H Ablar de cine es hablar de historias. Dentro del séptimo arte se refleja la cultura de cada época. En la visión de Fellini, es el lenguaje de los sueños que imita la lógica onírica; sin embargo, no todo es ficción. Los hechos de la vida real han sido parte de la industria desde siempre, teniendo cabida en la reinterpretación artística de sucesos, personas o contextos históricos para adaptarlos al lenguaje cinematográfico, con gran impacto y éxito.
La captura de Joaquín "El Chapo" Guzmán en Los Mochis, Sinaloa, en enero de 2016, pertenece a esa categoría de historias. Dos policías federales de caminos detuvieron un vehículo por una circunstancia aparentemente rutinaria, terminando de manera inesperada frente a uno de los hombres más peligrosos y más buscados no solo de México, sino también del planeta.
La Captura, dirigida por Chava Cartas, toma ese episodio y lo convierte en un thriller que, más que hablar del poder de un capo, habla del miedo de quienes tuvieron que enfrentarlo. Ahí está, precisamente, uno de los mayores aciertos de este filme recientemente estrenado en una conocida plataforma de streaming.
Se trata de una interesante y muy bien cuidada producción que, en lugar de recurrir a la fórmula agotada de las narcoseries, con típicas balaceras y persecuciones que glorifican a criminales, encierra a sus protagonistas en espacios minimalistas que convierten cada diálogo en una batalla psicológica, en la que cada palabra puede significar la vida o la muerte.
Una película que parte de crónicas periodísticas. Los actores Alfonso Herrera y Noé Hernández cargan buena parte de la trama, interpretando a dos agentes que, como seres humanos, se vieron sometidos a una presión extraordinaria entre el miedo, la duda y riesgos calculados ante un criminal con capacidad para comprar voluntades o convertir amenazas en cadáveres.
Acertada es también la representación de "El Chapo", a cargo del actor Héctor Kotsifakis. Su interpretación se apega perfectamente a la mente de un criminal que también sabía ejercer el poder hablando, persuadiendo o intimidando bajo la famosa disyuntiva de "plata o plomo", no como una frase folclórica, sino como una línea discursiva frente a la que cualquiera podría preguntarse cuánto vale realmente su propia vida.
En ese punto, la película deja de ser solamente una historia policiaca para convertirse en una lectura política. Y es que la captura accidental exhibe una paradoja mexicana: un capo capaz de corromper instituciones enteras terminó detenido por dos policías que, al menos en ese momento, hicieron simplemente su trabajo. Una coincidencia que puso frente a frente a la ley y al crimen organizado.
La Captura es exitosa debido también a un contexto de narcopolítica que no ha variado en este país, donde aún se discute cuánto pueden resistir las instituciones frente a un crimen organizado con enormes recursos económicos, capacidad de fuego y redes de protección. Quizá esa sea la mayor virtud de la película: que no presenta el hecho como una hazaña definitiva, sino como una excepción dentro de un sistema lleno de grietas.
Porque en México la diferencia entre una institución que funciona y otra que se rinde ante el crimen puede caber, algunas veces, en una decisión tomada en unos cuantos minutos. Y esa es la parte de esta producción cinematográfica que trasciende la pantalla: el capo podrá ser detenido, pero mientras las instituciones sigan siendo vulnerables al dinero, al miedo y a la corrupción, la historia de fondo continuará sin tener un final.
EN LA BALANZA.- El cerco político sobre Rubén Rocha Moya se estrecha. La salida de Enrique Inzunza de la bancada de Morena, después de que el partido le cerrara la puerta a su reincorporación, no puede leerse como un movimiento aislado. Todo ocurre entre el creciente distanciamiento del oficialismo respecto a los sinaloenses cuestionados por sus presuntos vínculos con el narcotráfico. Convertirse en independiente puede preservar el escaño, pero también alimenta la sospecha de que el fuero se ha convertido en el último refugio político. Si Morena ya no está dispuesto a cargar con el costo, el mensaje para Rocha Moya es todavía más contundente: el blindaje político que alguna vez tuvo comienza a desmoronarse pieza por pieza.
X: @Vic_Montenegro
Eloy Cavazos es una de las más altas cumbres en el mundo de la tauromaquia. Su figura es legendaria; se le recuerda con admiración y respeto lo mismo en México que en España y los demás países donde hay fiesta de toros. "Torero de puerta grande", se le llama, pues ha salido a hombros innumerables veces de los cosos donde ha mostrado su valor y su arte.
Desde muy niño sintió la vocación taurina. Recibió la alternativa, es decir se doctoró como torero, cuando tenía apenas 17 años de edad. Eso sucedió el 28 de agosto de 1966, precisamente hoy hace 60 años.
Siento profundo afecto por Eloy Cavazos. Admiro no sólo su trayectoria, sino también su modestia y sencillez, su bonhomía, su extraordinaria calidad humana. Mis viajes de juglar itinerante me han impedido estar en los festejos con que se ha celebrado este aniversario, pero por intermedio del maestro Antonio Quiroga, sapiente y generoso aficionado, le hice llegar al gran torero mi felicitación. Le envío ahora un abrazo envuelto en dos palabras muy taurinas: "¡Enhorabuena!" y "¡Olé!".
¡Hasta mañana!...