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Ojalá también en la cancha

De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA 3 jul 2026 - 04:03

No es fácil dilucidar cuál es la explicación a la que llega gran parte de la población mexicana por el acontecimiento que está significando la Copa Mundial de futbol organizado por la FIFA.

Era realmente difícil de imaginar por los antecedentes próximos que la selección mexicana haya tenido hasta el momento tan destacado desempeño: 4 partidos, 4 victorias, 8 goles a favor, ninguno en contra. Pareciera pues inmejorable, aunque vale la pena destacar que todavía no se gana absolutamente nada, ni siquiera se ha asegurado el mejor papel de un conjunto mexicano en esta clase de certamen, ya que aunque se ha avanzado a la segunda ronda de la fase de eliminación directa con el triunfo el martes pasado ante Ecuador por 2 a 0, será este próximo domingo en el juego ante Inglaterra que en caso de victoria, se igualaría de alguna manera lo que se alcanzó en México 86, llegar a los cuartos de final, lo que hasta el mundial pasado le llamaba el quinto partido.

En aquel campeonato celebrado totalmente en México -ahora como es evidente, Estados Unidos está albergando la mayoría de los partidos, además de lo que también se celebran en Canadá- en 1986, el representativo nacional avanzó como primero de grupo tras derrotar en a la primera jornada 2-1 a Bélgica, empatar su segundo partido con Paraguay 1-1 (Hugo Sánchez falló un penal que hubiera ayudado a sacar los tres triunfos en tres partidos, pero no se pudo) y venció a Irak 1-0.

En aquella justa, en la que participaban 24 naciones, nuestro país logró superar los octavos de final derrotando a Bulgaria 2 a 0, llegando a los cuartos de final, justamente como ocurrió en México 70, sólo que en aquella competencia participaban 16 equipos, México en ese entonces sumó dos victorias y un empate, al derrotar a Bélgica 1-0, golear a El Salvador 4-0 y empatar sin tantos ante la Unión Soviética; lo que por diferencia de goles ante los soviéticos quedaron en segundo lugar de grupo y llegaron a los dichosos cuartos de final. Ese partido fue ante Italia y se perdió 4-1 en Toluca, por lo que si bien México quedó entre la ronda de los 8 mejores, accedió a ella sin disputar los octavos de final como sí se hizo en 86.

Así entonces en el plano deportivo e incluso comparando hasta ahora lo que hecho por los nuestros en las tres ediciones mundialistas celebradas en nuestro país, la de hoy está siendo la mejor participación en números, incluso se puede decir que hasta en desempeño en general en el campo de juego, pero nuevamente, hasta ahora aunque va perfecto, no se ha conseguido nada relevante.

Lo casi incompresible es el ámpula que esto ha generado, a cada triunfo, centenares de miles se van al Ángel de la Independencia en la avenida Reforma de la Ciudad de México a celebrar. Los últimos reportes hablan de más de 600 mil asistentes. Tal aglomeración ya causó la muerte por asfixia de 4 personas, lo cual es lamentable por supuesto, pero el fenómeno social sigue siendo casi surrealista.

La euforia mundialista se ha replicado, en los dichosos Fan Fest instalados en Guadalajara y Monterrey y en los propios encuentros celebrados en esas urbes. La fiebre mundialista parece alcanzar a casi todos.

Hoy, a dos días del próximo juego, la selección de México está ahora sí a un paso de hacer historia: volver a alcanzar los cuartos de final vía partidos de eliminación directa, y en esta ocasión ante un rival de calado como lo es Inglaterra, campeona del mundo en 1966.

A cualquier mexicano debe alegrarle lo hecho por los nuestros hasta ahora, enorgullecernos incluso de la alegría y color que le hemos puesto al mundial. Bonita la frase de "y si, sí" que significa que quizá esta vez nos toque llegar lejos, pero hasta librar el gran escollo del domingo, porque si no, seremos una vez la nación fiestera, cálida y alegre que vemos desde la distancia el avance deportivo de otros. Ojalá esta vez también en la cancha seamos distinguidos.

La gente del Potrero ha vuelto a creer en Dios. La lluvia suele renovar su fe, que languidece en tiempos de sequía. Los animales comparten ese renacer. Otra vez la silenciosa vaca muge; el taciturno asno rebuzna; la callada gallina cacarea. Y los hombres hablamos, que es nuestra manera de cacarear, mugir y rebuznar.

En la cocina de la antigua casa la tertulia se alarga tras la cena. Don Abundio narra algo que le aconteció al padre de doña Rosa, su mujer.

-Se le treparon las copas, y cuando se subió al caballo lo hizo de modo que quedó con la cara hacia la cola del animal. Le dije: "Se montó usté al revés, tata". Me contestó: "¿Y cómo chingaos sabes pa' 'ónde voy?".

Todos reímos, menos doña Rosa. Masculla con enojo:

-Viejo hablador.

Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:

-Por ésta.

¡Hasta mañana!...

 E L cuento que hoy descorre el telón de esta columna no debe ser leído por personas con escrúpulos de moralina. Lo leyó doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, y sufrió una violenta crisis de colerín, carrerillas o cursera que su médico hubo de tratarle con pastillas de cachunde. Hecha la anterior advertencia procedo a relatar dicha vitanda historia. Un individuo llegó a la tienda de electrodomésticos y le pidió al dueño que le mostrara una plancha. Le trajo una el propietario, y el tipo quiso saber su precio. "Cuesta 10 mil pesos" -le informó el hombre. El presunto cliente se encrespó: "¿10 mil pesos por esta chinchurrienta plancha que puedo levantar con la.?". Y dijo con qué podía levantarla. El dueño del establecimiento lo retó: "Si la levanta con eso se la lleva gratis". El sujeto se puso en aptitud de responder al desafío, y ante el asombro del propietario levantó la plancha tal como había dicho. "Tratos son tratos -declaró el comerciante-. La plancha es suya". Transcurrió un par de meses, y cierto día el dueño de la tienda se topó en la calle con el individuo, y lo reconoció: "Usted es el hombre que en mi local levantó una plancha con aquello". "Así es -respondió el tipo-. Y prepárese, porque estoy entrenando pa' un refrigerador". La esposa, romántica y ensoñadora, le preguntó a su marido: "¿Me amarás cuando mis cabellos se pinten de blanco?". "Claro que sí -respondió él-. Te he amado a través de otros 14 tintes". Un senderista iba por un camino rural. El calor era bochornoso. Vio un arroyuelo de frescas y cristalinas aguas, y se desvistió para entrar en él. En eso se aparecieron la señorita Himenia y su amiga Solicia. Apresuradamente el hombre se cubrió con el sombrero las pudendas partes. "No es usted un caballero -le reprochó Himenia-. Si lo fuera se quitaría el sombrero". Siento particular afecto por Torreón. De niño pasé vacaciones ahí. Gocé en el Estadio de la Revolución los fragorosos juegos del equipo de beisbol Unión Laguna. Luego, joven ya, fui a morelear por el hermoso paseo al que acudían las lindísimas chicas de la ciudad. Lejos estaba entonces de imaginar que un día iba a tener el honor de ver mis columnas publicadas en "El Siglo de Torreón", uno de los más prestigiosos periódicos de México, señoreado por el señorial señor don Antonio de Juambelz, de quien tantas buenas lecciones de periodismo recibí. Tampoco podía saber que pasado el tiempo me sería otorgado el título de Lagunero Honorario por el Cabildo de Torreón, presidido entonces por don Homero del Bosque, hombre bueno y sabio, escritor de fina pluma. Con el afecto y admiración que siento por esa ejemplar ciudad expreso aquí mi complacencia por el hecho de que el ex gobernador Miguel Riquelme haya sido nombrado alcalde de Torreón. Mejor designación no pudo haberse hecho. Riquelme es lagunero de corazón; conoce bien el municipio, pues ya fue alcalde en él; es excelente administrador y político hábil, conciliador y de resultados. Tiene una muy buena relación con el gobernador Manolo Jiménez Salinas, y de seguro llevará a cabo, en coordinación con él, una excelente labor en bien de Torreón y de los torreonenses. Más de una vez compartí una buena mesa con el ingeniero Riquelme en la grata compañía de José María Fraustro Siller, quien fue magnifico alcalde de Saltillo. Espero ahora disfrutar con ellos, y con otros buenos amigos, de un rico almuerzo en "La Majada" o de un suculento banquete en alguno de los espléndidos restaurantes de comida árabe o española que enriquecen la variada gastronomía de Torreón. Yo invito. FIN.

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