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Domingo XVIII ¿Para quién serán todos tus bienes? Lc 12, 13-21 Una actitud ante la riqueza

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Domingo XVIII ¿Para quién serán todos tus bienes? Lc 12, 13-21 Una actitud ante la riqueza

Domingo XVIII ¿Para quién serán todos tus bienes? Lc 12, 13-21 Una actitud ante la riqueza

ARZOBISPO FAUSTINO ARMENDARIZ JIMÉNEZ

La Palabra de Dios, en este domingo nos presenta el tema de la riqueza y los bienes materiales. En el Antiguo Testamento, la riqueza se ve a veces como signo de la bendición divina (casos de Abrahán y Salomón); otras, como un peligro, porque hace olvidarse de Dios y lleva al orgullo; los profetas la consideran a menudo fruto de la opresión y explotación; los sabios denuncian su carácter engañoso y traicionero. En esta última línea se inserta la primera lectura de hoy, que recoge dos reflexiones de Qohélet, el famoso autor del "Vanidad de vanidades, todo vanidad".

La primera reflexión afirma que todo lo conseguido en la vida, incluso de la manera más justa y adecuada, termina, a la hora de la muerte, en manos de otro que no ha trabajado (probablemente piensa en los hijos). La segunda se refiere a la vanidad del esfuerzo humano. Sintetizando la vida en los dos tiempos fundamentales, día y noche, todo lo ve mal. Ambos temas (lo conseguido en la vida y la vanidad del esfuerzo humano) aparecen en la descripción del protagonista de la parábola del Evangelio.

A diferencia de Qohélet, Jesús no presenta al rico sufriendo, penando y sin lograr dormir, sino como una persona que ha conseguido enriquecerse sin esfuerzo; y su ilusión para el futuro no es aumentar su capital de forma angustiosa sino descansar, comer, beber y banquetear. Pero el rico de la parábola coincide con el de Qohélet en que, a la larga, ninguno de los dos podrá conservar su riqueza. La muerte hará que pase a los descendientes o a otra persona. Este panorama sirve para proponer una enseñanza:

Si todo terminara aquí, podríamos leer los dos textos de este domingo como un debate entre sabios. Qohélet, aparentemente pesimista (todo lo obtenido es fruto de un duro esfuerzo y un día será de otros) resulta en realidad optimista, porque piensa que su discípulo dispondrá de años para gozar de sus bienes. Jesús, aparentemente optimista (el rico se enriquece sin mayor esfuerzo), enfoca la cuestión con un escepticismo cruel, porque la muerte pone fin a todos los proyectos. Pero la mayor diferencia entre Jesús y Qohélet la encontramos en la última frase del Evangelio de hoy: "Lo mismo pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios".

Frente al mero disfrute pasivo de los propios bienes (Qohélet), Jesús aconseja una actitud práctica y positiva: enriquecerse a los ojos de Dios. Más adelante, en los domingos siguientes sobre todo cuando meditemos el capítulo 16, san Lucas dejará claro cómo se puede hacer esto: poniendo sus bienes al servicio de los demás. Hoy podemos preguntarnos con seriedad y responder con sinceridad: ¿Para quién serán todos tus bienes?

Qué el Señor nos conceda siempre tener un corazón sensato, para darle el valor justo a los bienes materiales, y entender que son medios, nunca fines, para nuestro desarrollo pleno en integral. Amén.

Escrito en: OPINIÓN bienes, rico, Qohélet,, esfuerzo

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