Durango
CLAUDIA BARRIENTOS
lun 17 jun 2019, 1:26pm 18 de 27

Viajan solos a EU para reunirse con su familia

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La pobreza los expulsa de sus lugares de origen y el sueño de una vida mejor alimenta en ellos el impulso que requieren para aventurarse a lo desconocido, para atravesar países en su travesía hacia los Estados Unidos. Ni siquiera se detienen a analizar los riesgos que implica emprender el viaje solos. Puede más la añoranza que no los deja pensar en otra cosa que no sea la idea de poder reunirse con su familia.

Es el común denominador de la mayoría de los menores no acompañados que atraviesan el territorio nacional y que, en ocasiones, ven frustrado su sueño cuando son asegurados por agentes del Instituto Nacional de Migración (INM).

SUEÑOS ROTOS

Así les pasó a nueve menores que llegaron a la capital del estado la semana pasada, luego de que la caravana en la que viajaban fue interceptada por las autoridades migratorias en el municipio de Gómez Palacio, Durango.

De las 196 personas que conformaban el contingente, se encontraron dos mujeres embarazadas y estos nueve menores de edad que viajaban sin el acompañamiento de un familiar, de acuerdo a lo que constató el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Marco Antonio Güereca Díaz, durante la inspección que hizo en el gimnasio que fue habilitado como albergue en el citado municipio lagunero.

Los cinco hombres y cuatro mujeres de entre 10 y 17 años que estaban entre los casi 200 centroamericanos asegurados en territorio duranguense, fueron trasladados a la capital del estado para ser resguardados en un albergue.

Ahí les han dado lo necesario y se mantienen en comunicación constante con sus familiares, a la espera de ser repatriados, unos a Guatemala y otros más a El Salvador.

José (nombre ficticio para proteger su integridad) habla casi a diario con su mamá que vive en los Estados Unidos. A través del teléfono le insiste que está bien, que sí le dan de comer; le platica que las camas de albergue son nuevas y que se encuentra en un lugar seguro. Por su parte, la madre trata de calmar la ansiedad de su hijo por verla, diciéndole que todo va a estar bien, que "ni modo" por el momento se va a tener que regresar a Guatemala y que verán la forma de poder reunirse después.

Como el resto de los menores no acompañados que fueron rescatados, llegó angustiado al albergue con la incertidumbre de lo que fuera a pasar pero, conforme transcurrieron los días se fue tranquilizando al ver que llegó a un lugar seguro.

Y, como todos, ansía poder lograr un día llegar a los Estados Unidos para abrazar a su mamá.

Sorprendió al personal del albergue que varios menores, cuando les llevaron la primera comida, consistente en un sartén de chilaquiles, empezaron a racionar su porción para que le durara todo el día, pensando que sería lo único que podrían probar. Y es que, están acostumbrados a limitaciones.

Entre los menores migrantes que viajan solos también hay quienes huyen de la violencia intrafamiliar; de los golpes o el descuido que los obligan a pensar que, si llegan a los Estados Unidos, podrán ser autosuficientes y dejarán de sufrir.

Así fue con dos hermanos de 14 y 15 años que llegaron al albergue a inicios del presente año, cuyo padre los abandonó y su madre estaba muy distraída en su trabajo nocturno, como para poder cuidarlos.

También, entre los menores que han interrumpido su travesía en territorio duranguense, está el caso de una bebé de un año que iba cargada por un adulto que no pudo comprobar su parentesco. El año pasado, cuando fue asegurado el contingente en el que viajaban, el sujeto fue puesto a disposición de las autoridades federales, y se limitó a explicar que le pidieron que la cruzara a Estados Unidos para entregársela a unos familiares.

Después de permanecer unas semanas en Durango, la bebé fue repatriada y volvió con su mamá, una madre soltera que aún se encontraba en Centroamérica.

 EXPUESTOS

Para el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Marco Antonio Güereca Díaz, en la visita que se hizo al gimnasio que fue habilitado como albergue en Gómez Palacio, se pudo constatar que las condiciones para los centroamericanos asegurados no eran las mejores e incluso se pidió apoyo a la ciudadanía para que aporte artículos de higiene personal, así como pañales y toallitas húmedas, ya que viajaban bastantes menores en el contingente.

Pero, sobre todo, les preocupó la situación de dos mujeres embarazadas y los nueve menores no acompañados que fueron trasladados a la capital de estado.

A decir del procurador de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Durango, José Vidal Silerio Gamboa, en su travesía los menores se enfrentan a todo tipo de peligros; "hay de todos los riesgos posibles, nos preocupa mucho la trata de personas, el tráfico de órganos, etcétera, por eso nosotros en cuanto tenemos conocimiento los resguardamos y estamos al pendiente hasta que llegan a sus lugares de origen y están seguros", enfatizó.

Pese a los riesgos, el flujo no cesa, siguen viajando menores no acompañados porque es más fuerte la añoranza del reencuentro con sus familiares y la esperanza de que se puede vivir mejor.

Cada año el albergue Casa Migrante de Durango resguarda a entre 35 y 40 menores inmigrantes, quienes después de unas semanas de trámites, finalmente son repatriados a sus lugares de origen.

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