Editoriales

 

¿Ya no creemos en la democracia? Los Cuates de Torreón y la ciberviolencia Historias de la creación del mundo

Mirador

ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CAT?N) 11 oct 2026 - 04:03

Las encuestas dicen mucho de nosotros, y cuando estas se han llevado durante periodos largos de tiempo, también nos permiten ver cómo ha ido evolucionando una opinión. En lo personal, siempre me ha gustado analizar el Latinobarómetro que, desde 1995, de una forma muy sintética, brinda un panorama general sobre cómo la ciudadanía percibe que se está comportando la democracia y sus instituciones; además, permite compararnos entre países.

Y justamente esta semana tuvimos una nueva edición, que implicó 19,207 entrevistas cara a cara, en 17 países; en México se entrevistaron a 1,200 personas y, por supuesto, hay hallazgos muy interesantes. Por ejemplo, la mayoría de los latinoamericanos considera que sin elecciones no puede haber democracia; sin embargo, 3 de cada 4 no se sienten representados por su Congreso; acudir a las urnas no basta, cuando después no nos sentimos escuchados por las personas electas.

Los datos de México tienen varias interpretaciones; por ejemplo, aunque el apoyo a la democracia alcanza 45% y está por debajo del promedio regional, la confianza en la Autoridad Electoral llega a 53%, frente al 34% latinoamericano; es decir, no apoyamos tanto a la democracia, pero sí confiamos en el INE. Además, sigue presente la desconfianza en otras instituciones; por ejemplo, el Congreso solo obtiene 29%, la policía 26% y los partidos políticos 18%.

La evaluación de México como país no es mala, ya que el 35% considera que ha hecho mucho o algo por ellos y sus familias durante los últimos tres años, la tercera proporción más alta, compartida con Costa Rica; y en la eficiencia estatal, México obtiene cinco sobre diez, empatando el tercer lugar con República Dominicana.

Por el otro lado, si volteamos a la seguridad, un 88% de los encuestados atribuye mucho o bastante poder al crimen organizado, la quinta proporción más alta de Latinoamérica. Además, 39% considera que se está perdiendo la batalla contra el narcotráfico y el crimen organizado, mientras 38% piensa que no se le puede ganar.

Frente al exterior, México es el país que peor evalúa a Donald Trump: le asigna 2.8 sobre diez; un 79% desaprueba su conducción de los asuntos internacionales, el porcentaje más alto de la región. A pesar de esto, un 47% mantiene una opinión favorable de Estados Unidos como país.

Por supuesto que apoyar la democracia, estar satisfecho con su funcionamiento y aprobar a un gobierno no es lo mismo, ya que una persona puede defender las elecciones y cuestionar los resultados de una administración. Si volteamos a ver a El Salvador, el 75% considera que se está ganando la batalla contra el narcotráfico y el crimen organizado; el promedio latinoamericano apenas alcanza 18%; además, el 79% cree que su país va en la dirección correcta.

Todos estos contrastes dejan una pregunta sobre lo que esperamos de nuestras instituciones; por supuesto que la seguridad y los resultados de un gobierno importan, pero también la posibilidad de exigir cuentas y cambiar a quienes gobiernan. Si la representación no convence y el crimen conserva tanto poder, ¿qué tendría que cambiar para que la democracia vuelva a sentirse cercana?

X: @omarortegasoria

"Pascuala, Dios te mantenga, / Norabuena vengas, Mingo. / ¿Hoy que es día de domingo / no estás con tu esposa Menga? / No hay quien allá me detenga, / que el cariño que te tengo / me pone un quejo tan luengo / que me acosa que me venga". Esos versos, ligeramente adulterinos, pertenecen a un paso de Juan del Encina -no de la Encina-, y los dije con una linda chica pelirroja en la clase de Literatura Española de la maestra Amelia Vitela de García, que a su saber de letras juntaba ternuras maternales para sus alumnos de la secundaria en la Normal de Coahuila. Pues bien: hoy que es día de domingo declaro que soy lector devoto de los libros sagrados. Aclaro para mayor claridad: en mi fuero interno -y en el externo también- los libros sagrados son los de Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Tolstoi, Dostoievski, Flaubert, Dickens, y así hasta llegar a Faulkner, Rulfo, Borges y García Márquez. Los libros que los predicadores llaman sagrados, sobre los cuales fincan sus predicaciones, me parecen, a más de confusos, ominosos y punitivos. Espero no ser culpado de herejía por decir eso, y que algún nuevo inquisidor me imponga coroza y vela verde. Mis opiniones son demasiado mías como para ser tomadas en cuenta. Un texto sagrado dice que la paga del pecado es la muerte. Con el mayor respeto digo que conozco por lo menos dos casos donde la paga del pecado fue la vida. El primero me concierne. A la tierna edad de 8 años hurté una colilla de puro que mi padrino Arturo Dufour, elegante caballero, había dejado por ahí, y me la fumé en el corral de la casa de la abuela. Por poco perezco a causa de ese latrocinio. El mundo se me volvió morado; sentí mareos y náuseas, y jamás volví a tocar nada que contuviera el veneno del tabaco. Aquel pecaminoso robo me ha preservado la vida, y me ayudó a llegar a mis casi 90 años, plenamente vividos y gozados. El otro caso es mucho más interesante. Cierta señora, casada desde hacía una década, y sin hijos, le prestaba su casa a una amiga para que en ella se viera con su amante. Una tarde la amiga no llegó, y el hombre le dijo a la señora: "¿Qué le parece si.?". A ella le pareció, y por efecto de ese parecer quedó embarazada, pues no estaba en ella la causa de la falta de familia. El esposo recibió al hijo como suyo y, como en los cuentos, vivieron felices, con una numerosa descendencia de nietos y bisnietos. Aquí también la paga del pecado fue la vida. Pienso que el buen Dios está demasiado ocupado en mantener en orden la máquina del universo como para prestar demasiada atención a los desórdenes de esos pequeños y desordenados animalitos, los humanos, y traerlos a mal traer entre amenazas de castigos eternales y promesas de infinitos goces. Pero ¿a qué esas digresiones, tan ajenas a la naturaleza de este escrito? Viene a cuento para evocar a doña Mariquita, anciana de las que aún tenían el cabello blanco. Sola en la vida, pobre y achacosa, iba todos los días a la iglesia del lugar; se postraba ante la imagen del Señor y le pedía en voz alta, suplicante: "Ya llévame contigo, Padre. Mírame. Estoy enferma y abandonada en este mundo. No quiero ya vivir". Y así día tras día. Cotidianamente renovaba su lacrimosa solicitación. Un travieso monaguillo la escuchaba, y una mañana se ocultó tras el altar, y luego de oír la gemebunda prez de la ancianita le dijo con voz grave: "Mariquita: soy tu ángel de la guarda. El Señor ha oído tus oraciones, y me envió a que venga por ti para llevarte ya con él". Cuando la vejuca escuchó eso se asustó y dijo con voz trémula: "¡Ay, angelito de mi alma! ¡Dile que no me jallates!".

FIN.

 C Omo se recuerda, el pasado día primero de octubre, los hermanos gemelos Carlos y David, conocidos como "Los cuates", perpetraron un ataque en la Secundaria número 13 del ejido La unión, en Torreón, Coahuila, dejando como saldo a la subdirectora muerta y 4 personas más resultaron heridas.

La tragedia vuelve a colocar sobre la mesa el tema sobre la regulación de contenidos en las redes sociales y las fallas en los entornos familiares y escolares que llevan a los jóvenes a realizar estos actos vandálicos.

Fue por la tarde cuando los jóvenes de 18 años ingresaron al plantel, de donde eran exalumnos, e iniciaron el ataque luego de haber sacado de sus mochilas machetes, cuchillos y artefactos explosivos de manufactura casera.

Previamente, se habían cambiado de ropa, se colocaron tapabocas con figura de calavera y, uno de ellos, se puso una playera que tenía impreso fotografías de asesinos involucrados en tiroteos en escuelas.

En un principio se especulaba con la idea de que el acto fue debido a alguna represalia de los cuates por haber sido alumnos de ese plantel. Posteriormente, la Fiscalía de Coahuila estableció como principal línea de investigación el consumo de contenidos violentos y el fanatismo por perpetradores de masacres escolares.

En una de las paredes del cuarto de los gemelos se encontró escrito el nombre de Gabriel Alejandro Galaviz, quien en marzo de 2024 acuchilló y mató a 3 mujeres, en la UTEG, en Guadalajara, Jalisco, y que 5 meses más tarde se quitó la vida arrojándose de un segundo piso del Reclusorio Metropolitano de Puente Grande, en donde estaba recluido.

Los cuates eran miembros de un chat, True Crime Community, de Telegram, un foro oscuro de odio y apología de la violencia. Otro integrante de esta comunidad dijo en entrevista que eran tipos solitarios, víctimas de bullying.

Previo al ataque los cuates gritaron "Venimos por las mujeres", situación que los relaciona con el llamado movimiento "incel" (celibato involuntario), una comunidad que en la frustración sexual, la misoginia extrema y discursos de odio hacia las mujeres encuentra sus principales características.

La premiada serie de Netflix, Adolescencia, toca de manera relevante y genialmente resuelta la temática de los incel y la violencia que generan.

Ante estos trágicos sucesos la presidenta Sheinbaum reaccionó calificando lo sucedido como "un episodio muy lamentable" y presentó un plan para prevenir este tipo de agresiones en escuelas y erradicar la divulgación de material violento en línea, poniendo límites a las plataformas.

Aunque es una intención plausible, la realidad es que el tema es mucho más complejo. El gobierno puede darse a la tarea de identificar contenidos ilegales y solicitar que sean retirados, pero eso no basta.

En las redes, cuando un mensaje llama la atención, se puede viralizar y reproducirse en un sinfín de cuentas y espacios en muy poco tiempo. Bajar un contenido, además, puede producir el efecto de intensificar su notoriedad.

Tratar de minimizar la violencia en planteles escolares demanda el hacer frente a sus causas, como pueden ser: brindar contención a jóvenes con problemas emocionales, promover la creación de entornos familiares sanos, vigilar el tema de la disponibilidad de armas en casa, mantener comunicación con los hijos.

En estos casos lo más sencillo es culpar a las redes sociales. Delimitar el problema solo a este punto no alcanza.

Ladoscuro73@yahoo.com.mx

El Espíritu le preguntó al Señor: ¿Por qué hiciste a Arquímedes?

-¿Por qué hiciste a Copérnico?

-¿Por qué hiciste a Galileo?

-¿Por qué hiciste a Newton?

-¿Por qué hiciste a Darwin?

-¿Por qué hiciste a Einstein?

-¿Por qué hiciste a Hawking?

Respondió el Señor:

-Para que me expliquen.

¡Hasta mañana!...

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Editoriales