El cierre estuvo a cargo de Beto Márquez 'El Dragón', referente de la trova en Durango.
La Fiesta de la Candela encendió su primera noche con trova, guitarras y letras cargadas de emoción, convirtiendo el Corredor Constitución y la Plaza de Armas en un escenario abierto donde la música de autor fue la gran protagonista.
Desde el atardecer, las voces de cantautores duranguenses comenzaron a tejer un ambiente íntimo, cercano, casi confesional, en el que el público se dejó llevar por historias de amor, memoria, lucha y esperanza. La trova no solo sonó: se sintió, se cantó en coro y se compartió como un acto colectivo.
Carlos Ortega abrió la velada con una propuesta sensible y romántica, respaldada por una trayectoria sólida dentro del género. Su interpretación marcó el tono de una noche pensada para escuchar con calma, para detenerse en cada verso y cada acorde.
A él se sumó Beto Calderón, cuya frescura musical y capacidad interpretativa conectaron de inmediato con el público. Con una formación temprana y reconocimientos en concursos de composición, su propuesta aportó emoción y cercanía, recordando que la trova sigue siendo un lenguaje vivo.
Javier Ríos "Chelito" llevó al escenario una voz con historia. Con un pasado en la música latinoamericana y una carrera como trovador independiente desde finales de los noventa, sus canciones abordaron temas sociales, ambientales y humanos, ampliando el horizonte emocional de la noche.
El cierre estuvo a cargo de Beto Márquez "El Dragón", figura clave del movimiento de trova en Durango. Con más de tres décadas de trayectoria, su presentación destacó por la profundidad de sus letras y la diversidad de géneros que atraviesa, construyendo un espacio de reflexión sobre la vida, el amor, la paz y la libertad.



