Editoriales
RUBÉN CÁRDENAS
dom 18 ago 2019, 9:30am 4 de 6

No son ellas quienes provocan la violencia ni agreden a periodistas



La Raya Del Tigre

En nuestro país, un día sí y otro también nos enteramos de nuevos sucesos en contra de las mujeres, desde acoso de toda clase hasta violencia sexual o feminicidio. Es innegable que las agresiones han ido en aumento, tanto en número como en fatalidad, según reflejan las estadísticas, que tampoco son exactas, pues un gran número de casos no se denuncian.

En tal panorama, no se pueden condenar las protestas en las calles de la Ciudad de México de los últimos días, aunque es obvio que se infiltraron grupos anarquistas para perpetrar acciones vandálicas, como romper vidrios, causar destrozos y dañar monumentos nacionales.

Lo más lamentable de la marcha del viernes fue la agresión por la espalda hacia el periodista Juan Manuel Jiménez, de la televisora ADN40, por parte de un sujeto que fue identificado más tarde a través de su perfil de Facebook como un delincuente, no un luchador social. La mayor parte de los conglomerados se deslindaron de esta cobarde acción y aseguraron que esto sólo ensucia y afecta los objetivos del movimiento. Entonces, no es a las verdaderas activistas a quienes se les debe pedir civilidad y respeto, sino a quienes hayan infiltrado esos grupos ilegítimos.

Las protestas ciertamente han subido de tono, como un reflejo del hartazgo de quienes han tenido que soportar -en su persona, su familia o sus amigas- hostilidad, acoso, violencia y una rampante impunidad, con todas las trabas para denunciar o inconformarse. Estas manifestaciones son, pues, más que justificadas en lo que respecta a los colectivos de defensa de las mujeres, que son los realmente involucrados; los otros que intentan desvirtuar el propósito original están ya siendo investigados.

Y, sólo por mencionar una cifra, en el primer semestre del año en curso, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad reportó 8 mil 464 casos por agresiones a mujeres y, de este total, 667 se han denunciado en la Ciudad de México, hoy por hoy un territorio sumamente inseguro para que las mujeres trabajen, estudien o circulen en ciertos horarios.

La etiqueta #NoMeCuidanMe violan, es principalmente un reclamo contra las corporaciones policiacas que, en vez de cumplir con su labor de protección y vigilancia, son, en muchos casos, a quienes hay que temer. La presunta violación de una menor por cuatro policías en la Alcaldía de Azcapotzalco, la semana pasada, desencadenó la unión de fuerzas entre varios colectivos, que tomaron las calles del centro histórico de la Ciudad de México, con réplicas en algunas capitales de los estados. Antes habían ocurrido otros dos casos de violación en alcaldías capitalinas.

Los feminicidios, en su mayoría, permanecen en la impunidad y las violaciones mantienen esa misma tendencia. No son pocas las mujeres que han sido amenazadas tras denunciar una violación, porque sus datos personales han llegado hasta los delincuentes a través de las propias instancias oficiales y eso paraliza cualquier acción de justicia, según declaraciones mediáticas de algunas activistas.

En numerosas agencias del ministerio público en todo el país, las denuncias no son atendidas de acuerdo a lo que establece la ley y los agresores sólo en contadas ocasiones enfrentan sanciones o castigos. La protección hacia ellas sigue siendo una asignación pendiente de parte de todas las autoridades policiacas; de lo contrario, no habría tantos abusos en plena calle o aún dentro de las escuelas. Entonces, razones sobran para salir a las calles y demandar que se les cuide en lo que le toca a la autoridad, no que las acosen y las agredan físicamente.

Sin duda, los últimos sucesos en contra de algunas mujeres representan "la gota que derramó el vaso" y las reacciones sociales asustan a las autoridades, cuando en realidad estas deberían saber que ya ni un piropo callejero es aceptable.

Basta ya de tanta violencia contra ellas, no sólo en las calles, el metro, la salida de la escuela o donde quiera que se encuentren.Debe propiciarse un ambiente de seguridad para que toda mujer se pueda desenvolver sin temores en cualquier ciudad, colonia, pueblo o comunidad de México. Eso demuestra que tan atrasado o avanzado es un país y en este, por desgracia, nos mantenemos en la subcultura del machismo. Urge un cambio, sin más discurso.

  COLMILLOS Y GARRAS

DE MUY POCO consuelo sirve saber que, desde el mes de Noviembre del 2016 a la fecha, diversos exfuncionarios de la pasada administración han tramitado dos mil amparos ante una eventual orden de aprehensión, según el responsable del área jurídica del gobierno del estado, Galdino Torrecillas... EN TODO CASO, ya es tiempo de que la ciudadanía reciba una explicación sobre las razones por las que no se ha utilizado un mecanismo legal que acabe con este trámite de la justicia federal y caigan quienes tanto perjuicio le causaron al erario estatal y, por tanto, a todos los duranguenses... LA CIUDADANÍA ESTÁ en su derecho de cuestionar por qué, a estas alturas del sexenio, no hay un solo exfuncionario de la administración estatal tras las rejas, pese a las enormes fortunas que amasaron.

Twitter @rubencardenas10

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