La escritura poética de Reyna Valenzuela
FEDERICO CORRAL VALLEJO
El siglo de durango
El génesis de la poesía no es la palabra como se cree, es sin duda el canto. Cada vocablo trae consigo una música nata, una cadencia precisa, incluso un silencio nítido; elementos propios de la poesía, al conjugarse este trío de posibilidades literarias hacen que nazca el milagro de la poesía.
Cada creador, independientemente del oficio que recree, está en contacto directo con el arte, que es la esencia que corre por sus venas. Reyna Valenzuela sabe de ello, su experiencia como literata, cantante y compositora, son sin duda sus herramientas que le permiten brillar en el mágico mundo de lo sublime y arcano. No debemos dejar pasar de largo a la locura, hermana gemela de la cordura. En torno al binomio: locura y poesía, Platón solía decir que:
"... Todo aquel que se atreve a escribir poesía, sin estar poseído por el delirio que este arte exige, creyendo que puede ser poeta tan sólo por escribir de acuerdo con determinados recursos técnicos, estará muy lejos de ser un verdadero poeta, pues la poesía de los letrados siempre será eclipsada por aquella que destila locura diva...".
Éste es el límite de 'La cordura y el camino', obra ganadora de una Mención Honorífica en el Premio Nacional de Poesía "María Elena Solórzano" 2025. En dicha obra se destacan los silencios y los vibratos de cada verso, tal amalgama de principio a fin es una sonata que nos embruja el corazón y nos enamora el alma. Está por más decir que la poesía que enmarcan los versos de dicha obra, son netamente vivenciales, enmarcados dentro de los limítrofes de los gustos y experiencias de la autora duranguense.
Doce trenos, doce cantos, doce retóricas, nos recorren doce veces doce desde la piel hasta el alma, pues cada idea, cada fondo poético nos refleja en el espejo de la pluma de Reyna Valenzuela, vaste este ejemplo del canto 1:
Un reloj al bolsillo, / una moneda. / Una mirada agreste / canto de viento. / Fugacidad. / Una nota de ímpetu / se escapa: / Acordes/que dejan sin juicio / a quienes / perdieron / su partitura. / El tic tac/-terca gota-/lo perturba.
En este espacio la palabra poética tiembla y seduce a los sentidos de la cadencia y el canto, al instante que hace contacto con el lector. Porque, según Robert Duncan:
"Poeta y poema son parte de un orden cósmico incesante, donde el poeta es el arco y el poema la flecha..."
Esa misma simbiosis establece un canon literario en 'El camino y la cordura', que se enmarca en el silencio de cada verso y en los blancos de cada treno, fundamentos de la premisa del poemario aludido, cada página es además de una afirmación de la autora, una radiografía de la coraza y un pilar que sostiene a cada letra plasmada para su contemplación.
Un nuevo triángulo se deja ver en el quehacer literario de la poeta duranguense, donde la imagen, la metáfora y la inspiración, dan rienda suelta al sentimiento; ya en fondo, ya en forma. Territorio incierto de identidad norteña construida de polvo y tinta, de luz y olvido, de canto y memoria, de sueño y de vigilia. El lenguaje discursivo y semántico que utiliza Reyna se sostiene gracias a nombres, datos, canciones, definiciones y continuidad de estilo, como se deja entrever en el treno XII:
Se ha dicho: /gotas de ímpetu se escapan, / el tiempo deshilacha todo juicio. / La música / arropa el alma, / con eso, / rejuro, alcanzo el sosiego. / Mi inspiración debe ser / mi mejor hogar, /y de madrugada comprender / que hay cordura y camino. / A mi noche oscura / le llega su amanecer: / el tiempo adornará/las trenzas de mis retoños. / El verdor, / el aroma de la tierra mojada /y un nuevo nido / presiento esta madrugada. / Volveré a soñar como soñaba al soñar.
He aquí la dimensión precisa del pensamiento de Reyna Valenzuela Contreras, donde la escritura poética se esparce en busca de caminos y corduras, abrazada siempre de la locura, cuyo núcleo es la teoría de las formas, donde postula no sólo versos impresos, sino sensibilidad, multi dimensionada.