Los partidos políticos y los gobiernos en México atraviesan, probablemente, la mayor crisis de credibilidad de las últimas décadas. No pocos levantamientos demoscópicos coinciden en un dato altamente preocupante: la confianza ciudadana hacia estas instituciones y sus militantes permanece en niveles históricamente muy bajos.
Durango no es ajeno a esa realidad. La crisis política que enfrenta actualmente el gobernador Esteban Villegas está acelerando el desgaste de las principales fuerzas políticas rumbo a la elección intermedia de 2027. Los efectos ya no alcanzan únicamente al Ejecutivo estatal; comienzan a proyectarse sobre los partidos que deberán salir a pedir nuevamente el voto.
El primer afectado es el PRI. No solo porque el gobernador emana de sus filas, sino porque toda la estructura priista en Durango gravita alrededor de su liderazgo. A ello se suma la cautela de la dirigencia nacional, encabezada por Alejandro Moreno, quien ha evitado brindar un respaldo abierto frente a los recientes cuestionamientos públicos.
El PAN no puede asumirse como espectador. Su alianza con el gobierno estatal y la cercanía de su dirigencia con el proyecto político del Ejecutivo lo colocan, inevitablemente, dentro del mismo escenario de desgaste. A ello se añade un contexto poco alentador, reflejado en la elección de Coahuila, donde Acción Nacional registró uno de los peores resultados de su historia reciente.
Morena tampoco puede presumir una posición cómoda. Aunque la coyuntura parecería favorecer naturalmente a la oposición, en Durango perdura la percepción de que el grupo que controla al partido ha renunciado a ejercer un verdadero papel de contrapeso. Esa falta de contundencia comienza a llamar la atención de la dirigencia nacional, pero el tiempo para corregir el rumbo se acorta conforme se acerca el proceso electoral.
En ese panorama, abrir espacios a perfiles provenientes de la iniciativa privada, la academia o las organizaciones civiles podría convertirse en una alternativa para recuperar parte de la confianza perdida. Durango cuenta con empresarios y liderazgos sociales cuya trayectoria ha sido construida fuera de la política y que podrían aportar experiencia administrativa, credibilidad y una visión distinta sobre los asuntos públicos.
Nombres como Martín Soriano, Jorge Mijares, Ramón Sida Garay, Elías Mario Medina, Jorge Saravia Castillón, Mayte Vivó de Wallander y Danielo Hernández representan perfiles que, independientemente de cualquier afinidad partidista, han desarrollado liderazgo desde sus respectivos ámbitos profesionales y sociales. Cualquier eventual participación tendría que sujetarse, desde luego, a los filtros internos y al escrutinio ciudadano.
La elección de 2027 podría convertirse en una competencia entre quienes insistan en reciclar figuras y quienes comprendan que la ciudadanía exige algo distinto. Los partidos siguen creyendo que el problema radica en la estrategia, cuando quizá el verdadero conflicto está en los candidatos que ponen sobre la boleta. La confianza no se recupera con propaganda; se reconstruye con perfiles que generen credibilidad antes incluso de iniciar una campaña.
EN LA BALANZA.- El posicionamiento de Coparmex Durango marca un punto de inflexión en la discusión sobre la seguridad en el estado. Al reconocer públicamente que durante años diversos sectores productivos han sido víctimas de despojos, ventas forzadas y coacción, el organismo empresarial pone sobre la mesa una realidad que durante mucho tiempo permaneció silenciada por el miedo. Si hoy el sector privado considera que existe una "oportunidad histórica" para romper ese silencio, también está admitiendo que el problema no surgió de la noche a la mañana, sino que se toleró durante demasiado tiempo.
X: @Vic_Montenegro