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La elección de Coahuila y los grandes perdedores

Mirador

ARMANDO FUENTES AGUIRRE 10 jun 2026 - 04:03

Las elecciones locales suelen producir una tentación recurrente entre analistas y partidos: convertir un resultado en una profecía nacional. Pocas veces la política funciona así. Coahuila acaba de entregar una victoria aplastante al PRI y, aunque el dato resulta inevitablemente llamativo, sería un error interpretar ese triunfo como el anuncio automático de un regreso tricolor en el resto del país.

Lo ocurrido en la entidad vecina merece leerse con contexto. No fue una sorpresa ni una hazaña electoral improvisada. Fue, más bien, la confirmación de un modelo político que lleva casi un siglo construyéndose. Coahuila y Durango siguen siendo los últimos grandes bastiones del priismo territorial; pero incluso entre ambos existen diferencias importantes.

El PRI gobierna Coahuila prácticamente de forma ininterrumpida desde hace 97 años. No ha existido alternancia y eso permitió consolidar una estructura territorial que difícilmente tiene comparación nacional. Ahí no solamente opera una maquinaria electoral aceitada; existe una red política que permanece activa incluso fuera de campaña, cuidando liderazgos, presencia y operación permanente.

A ello se suma otro factor que tampoco puede ignorarse: la evaluación ciudadana del gobierno priista de Manolo Jiménez. La administración estatal mantiene niveles elevados de aceptación y eso terminó convirtiéndose en combustible político para la elección legislativa. Cuando gobierno y estructura se alinean, los resultados suelen parecer naturales. Por eso la contundencia no sorprendió.

Ahora bien, tampoco conviene exagerar la derrota de Morena. Aunque quedó lejísimos del primer lugar, la coalición con el PT terminó consolidándose como segunda fuerza política con alrededor del 26 por ciento de la votación. No es poca cosa en un estado donde gobierna apenas cinco de los 38 municipios y donde todavía no logra construir una estructura comparable a la del tricolor.

El verdadero golpe fue para el resto de las fuerzas políticas. PAN, Movimiento Ciudadano y PVEM decidieron competir solos y el resultado fue devastador. Ninguno alcanzó el umbral mínimo del tres por ciento y quedaron reducidos a expresiones prácticamente testimoniales. El caso más llamativo fue MC, que terminó incluso por debajo de partidos emergentes como Nuevas Ideas.

Ahí aparece también una lectura duranguense. Y es que en la operación política participaron actores como Marina Vitela, quien movió piezas en la elección de Coahuila, como su sobrino, Juan Alberto Castañeda Vitela, detenido por su presunta participación en delitos electorales cuando conducía una camioneta de la Conagua repleta con propaganda de un candidato. La legisladora federal termina cargando parte del costo de una derrota severa para Morena.

Del lado de Movimiento Ciudadano tampoco hay mucho margen para presumir resultados. Omar Castañeda, coordinador en Durango y quizá uno de los cuadros más visibles de MC en la región Laguna, quedó muy lejos de convertir presencia mediática en votos reales. El movimiento naranja terminó relegado hasta el fondo del tablero.

Finalmente, hay que tener cuidado con las conclusiones fáciles. Coahuila no necesariamente anticipa los escenarios de 2027 y 2028. Lo que funciona allá responde a condiciones históricas, estructuras propias y liderazgos específicos que difícilmente se replican en otras entidades. En Durango, por ejemplo, el contexto es distinto y la aprobación gubernamental no se mueve bajo parámetros semejantes.

EN LA BALANZA.- La gran sorpresa política terminó siendo Nuevas Ideas. Mientras partidos tradicionales se desplomaban y quedaban al borde de la irrelevancia local -a punto de perder prerrogativas y, en una de esas, hasta el registro-, una fuerza emergente encontró espacio para crecer. Una señal de que incluso en territorios aparentemente controlados siempre existen votos disponibles para quien logre interpretar mejor el desgaste de las marcas tradicionales.

X: @Vic_Montenegro

Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche, se compró hace tiempo un sillón Voltaire, que desde entonces usa.

A tal mueble atribuye el hecho de haberse vuelto volteriano, es decir escéptico, jacobino, librepensador. Yo pienso que su volterianismo se debe más bien a sus lecturas, pero si me regalara el sillón no lo usaría.

Anoche, después de haber vaciado entre los dos un par de botellas de buen tinto, mi amigo dijo algo que me soliviantó. Afirmó que los sacerdotes de Egipto, lo mismo que los de Persia, Babilonia, Grecia y Roma, hablaban del más allá para poder comer en el más acá.

Le hice ver que su tesis era muy simple, pues no tomaba en cuenta la espiritualidad. Respondió que el espíritu tiene demasiada imaginación, en tanto que la materia es gran realista.

No entré en polémica con él.

Es inútil debatir con un borracho.

En ese momento él me dijo:

-No entraré en polémica contigo.

Y lo demás.

¡Hasta mañana!..

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