EFE
El Mundial 2026 no solo ha dejado goles, eliminaciones inesperadas y estadios llenos. También ha puesto nuevamente bajo presión a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, por una serie de polémicas que han mezclado futbol, política, dinero, migración y decisiones disciplinarias.
Aunque no todas las decisiones dependen directamente de Infantino, las críticas han apuntado a la conducción de la FIFA durante el torneo más grande de la historia, el primero con 48 selecciones y organizado por México, Estados Unidos y Canadá.
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La roja de Balogun que encendió la polémica
La controversia más reciente estalló con Folarin Balogun, delantero de Estados Unidos, quien había sido expulsado durante el partido ante Bosnia y Herzegovina. En principio, la tarjeta roja implicaba una suspensión automática para el siguiente encuentro, pero la FIFA decidió levantar el castigo horas antes del duelo de octavos de final contra Bélgica.
El caso tomó fuerza porque Donald Trump reconoció que llamó a Gianni Infantino para pedir que se revisara la sanción. El presidente estadounidense aseguró que no ordenó una resolución específica, pero el hecho fue suficiente para desatar acusaciones de intervención política en el torneo.
La UEFA criticó con dureza la decisión y la Federación de Bélgica presentó una protesta, aunque la FIFA la rechazó por cuestiones de procedimiento. Bélgica terminó eliminando a Estados Unidos, pero el daño a la imagen del organismo ya estaba hecho.

Irán y el problema de las visas
Otra polémica fuerte ocurrió con la selección de Irán. Aunque los jugadores lograron obtener visas para competir en Estados Unidos, parte del personal de apoyo y miembros de la federación iraní no recibieron autorización para ingresar al país.
La situación obligó a modificar la logística del equipo, que trasladó parte de su preparación a Tijuana, México, luego de que su base en territorio estadounidense se volviera inviable por los problemas migratorios. El jefe del equipo iraní criticó la falta de coordinación de la FIFA y señaló directamente a Infantino por no garantizar mejores condiciones para una selección clasificada al Mundial.
El caso reabrió el debate sobre si Estados Unidos podía ser sede de un Mundial mientras aplicaba restricciones migratorias a países participantes, aficionados, periodistas y personal técnico.

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Los boletos más caros de la historia
La FIFA también recibió críticas por los precios de los boletos. Para el Mundial 2026, el organismo aplicó un esquema de precios dinámicos, similar al que se usa en conciertos y eventos de alta demanda, lo que elevó de forma considerable el costo de algunas entradas.
De acuerdo con reportes internacionales, los boletos para la final llegaron a manejar precios de miles de dólares, mientras que algunas experiencias de hospitalidad alcanzaron cifras todavía más elevadas. Infantino defendió el modelo al señalar que los ingresos se reinvierten en el futbol mundial, pero grupos de aficionados lo acusaron de alejar el Mundial de la gente común.
Además, la FIFA apostó por una estrategia de promoción enfocada en influencers y figuras digitales de alto perfil, quienes difundieron paquetes exclusivos y experiencias VIP en redes sociales. Esta campaña reforzó la percepción de que el torneo estaba dirigido a un público de élite, capaz de pagar precios elevados por acceso preferencial, lo que intensificó las críticas sobre la creciente exclusividad del evento.
La polémica creció porque el Mundial fue presentado como una fiesta global, pero para muchos aficionados asistir a los partidos terminó siendo prácticamente inaccesible.

Las pausas de hidratación y el calor extremo
El calor también puso a la FIFA bajo cuestionamientos. En varias sedes de Estados Unidos y México, las altas temperaturas obligaron a implementar pausas de hidratación durante los partidos, una medida defendida por Infantino como necesaria para proteger la salud de los jugadores.
Sin embargo, la decisión generó debate deportivo. Algunos críticos señalaron que las pausas no solo sirven para hidratar, sino que se convierten en mini tiempos fuera, donde los entrenadores pueden ajustar tácticas y romper el ritmo del rival.
Además, surgieron acusaciones de que estas pausas también incrementan los ingresos por publicidad para las televisoras, al abrir espacios adicionales para anuncios en medio de los partidos. Aunque la FIFA no ha confirmado que esa sea una motivación, críticos del modelo señalaron que el formato beneficia comercialmente a las transmisiones en un torneo ya altamente monetizado.
Para la FIFA, la medida busca equilibrar condiciones en un torneo disputado bajo temperaturas extremas. Para sus críticos, es otro ejemplo de cómo el calendario, las sedes y el tamaño del Mundial han creado problemas que luego deben resolverse sobre la marcha.

La cercanía con Trump
La relación entre Gianni Infantino y Donald Trump también ha sido uno de los temas más comentados del torneo. Antes y durante el Mundial, ambos han aparecido juntos en distintos eventos, y la FIFA incluso entregó a Trump el primer “Premio FIFA de la Paz” durante el sorteo del torneo.
Esa cercanía volvió al centro de la discusión tras el caso Balogun. Para los críticos, la llamada de Trump a Infantino confirmó el riesgo de que la política se meta en decisiones deportivas. Para la FIFA, sus órganos disciplinarios actuaron de manera independiente.
El problema es que, en un Mundial organizado en buena parte en Estados Unidos, cualquier gesto de cercanía entre el presidente de la FIFA y el mandatario estadounidense se interpreta bajo una lupa más estricta.
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Un Mundial histórico, pero bajo sospecha
El Mundial 2026 ya es histórico por su formato de 48 selecciones, sus tres países sede y su enorme impacto económico. Pero también ha quedado marcado por cuestionamientos que van más allá de la cancha.
Las polémicas por la tarjeta roja de Balogun, las visas de Irán, los precios de los boletos, el calor extremo y la cercanía con Trump han puesto a Infantino en el centro del debate.
Para la FIFA, el torneo representa una expansión global sin precedentes. Para sus críticos, también muestra los riesgos de un Mundial cada vez más grande, más caro y más expuesto a intereses políticos.