D Esde sus respectivos tronos celestiales el Padre y el Espíritu contemplaban el mundo de lo creado.
Vieron el vasto reino de los seres vegetales; los incontables árboles con sus preciosos frutos; la infinita variedad de flores, cada una con su propio aroma y su particular color; las innumerables formas de la hierba; los helechos, los hongos, los cactus, las enredaderas. Luego miraron las aves del cielo y los peces del mar. Finalmente observaron a las criaturas llamadas mujer y hombre.
Exclamó el Espíritu, maravillado:
-¡Cuántas formas adopta la vida! ¡No puedo explicarme eso!
Pidió el Señor:
-Que venga Darwin.
¡Hasta mañana!...