Editoriales
ENRIQUE IRAZOQUI
vie 1 mar 2019, 9:02am 6 de 6

La ruta de un México mejor



No Hagas Cosas Buenas...

Fue una nota que parece que no tuvo tanta notoriedad como debería, quizá porque en esta los actores principales junto al presidente de México, eran los integrantes del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), institución que aglutina a un conglomerado de cámaras y sindicatos patronales, hoy defenestrados ante la opinión pública por la nueva retórica popular de la Cuarta Transformación. Por lo que hoy pocos medios se atreven a darle demasiado espacio a la clase empresarial, no vaya a ser que el escarnio popular o hacerse acreedores a la malquerencia de algunos miembros del nuevo régimen político imperante en México.

Antier se realizó el acto en el que asumió la presidencia del CCE el señor Carlos Salazar Lomelín, quien recibió la estafeta de Juan Pablo Castañón, teniendo el suceso la participación presencial de Andrés Manuel López Obrador. La presencia del primer mandatario del país en ese lugar no puede catalogarse como un acto más en el que participa el presidente. Andrés Manuel López Obrador por años cuando en su peregrinar en búsqueda de la presidencia, siempre mostró reticencia a los grupos representantes del dinero en el país.

Concretamente, no quiso nunca acercarse a convenciones de la banca mexicana que solía invitar a los candidatos presidenciales del momento para compartir sus ideas con foros donde ciertamente era integrado por gente con una capacidad económica diferente a la que Andrés Manuel solía dirigir sus campañas.

En lo que fue el año pasado, desde tiempos electorales, pasando por el largo periodo desde el día de las elecciones hasta el traspaso del poder presidencial e incluso en las primeras semanas del nuevo gobierno, AMLO y los suyos quisieron tener desencuentros con la Iniciativa Privada, algunos de ellos continúan siendo ocurrencias que nos han costado a todos.

La cancelación del proyecto de Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) apoyándose en una consulta organizada a modo; la idea que soltaron sus huestes de regular el mercado de las comisiones bancarias por decreto; el amago de la que la reforma energética será cancelada y hasta la falta de pericia que los nuevos funcionarios de PEMEX mostraron en el extranjero ante representantes de los mercados internacionales; el consentimiento tácito hacia los extorsionadores de la CNETE al bloquear por semanas las vías ferroviarias causando pérdidas económicas por cientos de millones de pesos; han sido solo algunas acciones que ciertamente le han costado al país. El dólar se depreció por el orden del 8% en un semestre igual que la Bolsa Mexicana de Valores sufrió un desplome del 12% así como signos inequívocos de una desaceleración en este inicio año son suficientes hechos como para pensar que el nuevo gobierno tiene una visión que poco valora la ciencia económica en general.

Sin embargo, lo sucedido antier en el acto de asunción del liderazgo el señor Salazar Lomelín, puede ser un signo de gran esperanza para México todo.

El nuevo presidente del Consejo Coordinador Empresarial le planteó al presidente de México un par de propuestas concretas: lograr que para nuestro país la inversión de convierta en una obsesión y por otro lado plantearnos como nación un plazo de 5 años para eliminar de nuestro territorio la pobreza extrema. Así de simple. Así de concreto.

En el primer caso, lo que el flamante presidente del CCE le pide a Andrés Manuel López Obrador es que su gobierno sea una coadyuvante para que en México se den las condiciones necesarias para que la inversión fluya, lo que generaría por naturaleza empleo que a su vez desemboca en bienestar para las familias. En lo segundo, es que se deje del lado el maniqueo que por décadas se ha hecho de la pobreza mexicana ya sea por necias posturas ideológicas o por mera corrupción, y sea un objetivo medible erradicar esa abominación que padecemos los mexicanos: tener compatriotas en la miseria, eso no se puede permitir.

Ante estos planteamientos, la respuesta del presidente de México fue brillante y valiente. Acepta las dos propuestas pero exige que le acepten una a él: acabar con la corrupción.

Muchos de las grandes capitales de este país se han hecho al amparo del poder, no es ningún secreto, y la herida al pueblo saqueado ahí prevalece.

Pero si se genera una política pública donde las reglas económicas se apliquen y sean campo fértil para que los inversionistas arriesguen su capital, en un país donde la corrupción sea penalizada en cualquiera de sus formas y a la vez se logra un Estado solidario que impida la injusticia de tener mexicanos en la extrema precariedad, tal vez ahora sí estaremos en una ruta de México mejor, de un México posible, no utópico.

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