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ENRIQUE ARRIETA SILVA
lun 12 ago 2019, 9:28am 6 de 31

Las palabras diamantinas de Demóstenes y Cicerón



Dos son los tribunos que han ganado fama universal a través de los siglos, como oradores excepcionales y de valor civil: El griego Demóstenes y el romano Cicerón. Uno y otro vivieron por sus ideas y murieron por ellas. Demóstenes se suicidó antes que caer en manos de sus enemigos y Cicerón murió asesinado.

Cuando la libertad y la justicia son amenazadas por los tiranos y poderosos, debe romper las penumbras de las dictaduras y tiranías, la punta de diamante de la palabra, ya sea oral o escrita, aunque la tierra tiemble debajo de los pies del orador o del escritor, que son los que deben exigir al opresor respeto a los derechos del gobernado.

En el manejo de la palabra se pueden cometer errores, pero no cobardías. Dicho está, y está bien dicho, que no se debe subir a una tribuna sin motivo, ni bajar de ella sin honor. ¿Por qué llamo a la palabra punta de diamante? Porque la palabra diamante deriva del griego antiguo y significa inalterable, irrompible, indomable y considero que el orador y el escritor deben ser inalterables ante el acoso, irrompibles frente al ataque de sus adversarios e indomables en relación con amagos, amenazas, sobornos y canonjías.

Por lo pronto me ocuparé de dos formidables y valientes oradores inmortalizados en la historia de la humanidad: Demóstenes y Cicerón.

Como es bien sabido y de explorada historia, Demóstenes lanzó cuatro discursos en contra de Filipo II de Macedonia y su despótico poder, a quien veía como una verdadera amenaza para Atenas y para todas las ciudades estado griegas. Tal portentoso ejemplo, tuvo lugar entre 351-50 a. C. convirtiéndose en uno de los más grandes oradores de la historia de la humanidad, a la vez que en un político de extraordinario valor civil. Cicerón el otro gigante, se refirió a él, como el orador al que no le faltaba nada.

colocaba en el paladar guijarros al ensayar y que se iba a la orilla del mar a practicar sus discursos procurando que su voz se escuchara sobre el murmullo de las olas, porque era un ruido semejante al que provocaban los asistentes a Es fama que no intervenía en una asamblea pública, sino había preparado exhaustivamente su discurso, aunque los asistentes se lo pidieran. Esta costumbre provocó el comentario irónico de un orador que le dijo que sus discursos olían a vela, No fue lejos por la respuesta al replicarle Demóstenes, que en efecto, y que por eso había tanta diferencia entre sus discursos y los de él. Extraordinario ejemplo, que nos invita a no hablar, si no tenemos algo que decir.

Saliendo de la tierra de la filosofía y entrando al mundo del derecho, saludamos con veneración a Marco Tulio Cicerón, mejor conocido como Cicerón, adornado con las virtudes del jurista, político, filósofo, escritor y desde luego de orador. Su retórica y estilo son los más grandes de la Republica romana.

Cicerón, igualmente se enfrentó al triunvirato compuesto por César, Pompeyo y Craso.

Plutarco, en sus Vidas Paralelas, de alto contenido moral y pedagógico, incluye las biografías de Demóstenes y Cicerón. Werner Jaeger (Fondo de Cultura Económica, México, 1945) en su libro Demóstenes: La agonía de Grecia, expresa sobre el estilo de Demóstenes, lo siguiente: "El estilo que llamamos demosténico en el estricto sentido, el estilo verdaderamente apasionado, que nace del alma y no es pura cuestión de palabras, aquí aparece repentinamente cabal y maduro, Lo que en los primeros discursos de estado había sido elaborado tortuosa y penosamente, surge ahora de las ardientes profundidades del alma de Demóstenes como una fuerza elemental, aunque gobernada por una irresistible firmeza de voluntad." (p. 156).

Hasta aquí, este somero recorrido por las galas del lenguaje y las prendas de vida de los más grandes oradores de todos los tiempos. Sirvan de ejemplo a los luchadores por la libertad y la justicia, y desde luego a los oradores jóvenes, que hoy se encaminan en los anchurosos caminos de la retórica, en medio de dificultades tropiezos y riesgos, para que no claudiquen y tengan la grandeza de ánimo para coronar sus ideales, a base de constancia, tenacidad y valor, aunque la tribuna cruja.

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