
Debemos adaptarnos a los cambios
Las nuevas generaciones de niños y adolescentes tienen la particularidad de que han crecido a la par de adelantos tecnológicos que los han impulsado a desarrollar su intelecto y sus capacidades de una forma extraordinaria de tal manera que se caracterizan por lidiar con un sinfín de programas, dispositivos móviles y conocimientos que quienes ya rebasamos los 50 años de edad jamás nos imaginaríamos que nuestras hijas e hijos tendrían acceso a una inmensa cantidad de datos e información que, incluso, asimilan con una asombrosa facilidad y que utilizan en su beneficio lo mismo para la escuela que en el ámbito personal.
Llama especialmente la atención que los padres de familia de infantes y adolescentes de la denominada generación Z (de 2001 a la fecha) no siempre comprendemos el lenguaje "técnico" que usan nuestros vástagos para comunicarse entre ellos y, además, debemos reconocer que muchos no manejamos las redes sociales con la familiaridad con que ellos sí lo hacen, un aspecto en el que padecemos un rezago considerable y en el que no siempre hemos tenido el interés por aprender, a pesar de que en la actualidad es indispensable para estar más cerca de ellos.
Hace unos días, durante una conferencia vía Zoom, a la que fuimos convocados por un maestro del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Durango (Cocyted), se nos hizo especial énfasis acerca de la necesidad de que los padres y madres de familia de la referida generación debemos aprender a tener un mejor manejo de las diferentes redes sociales que emplean nuestras hijas e hijos, en virtud de los riesgos en que podrían verse involucrados, de ahí la, hasta cierto punto, urgencia de conocer más y mejor las herramientas tecnológicas que usan nuestros vástagos, con el fin de saber cómo protegerlos de los peligros que los acechan.
Pero, además, el hecho de que la gente "mayor" como nosotros aprenda a emplear todos esos adelantos tecnológicos que nuestros hijos manejan con normalidad nos servirá también para acrecentar nuestro acervo de conocimientos, ya que nunca está por demás que nuestra generación, llamada X (de los nacidos entre 1961 y 1981), esté bien familiarizada con todo ese cúmulo de información y datos que nuestros pequeños y adolescentes (y uno que otro adulto) procesan y controlan sin ningún problema, aunque de cualquier forma conviene estar cerca de ellos para alertarlos sobre el peligro que significa el acceso al ciberespacio.
Durante la plática que nos impartió el docente del Cocyted, también nos hizo un llamado a perder el miedo a adentrarnos en el manejo de las redes sociales más comunes y populares, con el objetivo de conocer con quiénes se relacionan nuestras hijas e hijos, ya que detrás de perfiles falsos se pueden esconder personas que podrían hacerles daño si no se toman las medidas de precaución necesarias, tal como en su momento lo hacían nuestros progenitores cuando nos preguntaban e investigaban sobre nuestras amistades más cercanas y así saber si no estábamos expuestos a algún riesgo.
Y es que, aunque parezca mentira, aún a estas alturas del siglo XXI todavía hay padres y madres de familia que tienen miedo a aprender sobre el manejo del internet y sus redes sociales, a tal grado que muchos carecen del más mínimo interés por asimilar los conocimientos básicos que les ayuden a comprender mejor el entorno en el que se desenvuelven sus vástagos y así apoyarles cuando estos se acerquen a pedirles ya sea un consejo o ayuda para resolver un problema relacionado con sus tareas escolares o, incluso, de nivel personal, por un posible caso de acoso de cualquier naturaleza, que puede llegar a ser de tipo sexual.
Por eso, dentro de este contexto, amable lector(a), los progenitores de la generación X debemos estar preparados para afrontar los retos que nos plantea la época actual, sobre todo cuando se relacionan con nuestros hijos, y que son quienes precisan de nuestro respaldo para aprender a lidiar con los problemas que podrían enfrentar en caso de que corran riesgo por el ataque directo o indirecto de quienes se esconden detrás de otras identidades o perfiles falsos para cazar a sus potenciales víctimas que escogen muchas veces al azar.
Si no hay quien nos enseñe a manejar el internet, con todo lo que implica esta red de redes, no debería darnos pena reconocerlo ante nuestros hijos y, en cambio, a ellos mismos podríamos pedirles orientación sobre cómo acceder a los conocimientos básicos, con la aclaración de que sólo queremos aprender a estar al tanto del manejo esencial, por ejemplo, de las redes sociales más conocidas, para crear nuestra propia cuenta y estar así más al pendiente de ellos y en constante comunicación.
Se trata de aprender a cuidarlos mejor con el empleo de las herramientas tecnológicas a las que ellos tienen acceso de forma permanente no sólo para su aprendizaje en línea o virtual, sino para, de paso, entrar a un universo infinito de conocimientos de los que ignorábamos su existencia, al tiempo que nos actualizamos en diferentes temas de nuestro interés particular.
Ciertamente, se trata de un reto que debemos afrontar no sólo por nuestras hijas e hijos, por cuidar su integridad física, moral y emocional, sino por nosotros mismos, para aprovechar el tiempo en aprender sobre las nuevas tecnologías y así estar actualizados en torno a los temas más relevantes de nuestro tiempo. Valdrá la pena. Se lo garantizo.