1843 falleció el Gral. Guadalupe Victoria en la fortaleza de Perote, Veracruz, tierra de sus batallas y sus arraigos, si bien es cierto que a Durango lo llamaba "mi patria especial", y lo llegó a representar legislativamente. Desde sus comienzos hay en él una impronta humanista, espiritual, gracias a la influencia de su tío, sacerdote, todavía en el pueblo de Tamazula, donde, como sabemos, nació en agosto de 1786, con el nombre de pila José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix. Tuvo siempre vocación por el estudio, motivo por el que decidió trasladarse, ya muchacho, a la ciudad de Durango para ingresar en el Colegio Seminario. Poco después este anhelo de superación personal lo llevó la ciudad de México, donde continuó su aprendizaje académico en el Colegio de San Ildefonso. No pasó mucho tiempo cuando luego se integró a las filas insurgentes, bajo el impulso trascendente de Morelos. Las biografías y los discursos oficiales en su memoria destacan principalmente una hazaña que lo retrata como un hombre decidido, valiente: en 1812, cuando se toma Oaxaca, profiere la frase que le daría celebridad: "¡Va mi espada en prenda, voy por ella!", y se lanza al pozo para vencer el obstáculo físico y así dar ejemplo al ejército libertador. Desde ese día se llamará "Guadalupe Victoria". Nace un caudillo. Y más aún: Se construye un patriota fundamental en la historia de México.
Será, entonces, más que un líder político y militar. Muy apreciado por la gente, dada su humildad, que no dudo en llamarla auténticamente cristiana, por las iniciales guías y lecciones ya antes mencionadas, y después de no pocos combates y encaminado aquel extraordinariamente inmenso territorio, el más grande de las posesiones de España en ultramar, hacia el proyecto republicano, entraría en acción el hombre de ideas y encomiables prácticas en favor de la auténtica emancipación de México. Por lo mismo, Victoria se opuso antes al gobierno de Iturbide, y fracasado el primer imperio, don Guadalupe Victoria es elegido en 1824 como primer presidente de la República. Aquí vendrá su obra mayor: Sentar las bases para un nuevo país, mediante un desempeño honesto -siempre se le reconoció así- y con una clara visión de estadista (la Constitución de los Estados Unidos era la referencia estructural para no pocos gobiernos). Concluye su periodo político-administrativo cuatro años después, con logros notables que le ha reconocido la revisión histórica, tanto en la impartición de justicia y en la convicción de la separación de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, como en la defensa de la independencia y el reconocimiento mundial de la nación, sin olvidar la estabilización las finanzas públicas sobre todo en atención a los más desprotegidos, y el impulso que les dio también a las artes y la cultura.
Evidentemente, a tan egregia trayectoria no le han faltado cronistas, escritores, escultores, que han dado cuenta de la grandeza de Guadalupe Victoria. Y Durango ha tenido la sensibilidad y el conocimiento del legado del benemérito de la patria, como se le nombró cuando todavía vivía. El nombre oficial de nuestra entidad, a mucha honra, precisamente "Victoria de Durango"; a un municipio importante de la entidad se le identifica así. Contamos con una presa que nos lo recuerda, igualmente una calle céntrica, una escuela primaria tradicional o la estimable escultura levantada en una bella construcción de cantera, sin faltar otras piezas escultóricas en recintos oficiales. Guadalupe Victoria es orgullo estatal presente y cotidiano, y nacional en el ideal de su horizonte.
En esta valoración del héroe es justo asimismo mencionar a algunos de los más o menos recientes esfuerzos locales de difusión del Lic. Gonzalo Salas Rodríguez, el Ing. Emiliano Hernández Camargo, el historiador Javier Guerrero Romero y el poeta Juan Emigdio Pérez Olvera, quienes han hecho eco, junto a actuales funcionarios públicos como el Lic. Jaime Herrera Valenzuela y el escritor Petronilo Amaya, en la biblioteca del Congreso del Estado, "Gral. Guadalupe Victoria", han tenido el respaldo, subrayo, en los trabajos de investigación más abarcadores que acrecientan nuestro saber acerca del ilustre personaje y, por extensión, en el tema: Carlos Herrejón Peredo, Carmen Saucedo Zarco (es imprescindible el volumen "Guadalupe Victoria. Documentos, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, publicado en formato electrónico en 2012), y Luis Armando Victoria Santamaría, a quien se debe el rescate en México y en el extranjero de archivos importantes sobre el ilustre duranguense. Y por supuesto no está por demás mencionar otras obras a propósito: la biografía sumaria y muy útil para diferentes públicos debida a la propia Carmen Saucedo Zarco; la novela "Victoria" (2005), del escritor Eugenio Aguirre; la investigación "Guadalupe Victoria primer presidente de México" (1986), de Lillian Briseño Senosiain, Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torres, y entre otros títulos, el de "La República". Guadalupe Victoria, primer presidente Constitucional de la República Mexicana (1824-1829)" (2023), de Adolfo Arrioja Vizcaíno.
Termino. Y no se me ocurre mejor cierre para este artículo de conmemoración de Victoria que aquellas palabras de Thomas Carlyle: "Me alivia pensar que los grandes héroes son provechosa compañía, en todos sus aspectos. No es posible contemplar a un gran hombre sin que nos reporte beneficio, por imperfecta que fuere nuestra consideración. Es fuente de luz, cuyo contacto es bueno y placentero, la luz que ilumina, que ha iluminado la tiniebla del mundo; no lámpara encendida, sino luminaria natural que brilla por el don de los cielos; manantial refulgente que irradia discernimiento natural y original, de hombría y de nobleza heroica, en cuyo resplandor se regocijan todas las almas". Sí, suscribo por mi cuenta, Guadalupe Victoria contribuyó grandemente a levantar una patria, a dignificar y ennoblecer el alma de México.