L A grieta profunda entre la sociedad mexicana que construyó AMLO en su sexenio y que Claudia había tratado de aminorar, en cierta forma, se ha vuelto a profundizar de cara a las elecciones intermedias del próximo año. Además de los desencuentros ideológicos entre chairos y fifís hay que sumar la pugna que se da entre periodistas que no son oficialistas contra representantes de la llamada 4T.
El pasado mes de agosto sorprendió que la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, presentó un supuesto análisis sobre un "ecosistema digital" coordinado, a decir de ella, por periodistas, medios de comunicación y opositores que trabajan de manera coordinada para golpetear al oficialismo. En el marco de esta presentación mostró una lista de comentócratas, periodistas y medios de comunicación a quienes acusó de respaldar, politizar y difundir información para atacar a la Administración de Claudia Sheinbaum.
Esta acción fue interpretada como un acto de intimidación y de autoritarismo además de azuzar a sus granjas de bots y gente afín al morenismo para que emprendieran, sin pedirlo expresamente, ataques en contra de los personajes y empresas aludidas.
A inicios de este mes, como parte de la logística de su informe de gobierno, el mandatario morenista de Zacatecas, David Monreal, hizo circular una lista o base de datos de periodistas incómodos, críticos de su gobierno, activistas, que incluían información personal, fotografías y placas de todos estos personajes, y que tenía la finalidad de negarles el acceso al acto protocolario. La organización Artículo 19 condenó los hechos y exigió al gobierno de Zacatecas aclarar el origen de ese listado de perfilamiento. Por su parte, el gobierno de Monreal negó los hechos y se limitó a decir que se trataba de "política ficción".
Pero en la vereda de enfrente también se cuecen habas. El día de la presentación del segundo informe de la presidenta Sheinbaum llamó la atención un trascendido que el experimentado periodista regiomontano, Ramón Alberto Garza, convirtió en nota, asegurando, sin citar fuentes, ni presentando testimonios, ni videos, que minutos antes de su comparecencia, la jefa del Ejecutivo sufrió una crisis de estrés y necesitó atención médica. Una "nota" sin el respaldo del más mínimo rigor periodístico que empaña la reputación de quien fuera director editorial de El Norte, Reforma y Editorial Televisa.
En ese mismo tenor la combativa y polémica periodista Anabel Hernández sorprendió al asegurar en sus espacios de difusión, en redes sociales, que la Presidenta consume marihuana para mitigar el estrés y la depresión provocados por las presiones propias de su cargo. Hernández basa sus dichos en "fuentes anónimas", lo cual no sorprende toda vez que sus investigaciones periodísticas las sostiene desde esa peculiar manera para procesar información. Por esa razón los libros de Hernández sobre García Luna fueron bien recibidos por la 4T y por el mismo AMLO quien la distinguió al considerar el suyo un "periodismo valiente" Sin embargo, luego la periodista sacaría su libro en el que da cuenta de cómo el Cártel de Sinaloa le dio grandes sumas de dinero al político tabasqueño y de cómo protegió a ese mismo cártel durante su sexenio. A partir de ahí todo lo que dice Anabel es mala palabra para el oficialismo.
Lo que sí es que asegurar que Sheinbaum le queme las patas a satanás resulta totalmente desproporcionado. Ya se excede de los límites.
Frenemos un poco. La grieta tan profunda hace que se corran los límites y eso no es bueno para nadie.
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