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Héroes invisibles

PADRES E HIJOS

EL SIGLO DE DURANGO, 🕚
Héroes invisibles

En medio de esta pandemia de coronavirus que nos tocó vivir, es gratificante saber que existen maestros y maestras que arriesgan su integridad física con tal de ofrecer una mejor preparación educativa a niños, niñas y adolescentes que tienen sus hogares en zonas como la Sierra y las Quebradas de los diferentes municipios y estados del país, lo anterior luego de que las restricciones sanitarias hicieron imposible que las escuelas se pudieran volver a abrir desde la segunda quincena de marzo del año en curso, por lo que no hubo más remedio que implementar el modelo llamado "virtual" de impartición de clases, a través del internet y de la televisión abierta.

Sin embargo, amable lector(a), habría que recordar que en muchas localidades serranas no existe el acceso al internet ni a la captación de la señal de televisión abierta, debido a que en un sinnúmero de comunidades no hay suministro de energía eléctrica que contribuyera a que el proceso enseñanza-aprendizaje, mediante esos métodos, se pudiera llevar cabo, de ahí que una cantidad, aunque reducida, de docentes se dio a la tarea y tuvo la iniciativa de llevar los conocimientos hasta los hogares de muchos infantes que se sorprendieron cuando observaron a sus maestros y maestros en las puertas de sus viviendas para instruirles sobre las materias que habría que reforzar para avanzar en su preparación educativa del ciclo escolar que ya concluyó en la mayoría de los municipios y entidades federativas.

De esta manera, podemos imaginarnos a los maestros y maestras con verdadero espíritu de vocación por su profesión recorrer grandes distancias por sinuosos caminos de la Sierra, sin un pago adicional por ese esfuerzo y tiempo que le imprimen a su trabajo con tal de tener la satisfacción personal de ver cómo sus alumnos y alumnos avanzan en el programa que para tal finalidad les marca la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Es más: sabemos de muchos casos de docentes que hasta ponen de su bolsa para hacer esos pesados recorridos, a pie, pues en ocasiones es más grande el amor por su trabajo que el dinero que pueden recibir por una jornada normal dentro de sus aulas, ya que hasta de su propio sueldo gastan para elaborar los materiales didácticos que necesitan para distribuir entre los pequeños y pequeñas que esperan ansiosamente progresar para salir de ese círculo de carencias y pobreza que les ha rodeado por años, y el que sólo pueden romper si emigran de sus comunidades para prepararse mejor en otros centros poblacionales donde existan instituciones educativas de secundaria, bachillerato y de nivel Superior.

Por supuesto que es complicado y frustrante para muchos padres y madres de familia observar cómo esas carencias económicas y de acceso a mejores servicios educativos se convierten en ocasiones en un freno y un enorme obstáculo para que sus hijos e hijas tengan acceso a mejores oportunidades educativas para que no se estanquen en un nivel de bienestar o pobreza del que no siempre es fácil salir si no existe ese incentivo y el ánimo para progresar en todos los aspectos.

Quienes hemos tenido la oportunidad de recorrer todas las regiones del estado de Durango, hemos podido constatar cómo en un número considerable de comunidades el denominador común es la pobreza, la carencia de recursos económicos para acceder a los satisfactores básicos de una familia como son los alimentos y los servicios elementales como la energía eléctrica y el abasto de agua potable así como a las redes de drenaje y alcantarillado, ello además de infraestructura elemental como la pavimentación, pues con ello se facilita la distribución de productos y la prestación de otros servicios que demanda la población para avanzar en algunos aspectos del bienestar.

Por ello, es digno de elogiarse la actividad que efectúan estos héroes invisibles a los que poco se les reconoce su labor que realizan lejos de los reflectores de los medios de comunicación, ya que finalmente cada acción que ejecutan es con el noble propósito de ayudar a infantes y adolescentes, al tiempo que los estimulan para que se motiven a desarrollar todo ese potencial y esas aptitudes que poseen, para que de esta forma accedan a mejores niveles de bienestar de manera personal y para sus familias.

En muchos municipios del país seguramente abundan los héroes invisibles como esos maestros y maestras que sólo buscan que sus educandos mejoren sus condiciones no sólo en materia educativa, sino en aspectos como su formación humana, que es básico para forjar alumnos más sensibles, generosos y solidarios.

Esos héroes invisibles los podríamos encontrar, incluso, en el propio hogar, desde los padres (mamá y papá, ambos), hasta los hijos e hijas, quienes ponen lo mejor de sí mismos para que las personas más cercanas e importantes de su entorno cuenten con los elementos mínimos para superarse en todos los aspectos, de ahí que lo más justo es reconocerles su actitud generosa y desinteresada para hacer de este mundo el mejor lugar para vivir a pesar de las difíciles circunstancias que nos tocó vivir en estos momentos por la pandemia del coronavirus (Covid-19).

Héroes invisibles
PADRES E HIJOS. (ARCHIVO)