
Tiempo de moderación
Si bien es cierto que en esta temporada del año los padres de familia (al menos, quienes tenemos un trabajo estable, con las tradicionales prestaciones de ley) contamos con ingresos económicos extras como son los relacionados con el aguinaldo, no menos cierto es que eso no significa que los podamos y debemos gastar en su totalidad así como llegaron, en temas como, sobre todo, regalos, comida y bebida, entre otros rubros, por lo que lo más adecuado sería invertir ese dinero adicional en renglones prioritarios, tales como, por ejemplo, el pago de deudas y otros pendientes cuyo pago no puede esperar por más tiempo, por los posibles intereses que se pueden acumular y que pueden hacer más gravosa la deuda.
En este aspecto, habría que considerar que ese dinero extra que llegó a nuestro bolsillo es una bendición y que, por lo mismo, no se puede ni se debe despilfarrar ni malgastar sin ton ni son sólo porque, como se dice coloquialmente, "el dinero se hizo para gastarse", ya que, si bien, cada peso que se gana es para eso, es decir, para gastarse, también hay que analizar concienzudamente el destino que tendrán esos recursos que nos ganamos por un año de intensas jornadas de trabajo que requirieron un esfuerzo de tareas laborales que en ocasiones se ampliaron y que precisaron a veces de descuidar la atención a la familia.
Recordemos, amable lector(a), que no pocas veces tuvimos que desatender a la pareja y a los hijos por atender trabajo extra en nuestro centro laboral, de ahí que la racionalidad y la moderación en el gasto de ese dinero adicional adquiere mayor relevancia a la hora de tomar una decisión en cuanto al destino que tendrá el famoso aguinaldo que nos ganamos a pulso, por haber cumplido con responsabilidad cada tarea que nos asignaron en jornadas que en ocasiones rebasaron el tiempo que establece la ley y que no siempre se remunera tal como lo establece la legislación de la materia.
Sin embargo, y de cualquier manera, muchos trabajadores siempre tenemos bien puesta la camiseta de la empresa que nos permite llevar el sustento diario a la familia, por lo que estoicamente continuamos ofreciendo nuestro mejor esfuerzo y que generalmente se refleja en buenos resultados que satisfacen a quienes servimos ya que finalmente para eso nos contrataron y nos pagan: para que el fruto de esa jornada laboral se traduzca en ganancias para la empresa.
De manera lamentable, no siempre le damos el mejor uso a esos recursos económicos, y luego sucede que, cuando menos lo acordamos, ese dinero se esfumó como por arte de magia y no supimos cómo, pues no hicimos un gasto racional para destinarlo a necesidades prioritarias como podría ser el pago de impuestos de inicio de año como el Predial y el refrendo vehicular (si se tiene la bendición, en este último caso, de contar con automóvil propio), o tal vez en la reparación o remodelación de algunos espacios del hogar que ya requieren atención inmediata ante el evidente deterioro por el paso del tiempo.
No obstante, sucede que en ocasiones nos gana la fiebre del momento y gastamos en la compra de regalos para todo mundo, cuando lo ideal -insisto- sería hacer una pequeña lista -o larga, según sea el caso y el dinero del que se disponga- en la que se anoten las prioridades, esos gastos que no pueden esperar más tiempo y que nos deberían hacer reflexionar en su inmediata atención, antes de que el dinero del aguinaldo salga "volando" de nuestros bolsillos.
Es cuestión de un poco de disciplina, de un ejercicio de análisis realista de nuestra situación económica actual para definir con honestidad hacia dónde se deben dirigir esos recursos económicos que obtenemos sólo una vez al año, por lo que no debemos echar en saco roto la recomendación de ser mesurados a la hora de elegir cómo ejerceremos esos ingresos financieros extraordinarios que son el fruto del trabajo acumulado de un año entero.
Recordemos que la prioridad número uno siempre será la familia, por lo que no habría que quebrarnos mucho la cabeza para determinar cómo gastaremos ese bendito aguinaldo que no todos los trabajadores se pueden dar el lujo de presumir que sus empresas les pagan religiosamente cada año, poco o mucho, pues hay quienes no tienen acceso a esta prestación, como es el caso de las personas que laboran por honorarios o por contratos de ciertos periodos del año.
Apreciando desde este contexto que el aguinaldo es una prestación que no a todos los trabajadores se les otorga, con mayor razón deberíamos cuidar su destino para emplearlo en las necesidades básicas de la familia, para de esta manera contar con un "colchoncito" del que podríamos echar mano en caso de que se presentara una emergencia.
Por ello, estimado(a) lector(a), debemos cuidar hasta el último centavo que ingrese a nuestros bolsillos en esta temporada (aunque esta debería ser una costumbre o hábito permanente), ya que finalmente se trata de gastar con racionalidad cada peso de nuestras percepciones económicas, en beneficio de la familia, atendiendo en primer lugar las prioridades, y si llegara a sobrar, por qué no, darnos un pequeño lujo, pero sin afectar las finanzas domésticas.