Calores, lluvias, incertidumbres, guerras, políticas irracionales, el T-MEC, noticias buenas y malas y ...¡el Mundial! Así entró el verano.
Este 30 de junio, no puedo prever si estaremos sufriendo el día primero de julio una resaca de triunfo o de tristeza, pues en este momento no sé el resultado del partido México-Ecuador, pero deseo, desde esta máquina donde escribo, que "haiga sido" lo que Dios "haiga" querido: que haya ganado México o que "haiga" perdido Ecuador.
¿Y si sí? ¿Ochenta toneladas de basura en Reforma? ¡No importa! ¿Que nos quitaron la visa? Con que no sea la de crédito con la que pagamos las chelas; que al cabo ya hacemos nuestro "shopping" en plataforma digital.
Cualquiera que haya sido el resultado del partido, de todos modos, extenderemos nuestra pasión futbolera hasta después del 19 de julio, cuando checaremos nuestro saldo y nos daremos cuenta que nos gastamos hasta el apoyo de los viejitos de julio, el nuestro y el de nuestra esposa (y aún nos quedó un saldito en contra en la tienda de la esquina, por un six que no reconcemos haber consumido). Hasta entonces cobrará relevancia el PIB, el IGAE, el ITAEE, la ENOE, las tasas del Banco de México y el tema de la solicitudes de extradición. Por lo pronto, hoy, ¡salud! Y viva México, carambas.
Me imagino que estas lides deportivas también tienen sus detractores, quienes están acabando con los antidepresivos en las farmacias, y que esperan con ansia que esto del Mundial acabe, para retomar, según ellos, la normalidad.
Pero también, reconocer que hay quienes están concentrados, como debe ser, en sus importantes trabajos. Me refiero a nuestro capaz equipo negociador del T-MEC, que precisamente hoy, primero de julio, junto con sus contrapartes estadounidenses y canadienses, deben elegir la manera en que se procederá con la continuidad del famoso y multicitado tratado de libre comercio México, Estados Unidos y Canadá.
Un tratado que vale más de 800 mil millones de dólares en intercambios comerciales, aproximadamente unos 14 millones de millones de pesos; poquito menos de los 17 billones que hemos acumulado de deuda en México; como 60% del PIB de nuestro sufrido país, causado por las decisiones desafortunadas de nuestros gobernantes en turno.
Un tratado que, de ser analizado y acordado de forma racional y con visión de futuro, puede llevarnos a crear y, por supuesto, pertenecer a la región con el mayor potencial de crecimiento y desarrollo holístico de este mundo.
Una región con el mayor número de consumidores con poder adquisitivo y la más educada. Con más recursos y futuro, podríamos hasta promover instituciones, no destruirlas como lo que hoy hacemos, y financiar la búsqueda de promesas futboleras, que de que las hay, las hay; solo necesitan ser descubiertas, pero pos sin lana ni plan, acaban jugando para "Farmacias Libertad" de la Liga Obrera local y algunos hasta son mejores que el tal Messi.
Bueno, ¿cuántos Einstein se quedan sin oportunidades? con IQ de 160 pero, teniendo que abandonar las escuelas por falta de recursos y programas serios de desarrollo científico en las escuelas, y terminan trabajando en la línea de una maquiladora, compartiendo ideas fantásticas con extranjeros sorprendidos con nuestro potencial desperdiciado. Suerte y éxito, pues, a nuestros negociadores, que en ellos descansa también el futuro de la región.
De mi parte, una sugerencia que no causa honorarios: ¿por qué no contemplamos un programa de huertos familiares, donde enseñemos al pueblo bueno a cultivar sus alimentos cerca de su casa, aprovechando las condiciones climatológicas extremas que estamos por experimentar este verano, a causa de "El Niño"? Veríamos colonias marginadas con casetas hidropónicas por todos lados y, por supuesto, menos hambre.
Como vemos, este 1 de julio definirá muchas cosas en estos lares, desde nuestra salud mental, deportiva y también económica.
Ánimo.
Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche dice cosas tremendas cuando está borracho, y cosas más tremendas aun cuando está sobrio.
Anoche, por ejemplo, todavía no descorchábamos la primera botella cuando dijo algo que a pesar de mis muchos años me escandalizó. Dijo:
-Los dos escritores más imaginativos en la historia de la literatura de ficción han sido Julio Verne y Santo Tomás de Aquino.
Añadió luego sin reparar en mi expresión molesta:
-No necesariamente en ese orden.
Ya con dos copas encima -o tres quizá- manifestó:
-Se han hecho películas con varias de las novelas de Verne: "Viaje al centro de la Tierra"; "20 mil leguas de viaje submarino"; "La vuelta al mundo en 80 días". Es una pena que no se haya hecho ningún film sobre la Suma Teológica de Santo Tomás. En una sola página de esa obra hay más imaginación y fuerza creativa que en todo lo que escribió Verne.
A pesar de que también he bebido ya tres copas -quizá cuatro- no lo contradigo. Carezco de argumentos para oponerme a su declaración. Leí hace mucho tiempo varias de las novelas de Verne, pero jamás pude reunir las fuerzas que se necesitan para leer a Santo Tomás de Aquino.
¡Hasta mañana!...