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ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA
lun 15 abr 2019, 9:53am 10 de 13

Petronilo Amaya, del sistema poético al sistema crítico



LETRAS DURANGUEÑAS

La mayoría de los poetas tienen la virtud del viaje interior: representan en todos los tiempos la travesía de Dante al recorrer su horizonte personal -divinidades y demonios, aparte de lo puramente humano- para describir luego sus impresiones fundamentalmente a través de las músicas del corazón, para decirlo con un término de época. Los hay también quienes de igual manera asumen el papel -nunca mejor expresado- de Virgilio en la Divina Comedia: son guías que orientan a los demás en su descubrimiento del mundo, sin dejar por ello su impronta más sentimental. Trazan el verso y atienden a su compañía. Esta doble voluntad literaria, señalémoslo así, lo encarna espléndidamente entre los creadores durangueños de entre siglos Petronilo Amaya, (Coneto, Dgo., 1960), quien desde hace más de tres décadas no deja el ejercicio - a la vez- de ambas tradiciones. Por un lado, la labor de su mano cuenta con más de una docena de poemarios -a partir de "Sin retorno", 1981-, hasta llegar a "Tintas y Señales", 2019, mientras incansablemente da lugar a las publicaciones "Contraseña", primero, y "Cantaletras", después.

La historia de estas dos revistas todavía está por escribirse; sin embargo, subrayemos por ahora y como entradas del trabajo pendiente las siguientes preguntas: ¿Cuáles fueron los entornos que les dieron origen? ¿Quiénes han sido sus principales colaboradores? ¿Cómo fueron recibidas por la comunidad? ¿Cuál ha sido su aportación al desarrollo cultural de Durango? ¿De qué modo se han relacionado con otros esfuerzos similares en el país? Quede al menos apuntado aquí el tema tan abarcador que nos aguarda, y destaquemos el hecho ya anteriormente planteado, en palabras del premio Nobel Octavio Paz: nos-otros somos los otros. Porque Petronilo Amaya lo sabe muy bien al impulsar y difundir las páginas de creación de sus más fieles colaboradores. Junto a lo referido, como un centro indudable de acción, es estimable su propio cultivo poético, para el que propongo -a manera de un mejor examen de sus posibles sentidos- una clave interpretativa que consiste en observar la paulatina evolución de una obra poética a un sistema crítico.

Tomo este punto de mira de Guillermo Sucre, concretamente en su libro "La máscara, la transparencia. Ensayos sobre poesía hispanoamericana", FCE, 1985. En el estudio del prestigiado analista acerca de Ramón López Velarde, remarca una característica por demás interesante: ciertas producciones literarias se mueven, otorgándonos luz respecto a su verdadera sustancia, de un sistema a otro. Veamos el caso que nos ocupa, por la ventana del poeta zacatecano, teniendo enfrente -por cierto- los versos de Leopoldo Lugones: "El sistema poético hase convertido en sistema crítico". Es decir, se pasa del testimonio básicamente emocional-descriptivo a un estado en donde el sujeto toma conciencia del lenguaje que lo expresa, sin dejar de enunciar una realidad externa. Tal reconocimiento -el poeta en su espejo interior- se decanta en una valoración que empieza a ser visible en la obra de Petronilo Amaya desde su mismo comienzo. Citemos como muestra siquiera dos fragmentos: "La bandada de ideas/ todo lo contempla/ desde su dimensión./ Por ellas conocemos las palabras,// por ellas encendemos la señal/ para que alguien nos conciba" ("Sin Retorno", 1991). No deja de llamar la atención un despegue verbal que ya lleva consigo una constante que recorrerá gran parte de su fructífera prolongación. "Y hay también casos -refrenda nuestro autor-/ en que la apariencia/ nos somete al examen riguroso (…) así el poema,/ porque es -y debe ser- idea/ no regresa a su morada de sombras". Los poemarios "Apuntes en siete notas", (1996), "Memoria recobrada" (1996) y principalmente el titulado "Di-vers(i)ones" y la artillería verbal de los poetas duranguentes (2015) van asumiendo la constancia de un autor constructor-destructor, y así recreador, mediante un impulso lúdico del lenguaje, esencialmente el último libro en mención. Elemento recurrente -digo- que igualmente se advierte en la entrega más reciente del poeta, ya indicado líneas arriba: "El poema que persigo/ insistente./ Incansable será guarida contra absolutos y certidumbres (…)", para arribar a un texto, "Indagación", que resume ejemplarmente lo aquí apenas señalado: "Aprendí imaginando:/ que la palabra era antorcha./ que era pan/ caricia/ santuario/ comunión/ u orgasmo./ Aprendí que la palabra/ -daga al fin-/ tiene filo también/ y precipicio".

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