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ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA
lun 19 nov 2018, 8:16am 8 de 13

Fernando del Paso también escribió sobre Ángel Zárraga



LETRAS DURANGUEÑAS

Hace unos días -como sabemos- falleció el escritor mexicano Fernando del Paso (1935), quien igualmente no hace tanto había recibido el premio Cervantes, el máximo galardón que se otorga a los hombres y mujeres de letras en lengua española.

Reconocido principalmente como novelista (se le debe al menos una obra maestra con "Noticias del imperio", 1987, una espléndida reseña mediante las técnicas del relato moderno de la caída de Maximiliano) nuestro autor asimismo dejó un notable legado periodístico, recogido con esmero académico por Elizabeth Corral Peña en el tercer tomo de las Obras correspondientes y publicadas en conjunto por el FCE, la UNAM y el Colegio Nacional en el 2002.

Entre las más de mil páginas de dicho volumen -integradas por numerosos artículos de excelente índole cultural- destaca para Durango el titulado "Ángel Zárraga: ¿una mexicanidad que oculta su rostro?", escrito en París en febrero de 1989, y en donde se profundiza en el sentido de tal temática. No es poco para ser expresado en una pieza tan corta -dos o tres páginas-, ya que no estamos propiamente frente a un ensayo; sin embargo, esta línea de investigación sin duda abre la posibilidad a un ejercicio de mayor amplitud.

A través de un muy bien documentado contexto -como lo hace en todas las entregas para el periódico- Fernando del Paso traza brevemente los orígenes del pintor durangueño, su provechosa estancia en Francia y sobre todo su aprendizaje y crecimiento como artista. Permítaseme, por ello, transcribir dos o tres pasajes del texto en cuestión, al tiempo que le rendimos con gratitud un modesto homenaje al maestro apenas desaparecido físicamente:

"Con Braque, Picasso, Gris, Lothe y Metzinger, se lanza a la gran aventura cubista, y Guillaume Apollinaire lo llama "el ángel del cubismo"" (...)

"Ángel Zárraga es, o fue -dijimos- mexicano. Sin embargo, en su época muchos creyeron que era un artista español, y en nuestros días, cuando se pronuncia su nombre, pocos de los extranjeros, y aun de sus connacionales lo podrían asociar a los nombres de otros pintores mexicanos que fueron sus contemporáneos, como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. No se trata, sin embargo, de una injusticia. Tampoco de ignorancia, aunque su obra es, hasta la fecha, muy poco conocida para el gran público."(…)

"Decíamos también que Zárraga regresó finalmente a México, donde tuvo aún oportunidad de realizar una obra importante, y en particular los frescos de la catedral de la ciudad de Monterrey, así como algunos retratos notables, antes de morir, a los sesenta años de edad, el 22 de septiembre de 1946. Han debido, pues, pasar varias décadas para que su obra sea considerada como una de las producciones más notables de la pintura mexicana de este siglo. Mexicana, sí, a pesar de que Zárraga nunca pudo, nunca supo, nunca quiso recrear en su pintura los símbolos clásicos -o estereotipos- con los que se intentó caracterizar una "mexicanidad" un tanto verdadera, un cuanto inventada" (…)

"Es por ello que hoy, en que el interés por este artista mexicano ha vuelto a renacer tanto en su tierra como en el extranjero, convendría rastrear y ubicar sus obras y elaborar un catálogo exhaustivo, a fin de evitar su deterioro e incluso su desaparición -como ocurrió con los frescos de La Maison du Café de París-, y con la mira puesta en la posibilidad de adquirirlas algún día para enriquecer el patrimonio cultural mexicano con la obra de uno de sus más destacados artistas".

Sirvan, finalmente subrayo, los anteriores renglones para valorar dos obras a la vez: la trayectoria pictórica de Ángel Zárraga y la buena pluma de don Fernando del Paso en este artículo que ahora será útil poner -entre otros documentos imprescindibles, como el firmado por Guillermo Sheridan, en mi opinión el mejor crítico literario en el México de hoy- junto al magnífico volumen "Ángel Zárraga. Primer realista mexicano del siglo XX" (2006), libro que en su momento recibí de las manos generosas del siempre bien recordado Jorge Herrera Delgado. La vida, de cierta manera, los seguirá acompañando.

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