México necesita una Cultura de Seguridad Nacional porque enfrenta el deterioro de capacidades esenciales para proteger a su población, ejercer su autoridad y preservar su soberanía y democracia. No basta conocer las amenazas: debemos comprender cómo transforman al Estado y qué necesitamos reconstruir para asegurar su futuro.
En distintas regiones, el crimen organizado extorsiona negocios, condiciona actividades productivas, amenaza comunidades, penetra instituciones y disputa el ejercicio efectivo del poder. Para muchas familias, la inseguridad determina dónde trabajar, cómo desplazarse y cuándo guardar silencio.
Comerciantes, productores y transportistas quedan sometidos a pagos ilegales que encarecen sus actividades y reducen oportunidades. "Cuando estas prácticas persisten, la población modifica sus hábitos y aprende a convivir con poderes que ninguna autoridad constitucional debería tolerar".
Cuando un ciudadano teme denunciar, una empresa paga para seguir operando o una autoridad cede ante amenazas, se deteriora la capacidad estatal de garantizar derechos. La ENVIPE 2026 del INEGI estimó que: de 33.8 millones de delitos estimados en 2025, el 93.4 % de los delitos no fueron denunciados o no se abrió carpeta de investigación (Extorsión 97.5 % y Fraude 96.5). Las cifras evidencian la distancia entre el delito y la respuesta institucional. «¿De qué sirve la autoridad constitucional si no puede proteger a quienes debe servir?»
Nuestra Constitución establece una República representativa, democrática, laica y federal, sustentada en la soberanía popular. Pero su existencia jurídica no garantiza el ejercicio efectivo de la autoridad. Donde organizaciones criminales imponen reglas, controlan mercados o intimidan funcionarios, restringen libertades y disputan funciones públicas. "La soberanía no desaparece porque el crimen desafíe al Estado; se debilita su ejercicio cuando la autoridad constitucional deja de ser efectiva".
A estas vulnerabilidades se suman reformas institucionales profundas. La desaparición de organismos autónomos y los cambios en los contrapesos obligan a examinar sus efectos sobre independencia, rendición de cuentas y capacidad efectiva del Estado. Las reformas deben juzgarse por sus consecuencias, no por sus promesas. "Concentrar poder no significa fortalecer instituciones".
Ante las elecciones de 2027, la intimidación criminal de candidatos y comunidades representa un riesgo para la libertad política allí donde ocurre. En el exterior, las presiones estadounidenses relacionadas con el narcotráfico y la frontera plantean desafíos adicionales. México necesita cooperación, pero también capacidad para defender sus intereses y decidir soberanamente. "Las debilidades internas pueden convertirse en vulnerabilidades estratégicas frente a presiones externas".
Existe otra vulnerabilidad: nuestra insuficiente comprensión colectiva de lo que ocurre con el Estado. Podemos conocer cifras delictivas sin advertir cómo cambia el poder territorial; discutir reformas sin examinar sus efectos; exigir respuestas inmediatas sin pensar en las capacidades necesarias para mañana.
"Una Sociedad que no comprende cómo se debilita su Estado difícilmente podrá exigir su reconstrucción".
Aquí adquiere sentido una Cultura de Seguridad Nacional: no como propaganda gubernamental ni pensamiento uniforme, sino como capacidad colectiva para comprender la realidad, reconocer vulnerabilidades y asumir responsabilidades.
Su construcción requiere tres ámbitos articulados: «La Academia debe enseñar a comprender». Necesitamos profesionistas capaces de investigar causas, contrastar evidencias, identificar relaciones y anticipar consecuencias. El pensamiento crítico y estratégico corresponde también a médicos, ingenieros, economistas, abogados y educadores. Sin conocimiento independiente, cuesta distinguir soluciones de discursos.
«La educación cívica debe enseñar a participar y exigir». Comprender derechos, responsabilidades y diferencias entre Estado y gobierno permite evaluar decisiones, defender principios constitucionales y ejercer vigilancia democrática. Sin ciudadanos informados, el deterioro institucional puede normalizarse.
«El servicio público debe conducir y responder por sus resultados». Quienes ejercen autoridad deben reconocer vulnerabilidades, anticipar consecuencias y fortalecer capacidades institucionales. "Administrar presupuestos y cumplir procedimientos resulta insuficiente cuando la corrupción desvía recursos públicos y decisiones".
La Academia genera conocimiento crítico; la ciudadanía participa y exige; el servicio público decide, ejecuta y rinde cuentas. "Su articulación permite transformar comprensión en responsabilidad y responsabilidad en reconstrucción".
Difundir información no significa haber formado una cultura. Esta adquiere valor cuando modifica nuestra manera de comprender, juzgar, decidir y actuar. México necesita reconstruir capacidades, recuperar confianza y restablecer la autoridad legítima donde ha sido desplazada. "Una Cultura de Seguridad Nacional no realizará por sí sola esa tarea, pero proporciona fundamentos para exigirla, orientarla y evaluar resultados".
Reconstruir no significa regresar mecánicamente al pasado. Significa recuperar legalidad, profesionalismo, confianza y capacidad de actuación, con instituciones sometidas a controles democráticos y evaluadas por resultados verificables y sostenidos.
"Nuestra historia, geografía y aspiraciones nacionales deben sustentar una doctrina propia, congruente con los fines constitucionales".
«El mayor peligro no es solo que el crimen acumule poder, sino que aceptemos su dominio mientras perdemos la capacidad de comprender nuestra realidad y reconstruir las instituciones que protegen nuestra libertad».
* El autor de esta colaboración es General de División Estado Mayor y Maestro en Seguridad y Defensa Nacionales.