La Comarca Lagunera no solo se está quedando sin agua; también se hunde debido a la descomunal extracción del subsuelo, mucho más de lo que la madre naturaleza puede reponer. Investigadores de la UNAM calculan que cerca de 2 mil 940 kilómetros cuadrados presentan hundimientos de hasta 13.5 centímetros por año.
De acuerdo con los expertos, se trata de la región con la mayor extensión de hundimiento registrada en todo el país, incluso por encima del Valle de México. Este fenómeno amenaza viviendas, calles, redes de servicios e infraestructura agrícola; además, compacta el acuífero y reduce su capacidad futura para almacenar el vital líquido.
La sobreexplotación no solo vacía las reservas, sino que también deteriora las condiciones para recuperarlas. El desequilibrio es contundente. Y es que en la región se extraen del subsuelo más de mil millones de metros cúbicos de agua al año para la agricultura, mientras que la recarga es inferior a los 500 millones. Se trata de un déficit que se ha acumulado durante décadas.
En la Comarca Lagunera, el agua de los ríos Nazas y Aguanaval se destina principalmente a las actividades agrícolas. En ese contexto, la contención de estos importantes afluentes mediante presas ha tenido serios impactos al reducir la recarga natural de los acuíferos, tanto del lado de Durango como del de Coahuila.
Según los estudios citados, alrededor del 62.5 por ciento de las áreas urbanas analizadas registra hundimientos. En Gómez Palacio, Durango, se hunde cerca del 60 por ciento del territorio y, en Matamoros, Coahuila, el 65 por ciento. Además, se estima que el 58 por ciento de la población lagunera vive en zonas de vulnerabilidad alta o muy alta.
Teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que la problemática trasciende el ámbito ambiental y se convierte también en un asunto de seguridad pública, pues el riesgo de que se abran socavones debido a los hundimientos podría afectar cada vez con mayor frecuencia a las zonas habitacionales.
Ante este panorama, la pregunta obligada no es si las autoridades conocen el problema, sino qué medidas verificables aplican para contenerlo. Los investigadores llevan años documentando la sobreexplotación y la concentración de pozos en las zonas más afectadas. Sin embargo, no se aprecia una estrategia pública capaz de revertir el desequilibrio o, al menos, atenuar sus consecuencias.
La Conagua, más allá de presentar proyectos como Agua Saludable para La Laguna como una solución, debe explicar cómo vigila las extracciones que aún persisten, qué acciones impulsa para frenar el abatimiento del acuífero y cómo mide sus resultados. Sin metas, calendarios y datos abiertos, cualquier discurso de gestión hídrica queda corto frente a la evidencia del subsuelo.
La Laguna se hunde lentamente, pero las consecuencias pueden ser duraderas y, en ciertos puntos, repentinas. En una región semiárida, extraer agua por encima de la recarga equivale a gastar un capital que no se repone al ritmo necesario. La agricultura, las ciudades y la industria necesitan agua, pero no pueden depender de un acuífero que se agota.
EN LA BALANZA.- La advertencia de la "Zarina Antidrogas" del gobierno de Estados Unidos, Sara Carter, dirigida a los gobernadores mexicanos que puedan tener vínculos con el crimen organizado, vuelve a poner los reflectores sobre Durango y su inquilino del Bicentenario. Después de que los señalamientos y la presencia de fuerzas federales parecían perder intensidad, Esteban Villegas tendría razones para volver a estar nervioso. Sigue pendiente que demuestre la vigencia de la visa estadounidense que asegura tener, cuya documentación dijo que haría pública, mientras sus giras de promoción económica por aquel país hace tiempo que no han vuelto a formar parte de su agenda.
X: @Vic_Montenegro