
El sismo que tiró al Ángel: la historia que volvió tras el temblor del viernes 2 de enero
Las imágenes recientes del Ángel de la Independencia balanceándose durante un sismo en México despertaron la memoria colectiva. No es la primera vez que la Columna de la Independencia enfrenta la furia de la tierra: en 1957, un terremoto histórico derribó por completo a la Victoria Alada, uno de los símbolos más reconocibles del país.
El día que el Ángel cayó
La noche del 28 de julio de 1957, un fuerte sismo sacudió la entonces Ciudad de México. El movimiento telúrico provocó daños en diversas construcciones, especialmente en colonias como Roma, Tabacalera y San Rafael.
El impacto fue tal que la escultura de la Victoria Alada, ubicada a más de 40 metros de altura, se desplomó desde la cima del monumento, quedando destrozada sobre el pavimento.
Las fotografías de la época, hoy consideradas auténticas joyas históricas, muestran el cuerpo del Ángel partido y tendido a los pies de la columna, una imagen que marcó a toda una generación.

Un terremoto histórico
El sismo tuvo una magnitud estimada de 7.9 y su epicentro se localizó en la Costa Chica de Guerrero, una de las zonas sísmicas más activas del país.
Aunque la capital no colapsó como ocurriría décadas después en 1985, aquel terremoto dejó claro que la ciudad, y sus monumentos, no eran invulnerables.
Reconstrucción y regreso del símbolo
Tras la caída, la escultura original no pudo ser restaurada. Fue necesario fundir una nueva Victoria Alada, que regresó a la cima de la columna en 1958, reforzada estructuralmente para resistir futuros movimientos telúricos.

Desde entonces, el Ángel ha sido intervenido y reforzado en varias ocasiones, especialmente después de otros grandes sismos, como los de 1985 y 2017.
La memoria que vuelve con cada temblor
Cada vez que la tierra se mueve y las imágenes del Ángel balanceándose circulan en redes sociales, la historia de 1957 regresa. Para muchos mexicanos no es solo un dato histórico, sino un recuerdo familiar.
Historias así recuerdan que los terremotos no solo mueven edificios: sacuden memorias, generaciones y símbolos nacionales.