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¿Un gobernador en la boleta?

De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA 20 sep 2026 - 04:03

Asos hay, pero lo primero que tenemos que distinguir es de qué tipo de candidato estamos hablando. Por ejemplo, en 2017, Jaime Rodríguez "El Bronco" puso sobre la mesa un antecedente muy interesante: siendo gobernador de Nuevo León, se convirtió en aspirante a una candidatura independiente a la Presidencia de la República y comenzó a reunir firmas mientras seguía ejerciendo el cargo.

Cuando llegó el momento de convertirse en candidato presidencial, tuvo que separarse de la gubernatura, ya que la Constitución tiene una regla específica para quien ocupa este cargo y quiere ser presidente: se debe separar seis meses antes de la elección. Es decir, un gobernador puede aspirar a otro cargo, pero los requisitos cambian dependiendo de cuál sea su aspiración.

Si nos vamos al ámbito legislativo, hay otros dos casos paradigmáticos; el primero es el de Cuauhtémoc Blanco, quien cuando todavía era gobernador de Morelos fue registrado como candidato a diputado federal por representación proporcional, siendo su candidatura impugnada. Al final, se concluyó que sí podía ser postulado, ya que la prohibición constitucional para los gobernadores aplica a las elecciones de mayoría relativa, pero no a las diputaciones de representación proporcional.

Sin embargo, la Constitución también establece que quienes tengan mando en la policía en el distrito donde se celebre la elección deben separarse del cargo cuando menos 90 días antes de la jornada electoral. Por ello, el Tribunal determinó que Blanco sí debía separarse; para entonces ya no podía cumplir los 90 días, pero la Sala Superior, por mayoría de votos, mantuvo su registro. El segundo caso es el de Mauricio Vila, entonces gobernador de Yucatán, quien fue registrado como candidato a senador por representación proporcional; aquí la controversia no fue si un gobernador podía ser candidato plurinominal, sino en si podía continuar ejerciendo la gubernatura mientras era candidato. El Tribunal determinó también que debía separarse porque el gobernador tiene mando sobre la fuerza pública y eso podría influir en la contienda. Y aquí es donde estos antecedentes jurídicos cobran vigencia ante las declaraciones del gobernador Esteban Villegas sobre la posibilidad de participar en una candidatura en 2027. Con los antecedentes que tenemos, si se tratara de una diputación federal, no podría ser de mayoría relativa por Durango, pero sí podría plantearse una candidatura de representación proporcional, con la obligación de separarse por el mando sobre las fuerzas de seguridad pública.

Si tomamos en cuenta que la jornada electoral de 2027 es el 6 de junio, se debería separar a más tardar el 8 de marzo del próximo año, y ante este escenario surge la pregunta ¿quién gobernaría Durango? La Constitución local no contempla la renuncia al cargo de gobernador; contempla la licencia. Si la ausencia no excede de 60 días, la Secretaría General de Gobierno se hace cargo del despacho, pero una separación de 90 días rebasaría ese plazo y obligaría al Congreso a designar un gobernador provisional.

Así que, en los escenarios de 2027, lo que hay que analizar no es solamente si un gobernador puede aparecer en la boleta, sino a qué cargo, bajo qué reglas y qué tendría que ocurrir con la gubernatura mientras busca convertirse en candidato.

X: @omarortegasoria

N las noches de bodas suceden cosas impensadas. La novia le dijo con enojo al novio en el tálamo nupcial: "¿Cómo que si me gustó? ¿Qué ya fue todo?". (No seas exigente, novia. Recuerda lo que dice don Abundio el del Potrero: "No es lo mesmo dar que recebir"). La palabra "candidato" tiene un curioso origen. El vocablo latino candidus significa "blanco". En la Roma antigua los aspirantes a ocupar un puesto público electivo vestían una toga blanca como símbolo de la pureza de sus intenciones. Seguramente los más de ellos debían haberle puesto a la toga unas pintitas negras, como hacían antes en sus vestidos las novias que llegaban al altar sin llevar ya consigo la gala de su doncellez. Don Cacaseno se presentó como candidato a alcalde de su pueblo. Saco dos votos. Con agrio acento le reclamó su esposa: "A mí no me engañas. Tú tienes una amante". No quiero decir mal de doña Ignavia. Las murmuraciones, si bien ponen sal y pimienta a la conversación, pueden llegar a ser falso testimonio, culpa que la señorita Peripalda, catequista, definió como "eso que se les levanta a los hombres". Aun con tal escrúpulo diré que doña Ignavia, a más de ser mujer de pocas letras y escasa de caletre, era también celosa y vengativa. Su marido fue a Italia por motivos de trabajo. Desde ese bello país le envió a su mujer un mensaje entusiasmado: "¡Florencia es fantástica!". De inmediato le contestó doña Ignavia, rencorosa: "El vecino del 14 tampoco está tan mal". En el infierno la esposa de Lucifer le dijo a su marido: "Ya no aguanto a tu hijo. Todo el día se ha portado como un angelito". (El mocoso salió a papá, pues en sus buenos tiempos Lucifer fue un ángel, según la fértil imaginación de los doctrinarios). Don Algón es lo que antiguamente se llamaba un viejo verde. A pesar de haber acumulado ya bastantes calendarios, se comportaba como si estuviera todavía en la edad vernal, o sea primaveral. En cierto bar, de esos a donde las mujeres van a buscar marido y los maridos van a buscar mujeres, conoció a una damisela que de inmediato lo atrajo poderosamente por sus exuberancias de orden físico, tanto en la parte norte como en la comarca sur. Por delante hacía recordar a Dolly Parton (QEPD); por atrás evocaba a Marilyn Monroe. Después de invitarle un par de copas -champaña pidió la madamina- don Algón le dijo con romántico acento de seductor galán: "¡Daría el cielo y la tierra por tenerte entre mis brazos!". "¿Ah sí? -respondió con displicencia la mujer-. ¿Cuánto es para usted, en dinero, eso del cielo y la tierra?". La chica llamó por teléfono a su ex novio: "Acabo de salir de la consulta con el ginecólogo, Clotaldo, y estaba yo equivocada: no todo ha terminado entre nosotros". Doña Macalota fue a visitar en el hospital a su casquivano consorte, don Chinguetas, internado ahí por un problema leve de salud. Al entrar en la habitación del enfermo se percató de que no estaba tan enfermo, pues se hallaba yogando competentemente con la enfermera de turno. Antes de que la estupefacta esposa pudiera articular palabra, le dijo don Chinguetas: "Revisa la lista de lo que me prohibió el doctor, y verás que la señorita no está en ella". La recién casada se quedó boquiabierta, patidifusa y turulata cuando su joven marido llegó a la casa acompañado por 30 hermosísimas mujeres de todos los orígenes y razas. Las había orientales, africanas, europeas, asiáticas; de todas. El muchacho le dijo a su asombrada compañera: "¿Recuerdas a aquel turista de los países árabes al que serví de guía cuando estuvo aquí? Resulta que era sultán. Murió, y me heredó su harén". (Se escuchan voces masculinas: "¡Invita, cabrón!"). FIN.

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