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ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA
lun 10 jun 2019, 10:04am 8 de 22

La Divina Comedia en otras dos lecturas mexicanas



En otra ocasión ya le dediqué un artículo a este tema, siguiendo la ruta comenzada -con verdadero acierto- por la Dra. María Pía Lamberti, académica de la UNAM. ¿Cómo hemos leído los mexicanos a Dante? Tal es la cuestión. Agrego ahora dos ejemplos más de estas derivaciones.

En el ámbito del ensayo, sobresalen las líneas pergeñadas por don Ernesto de la Peña y Fernando del Paso, si no estudios completos y autónomos, sí piezas significativas de tratados más amplios.

Reconocido al final de su vida con el premio internacional Marcelino Menéndez Pelayo, alta cifra del verdadero humanista -ciencias, artes, filosofía, e incluso teología, dan lugar al eclecticismo de su producción literaria-, don Ernesto de la Peña fue sin duda el mejor lector de Dante en el México del siglo XX (por algo se le encomendaron las notas en la mencionada Enciclopedia Dantesca). Su devoción y dedicación al legado del ilustre poeta se observa asimismo en la importante colección de diversas y antiguas ediciones de la Divina Comedia que formaron parte -siguen formando- de su biblioteca particular, y que en la actualidad se pueden consultar en el Centro de Estudios de Historia de México Carso (Fundación Carlos Slim). Afición, enfatizo, que más allá de atesorar joyas bibliográficas, se decantaba luego en una encomiable suma de sabidurías. Como el capítulo "Los prados del universo. Los giros de la rosa mística" de libro La rosa transfigurada (FCE, 1999). Al repasar sus apuntes sobre el orbe dantesco, la pregunta parece tener lugar: ¿Por qué no nos dejó el eminente polígrafo una obra más acabada sobre el viaje literario del florentino, como sí lo hizo con Cervantes y Rabelais? En todo caso su veneración nos ha permitido al menos valorar algunas de sus huellas perdurables. Su análisis de la relación Beatriz-Virgen María y la rosa como símbolo arquitectónico y teológico del Paraíso es a la vez ilustrativo y fascinante. Por ello, la decena de hojas que el maestro dedicó a Dante son en mi opinión las mejores, a propósito del tema, de escritor mexicano… e incluso de otras latitudes. Señala, verbigracia:

La flor sagrada es el grandioso compendio, el símbolo visual de las concepciones del poeta, pero es también imagen inmutable, inamovible y eterna, del mundo espiritual. Morada de los santos, el cáliz floral es la expresión visible de sus virtudes, pero en la planta entera contemplamos una visión sintética de los diversos rostros de la humanidad, desde el pozo sin remedio del infierno, hasta el fuego purificador del purgatorio, que remata en la gloria polifónica del paraíso. Obra humana por antonomasia, al recorrerla sufrimos, en las espinas, tanto la punición de nuestras transgresiones como las angustias salvadoras de la ascesis y las privaciones; en la geografía del tallo, escueto algunas veces, otras rugoso, atravesado por sus propias austeridades punzantes, padecemos las alternancias de humildad y soberbia, extremos de las tentaciones sagradas.

Suma de la dignidad humana, manifiesta en la victoria ética de la santidad, resumen de las oscilaciones emocionales y las dudas que se alojan en la conciencia cristiana, canto de la celebración de la eminencia que el hombre puede alcanzar, la rosa expande con firmeza su aroma por el Paraíso porque es el sitio del acto puro, la sede de Dios, uno, y trino que, al recibirla, abre los brazos de su amor para acogernos en la gloria, transustanciados. Y allí la rosa, depurada y trascendente, ostenta aún las espinas dolorosas que engrandecieron su grandeza y se recrea en la altura vertiginosa de su triunfo.

Antes de cerrar este breve recuento de las aportaciones dantescas de don Ernesto de la Peña, vale la pena destacar que para el erudito la traducción de la obra maestra de las letras italianas debida a Ángel Crespo, según la nota a pie de página en el volumen que nos ocupa, merece nuestra atención por la . Y algo más: me parece muy útil la consulta en Youtube de su conferencia "Introducción a la Divina Comedia. Purgatorio", que tuvo lugar pocos años atrás en Guanajuato durante el XXVIII Festival Internacional Cervantino. Esperemos que el Canal 22 suba muy pronto a la red las otras partes de la magistral ponencia.

La evocación de Fernando del Paso, por su lado, se centra en los paralelismos entre Dante y Mahoma -apartado "La polémica: Dante y Mahoma" del libro Bajo la sombra de la Historia. Ensayos sobre el islam y el judaísmo. Volumen 1 (FCE, 2011)-, acerca de las similitudes de los viajes por ultratumba de los personajes de sus obras. La lectura del escritor mexicano sigue las indagaciones del ameritado arabista español Miguel Asín Palacios ("La escatología musulmana en la Divina Comedia", 1919) en dicha producción literaria, aportaciones que si bien fueron muy discutidas durante las primeras décadas del siglo pasado, principalmente por la crítica literaria italiana, al parecer gradualmente ha recibido mayor aceptación. Del Paso abona al respecto, ya que según su reseña se observan algunas aproximaciones para tomarse en cuenta. Dice el premio Cervantes, por ejemplo:

"Estos parecido son, por decir lo menos, sorprendentes. Ambos viajeros, Dante y Mahoma, despiertan de un profundo sueño, y se encuentran con sus respectivos guías: Mahoma a Gabriel. Dante, a Virgilio. Los dos cicerones, como nos señala Asín, se encargan de conducir a sus protegidos, a confortarlos durante su viaje, a instruirlos y satisfacer su curiosidad, a rogar al Señor por sus almas y a instarlos a dar gracias por el "señaladísimo favor" que les hace.

La relación entre ambos mundos, pues, todavía no acaba de decir todo lo que tiene que decir.

Como en los casos también de otros dos escritores mexicanos -los más reconocidos en la pasada centuria allende nuestras fronteras-: Juan Rulfo y Octavio Paz (premio Príncipe de Asturias y premio Nobel de literatura, respectivamente, como sabemos), quienes en sus obras registran, como se verá, el influjo de Dante Alighieri. En el primero, de acuerdo al estudio de Hugo Rodríguez Alcalá ("Miradas sobre Pedro Páramo y la Divina Commedia en Juan Rulfo". Toda la obra, Colección Archivos Núm. 17, UNESCO, Madrid, 1992). Sin embargo, por falta de espacio, dejaré para después el tema en este punto.

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