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'El Padre Lencho'

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'El Padre Lencho'

RICARDO CARRERA GRACIA

Los trabajos iban un poco atrasados, aquella obra se destinaría para la construcción de una casona y celebrar en ella diversos ejercicios espirituales, por lo que debería ser de considerables dimensiones. El Padre Lencho estaba presente; les había encargado que se dieran prisa, por lo que las paredes ya tenían una altura considerable, eran de puro adobe doble.

En un exceso de confianza, los albañiles encargados no habían colocado las "trabes" entre las paredes y así, afianzarlas unas con otras. A un costado de la construcción pasó un enorme tractor agrícola, haciendo vibrar el suelo con su traqueteo, al mismo tiempo una fuerte tolvanera se hizo sentir. La amenazante ventisca aquella, o bien sería la coincidencia de esos varios elementos; lo cierto es que las paredes se vinieron abajo con un fuerte estruendo y en medio de una gran polvareda, junto con los cuatro trabajadores que estaban arriba asentando los adobes y otros tantos en la parte de abajo, batiendo el lodo; no tuvieron tiempo de hacerse a un lado, fueron cayendo y eran sepultados por cientos de adobes y una gran nube de polvo. Los curiosos empezaron a gritar muy asustados, otros corrían para ver como podían echar a un lado los pedazos de adobes y rescatar así a sus compañeros. Aquello se volvió un caos, gritos de auxilio y exclamaciones de dolor y angustia. Se esperaba lo peor.

El Padre Lencho, que había presenciado aquella terrible escena, pudo correr a sumarse a las tareas de rescate, pero no, si en cambio, se dejó caer de rodillas, extendió sus brazos en forma de cruz, cerró sus ojos y empezó con un murmullo su oración: "Padre nuestro. . .

Poco a poco se fue poniendo orden y entre todos lograron rescatar a los compañeros, algunos con golpes leves y otros, aunque estaban muy seriamente golpeados, no corría peligro su vida ¡Asombrosamente estaban bien! Habían sobrevivido milagrosamente. Fue cuando todos repararon en que el Padre Lencho, todo cubierto de polvo, seguía en su posición de rodillas, los brazos extendidos, sus párpados permanecían cerrados, continuaba en silencio orando fervorosamente, con apenas un perceptible movimiento de sus labios.

Alguien se fue acercando y muy suavemente colocó su mano en el hombro del Padre, éste abrió los ojos y exclamó: "Todos están bien ¿verdad?". En ese momento el grupo de aquellos hombres toscos, trabajadores, curtidos por el sol, comprendió todo: ¡Ahí había sucedido un milagro! Ellos estaban bien, El Padre Lencho, con el poder de su oración lo había logrado. Fue un momento verdaderamente emotivo, abrazaron a su párroco, se pusieron de rodillas y al unísono oraron desde el fondo de su alma. Gruesas lágrimas resbalaron por las polvorientas mejillas, lloraban de felicidad y de sentir la bienaventurada presencia de "su" amado Padre Lencho.

Lorenzo Reyes Soto, nace el 5 de septiembre de 1930, en el municipio de Canatlán, Dgo. En su infancia mostró gran inclinación a las cosas de la iglesia. Egresa del Seminario y su santa misa fue el 15 de marzo de 1959 en la parroquia de San Diego de Alcalá de Canatlán, Dgo. Por su gran carisma y dedicación se distinguió en varios municipios por emprender, hasta concluir, la construcción de sus templos. El monumento a Cristo Rey, ubicado actualmente en lo alto del cerrito Del Garbanzo, en Canatlán, a un costado de la carretera, es también producto de su aplicación y afán.

Se distinguió por su incansable labor como "ecónomo" de los Seminarios Mayor y Menor; de alguna manera se las arreglaba para conseguir los suministros necesarios para el funcionamiento de ambas instituciones formadoras de sacerdotes. Se cuenta que a temprana hora de la mañana, salía en su camioneta de modelo atrasado, sin dinero en sus bolsillos, pero con una fe muy grande en su corazón; al caer la tarde regresaba con todo un cargamento de víveres suficiente para varios días. Era asombrosa su facilidad para conseguir donativos y ayudas para aplicarse a su querida institución: el Seminario.

Luego emprende una titánica labor: establecer en el estado de Durango "La Escuela de la Cruz", un movimiento apostólico para aquellos hombres deseosos de luchar por la fe. La sede la estableció en La Joya, municipio de Poanas, Dgo., en el mes de agosto de 1974. Al poco tiempo ya existía, al menos, una Escuela de la Cruz en cada uno de los municipios del estado. Estos grupos de varones fueron muy reconocidos por su entrega a la realización sistemática de ejercicios espirituales, pero sobre todo, por su solidaridad para quien en verdad lo necesitara. Apoyaban lo mismo en llevar a cabo actividades socioeconómicas que en aportar su fuerza física para concluir alguna obra en construcción o labores agrícolas y ganaderas. Eso sí, siempre de la mano de su querido párroco, el Padre Lencho.

Próxima su jubilación, solicita a sus superiores retirarse de la vida activa sacerdotal. Eso sí, continuar con más empeño su dedicación a la oración. Para ello va a instalarse en una cueva de la sierra de Santiago Bayacora, buscando casi en soledad y dedicando mucho más tiempo a la oración y a la meditación. Pues hasta allá acuden cientos de sus fieles seguidores a visitarlo, a orar con él y a solicitarle su bendición. Ahora se empeña en construir amplias instalaciones para brindar albergue a los peregrinos, edifica grandes dormitorios y un gran comedor; equipa completamente la cueva para impartir la eucaristía, orar y meditar. Cada vez es mayor el número de visitantes.

A esta fecha, existen numerosos testimonios de la intercesión del Padre Lencho para la realización de muchos milagro; basta visitar la comunidad de La Joya para conocer de viva voz de sus habitantes, aspectos de la vida y obra de este párroco, aún años después de su fallecimiento. Ellos continúan guardando en su memoria colectiva, el actuar de un sacerdote ejemplar y no dudan en platicar con mucho respeto algunas de sus anécdotas.

Lorenzo Reyes Soto, "el Padre Lencho", aquel que podía durar horas arrodillado, con los brazos extendidos en cruz y que creía fervorosamente en el enorme poder de la oración. Sí, aquel de quien se asegura realizó varios milagros y actos de sanación. Dejó este plano terrenal el 29 de junio de 2007. Su tumba se encuentra en el atrio del santuario de la Virgen de Guadalupe, que por cierto, él mismo construyera, apoyándose siempre en los habitantes de la hermosa población de La Joya, Poanas, Dgo. El Padre Lencho, eligió descansar ahí, arropado, siempre, por el amor y cariño de sus fieles.

Su epitafio en la lápida, reza: "El hombre se afana mucho por las cosas de este mundo; una sola cosa es necesaria, la salvación del Alma¨.

Escrito en: Caleidoscopio Personajes ilustres Padre, gran, tiempo, estaban

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