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La 'fosfo combi' destapó la crisis del transporte en Durango

Columnista invitado

ANTONIO BRACHO MARRUFO 19 may 2026 - 04:03

 L A reciente polémica alrededor de la llamada "fosfo combi" dejó algo mucho más importante que una discusión sobre permisos, concesiones o reglamentos. Lo que realmente hizo fue desnudar, de cuerpo entero, la profunda crisis de movilidad y de visión pública que existe en Durango. Una simple combi que buscaba trasladar estudiantes gratuitamente terminó provocando una tensión política y mediática desproporcionada, y eso por sí solo ya debería preocuparnos.

El problema no es la combi. El problema es todo lo que dejó en evidencia.

Durango tiene años arrastrando un sistema de transporte público rezagado, con unidades viejas, contaminantes y poco eficientes. Basta recorrer cualquier avenida principal para ver autobuses arrojando humo visible, operadores con poca cultura vial y rutas que ya no responden a la dinámica actual de la ciudad. A eso se suma el costo del pasaje, que para muchas familias representa una carga económica importante. Sin embargo, ninguno de esos problemas había logrado abrir un debate público tan intenso como el que provocó una sola unidad de transporte estudiantil.

La reacción de la CTM fue un error estratégico. En lugar de aprovechar la situación para reconocer que el transporte público necesita modernizarse urgentemente, decidió convertir una iniciativa ciudadana en un enemigo político. La manifestación y el conflicto atrajeron los reflectores de los medios de comunicación y terminaron llevando el tema a nivel estatal. Paradójicamente, quienes buscaban frenar la iniciativa terminaron dándole una visibilidad enorme.

Pero el error no terminó ahí. El gobierno estatal, al alinearse rápidamente con la postura de la CTM y anunciar que la "fosfo combi" circulaba fuera de la ley, terminó fortaleciendo la narrativa ciudadana de que el sistema protege estructuras viejas antes que escuchar nuevas propuestas sociales. Legalmente, el Estado tiene facultades para regular el transporte público y exigir permisos; eso nadie lo discute. El problema fue político. La percepción ciudadana terminó siendo que se actuó con mayor rapidez para detener una pequeña iniciativa social que para resolver los problemas reales que todos los días viven miles de usuarios.

Y ahí está el verdadero fondo del asunto: la política en Durango parece cada vez más desconectada de las necesidades reales de la gente.

Es increíble que una simple combi haya provocado una tensión política tan fuerte y un desgaste incluso para el propio Estado, cuando existen problemas mucho más graves esperando atención. Durango lleva años sin inversión importante en infraestructura vial. No se han construido nuevas vialidades relevantes, no se han modernizado los semáforos, no existen proyectos de movilidad integrales y muchas calles muestran un deterioro evidente. Mientras otras ciudades avanzan hacia sistemas inteligentes de movilidad, aquí seguimos atrapados en discusiones que parecen sacadas de otra época.

El debate sobre la "fosfo combi" terminó revelando algo más preocupante: el bajo nivel del discurso público y político que estamos manejando. En lugar de discutir cómo construir un transporte más digno, eficiente y accesible, terminamos atrapados en un enfrentamiento entre sindicato, gobierno e iniciativa ciudadana. Y al final, el ciudadano vuelve a quedar en medio, sin soluciones reales.

La "fosfo combi" no resolvía el problema de fondo. Pero sí logró algo importante: exhibir que Durango necesita replantear seriamente su modelo de movilidad y también su nivel de debate político. Porque cuando una ciudad dedica más energía a pelear por una combi que a construir soluciones estructurales, queda claro que la visión pública se encuentra muy por debajo de lo que la sociedad realmente necesita.

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