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El regreso a clases suele relacionarse con cuadernos nuevos, uniformes y el comienzo de otra etapa para los estudiantes; sin embargo, para muchas familias mexicanas también representa uno de los periodos de mayor presión económica del año.
Además de los útiles escolares, deben cubrirse inscripciones, colegiaturas, zapatos, mochilas, transporte y otros gastos que pueden rebasar el presupuesto familiar. Cuando el dinero no alcanza, la preocupación puede transformarse en estrés financiero y provocar afectaciones físicas y emocionales.
De acuerdo con información difundida por la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), las preocupaciones relacionadas con el dinero han provocado dolor de cabeza en el 30 por ciento de la población; falta de sueño en el 28 por ciento; gastritis o colitis en el 17 por ciento, y cambios en la presión arterial en el 12 por ciento.
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El problema no termina cuando se compran los útiles
La presión puede prolongarse cuando las compras escolares se realizan con tarjetas de crédito, préstamos o pagos diferidos sin considerar la capacidad real de pago de la familia.
Cubrir únicamente el mínimo de la tarjeta, por ejemplo, aumenta los intereses y prolonga la deuda. De esta manera, los gastos de agosto podrían continuar afectando el presupuesto durante varios meses.
El estrés financiero también puede manifestarse mediante irritabilidad, ansiedad, frustración y discusiones dentro del hogar. Las personas de entre 30 y 49 años presentan los niveles más altos de ansiedad, dolor de cabeza y dificultades para dormir relacionadas con sus finanzas, según la Condusef.
Esta presión también puede transmitirse a los menores cuando escuchan constantemente expresiones de preocupación o sienten que son responsables de los gastos escolares.
¿Cómo reducir la presión financiera?
Antes de realizar más compras, la dependencia recomienda elaborar un presupuesto y separar los artículos indispensables de aquellos que pueden esperar. Reutilizar materiales en buen estado, comparar precios y evitar adquisiciones impulsivas puede aliviar parte de la carga.
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También es importante revisar cuánto deberá pagarse mensualmente si se utiliza una tarjeta y no comprometer dinero destinado a alimentación, vivienda, servicios o transporte.
Con los niños se puede hablar del presupuesto sin generarles culpa. En lugar de repetir que “no hay dinero”, se les puede explicar que algunas compras no están contempladas por ahora y permitirles elegir entre distintas opciones dentro de una cantidad previamente establecida.
Si la preocupación económica provoca insomnio constante, ansiedad intensa, alteraciones en la presión o malestares gastrointestinales frecuentes, será recomendable solicitar atención profesional.
La salud también puede resentir una deuda, aunque sus consecuencias no aparezcan en el estado de cuenta.