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Las lecturas políticas entre los discursos de Sheinbaum y Esteban

Mirador

ARMANDO FUENTES AGUIRRE 13 jul 2026 - 04:03

En política, los discursos no se limitan a lo que expresan de manera literal. El verdadero mensaje suele encontrarse entre las líneas, en las omisiones y en el tono de quien toma la palabra. La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Gómez Palacio dejó precisamente ese tipo de lectura: dos intervenciones pronunciadas en el mismo evento, pero con objetivos completamente distintos.

El gobernador Esteban Villegas trató de incrustar una urgente narrativa de cercanía política con la presidenta. Tras pedir el aplauso para la mandataria, se desbordó en elogios entregándole a Durango como una extensión de su gobierno. Más adelante le ofreció que, cuando necesitara una voz que la defendiera o algo más que palabras, siempre podría contar con él.

Fue, además, un discurso sin planteamientos públicos sobre las necesidades del estado. Días antes, Esteban adelantó que buscaría gestionar con la presidenta temas concretos, como el inicio de la carretera Canatlán-Nuevo Ideal, el pago a más de 200 médicos, la federalización del gasto de telesecundarias y apoyos para el campo. Ninguno de esos asuntos apareció en su intervención.

El mensaje giró en torno a la unidad, la amistad y el respaldo político. Incluso recurrió a una frase emblemática del obradorismo: "Con el pueblo todo, sin el pueblo nada", una expresión que durante años identificó al movimiento que el PRI combatió con dureza. El cambio de tono resulta inevitablemente llamativo si se recuerda que el propio gobernador ha descalificado a Morena y a la llamada Cuarta Transformación.

La respuesta de Claudia Sheinbaum fue diametralmente distinta. Su discurso prácticamente ignoró la narrativa planteada por el gobernador. Habló del programa Vivienda para el Bienestar, de los créditos del Infonavit, de la reducción de deudas impagables. Pero del mandatario estatal solo hizo una referencia breve: "Hay gobiernos que, aunque no vengamos del mismo partido, nos coordinamos bien y ese es el caso de Durango".

La diferencia no es menor. Y es que mientras el gobernador habló de lealtad y respaldo político, la presidenta habló únicamente de coordinación institucional. Mientras uno buscó personalizar la relación política, la otra la encuadró dentro de las obligaciones propias de un sistema federal. La distancia entre ambos lenguajes fue más que evidente.

Es muy probable que el gobernador diga que sus planteamientos los hizo en privado. Sin embargo, el único compromiso asumido por la presidenta fue el respaldo al proyecto de modernización del drenaje sanitario de Gómez Palacio, una obra financiada de manera tripartita entre Federación, estado y municipio. No hubo referencias a las carreteras, al campo, a los médicos ni a las telesecundarias.

Por supuesto, ningún discurso puede interpretarse de manera aislada. El contexto importa. La visita presidencial ocurrió mientras el gobierno estatal enfrenta un momento de alta presión política, derivado de publicaciones periodísticas sobre presuntas investigaciones federales y de autoridades estadounidenses, además de una intensa presencia de fuerzas federales en operativos de seguridad.

Finalmente, lo que aquí planteo son únicamente lecturas y nada permite asegurar que el contenido de ambos discursos contenga mensajes implícitos. No obstante, el contexto modifica inevitablemente la manera en que las palabras son recibidas por la opinión pública. Lo cierto es que, mientras Esteban Villegas pareció esforzarse en reparar la relación, Sheinbaum respondió con institucionalidad. En política, esa diferencia dice mucho más que aplausos y halagos.

EN LA BALANZA.- La acusación que lanza Rafael Palacios vuelve a poner de manifiesto un asunto muy espinoso para Morena en Durango: la coherencia entre la retórica de oposición y el quehacer de los legisladores locales. En un ambiente donde el escrutinio de los ciudadanos hacia el gobierno estatal se incrementa día con día, la bancada morenista perdió su oportunidad de mostrarse como un verdadero contrapeso; difícilmente una reacción a estas alturas y ante el cambiante clima político les resultaría convincente.

X: @Vic_Montenegro

El rey Cleto emitió un decreto real: en adelante todas las pelotas de su reino deberían ser cuadradas.

Uno de los sabios que le servían de consejeros le recordó que el mundo era redondo. El soberano entonces añadió una cláusula a su edicto por la cual ordenaba que el mundo se hiciera cuadrado.

El mandato del monarca se cumplió solamente a medias. Pese a la orden del rey el planeta siguió siendo redondo. Esa desobediencia irritó a Cleto, que declaró traidor al globo terráqueo. El mandato relativo a las pelotas fue cumplido, pero sucedió que ahora las pelotas botaban mal, y los niños no podían jugar con ellas. Aquello fue un trastorno generalizado.

Los sabios que aconsejaban al rey Cleto le sugirieron que diera marcha atrás. Él se negó: nunca retrocedía. Pero emitió otro decreto por el cual ordenaba que en adelante todas las pelotas de su reino fueran redondas.

La orden se cumplió. Los niños volvieron a jugar. Y dijo Cleto, orgulloso y satisfecho:

-Así se gobierna.

¡Hasta mañana!.

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