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La coincidencia de varios terremotos devastadores durante el mes de septiembre ha llevado a que popularmente se considere como el mes de mayor actividad sísmica en México. Sin embargo, cuando se analizan únicamente los movimientos de mayor magnitud, los registros históricos muestran una realidad diferente.
De acuerdo con información obtenida de la base de datos del Servicio Sismológico Nacional (SSN), desde el 1 de enero de 1900 y hasta el 10 de agosto de 2026, junio es el mes que acumula la mayor cantidad de sismos superiores a magnitud 6.0 en territorio mexicano.
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Durante ese periodo se contabilizaron 33 movimientos de esa intensidad ocurridos en junio. Diciembre aparece muy cerca, con 32; mientras que enero y octubre registran 27 cada uno.
En contraste, marzo presenta la menor cantidad de temblores superiores a magnitud 6.0, con 14 registros, seguido de febrero, con 15.
Septiembre encabeza el número total de sismos
El resultado cambia cuando se consideran todos los movimientos registrados, sin importar su magnitud. En esa medición, septiembre ocupa el primer lugar con 37 mil 825 sismos, seguido de enero, con 36 mil 331, y octubre, con 35 mil 331.
Los datos también muestran que los terremotos de mayor magnitud registrados en México alcanzaron 8.2 y ocurrieron en junio y septiembre. No obstante, esto no permite establecer que alguno de estos meses represente necesariamente un mayor riesgo.
En el caso de agosto, la cifra debe interpretarse con cautela, pues la consulta utilizada para elaborar el recuento solamente incluye información hasta el día 10 de ese mes en 2026, mientras que los demás meses cuentan con periodos anuales completos.

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¿Existe una temporada de sismos en México?
Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han aclarado que no existe una temporada de sismos. Estos fenómenos no están relacionados con un mes, una estación del año ni con las condiciones meteorológicas.
Las diferencias observadas en los registros históricos pueden estar influidas por secuencias de réplicas y por el aumento de estaciones y herramientas de monitoreo. Actualmente, es posible detectar movimientos pequeños que décadas atrás habrían pasado inadvertidos.
Por ello, que junio acumule más sismos fuertes o que septiembre encabece el total de movimientos constituye una observación estadística, pero no permite anticipar cuándo ocurrirá el próximo terremoto.
Sin embargo, no hay que olvidar que México se encuentra en una zona de alta actividad tectónica, por lo que la prevención debe mantenerse durante todo el año.