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¿Por qué mentir hasta la mitomanía?

¿Por qué mentir hasta la mitomanía?

¿Por qué mentir hasta la mitomanía?

IGNACIO ESPINOZA GODOY

Mentir es una práctica más común de lo que pensamos, a tal grado que se llega a convertir en un hábito, una costumbre que muchos solemos justificar con el simple argumento de que no pasa nada si no le hacemos daño a alguien con esas famosas mentiras "blancas" o "piadosas", y así crecemos, desde la infancia, pasando por la adolescencia, para culminar en la edad adulta, una etapa de la vida en la que, con toda la seguridad, afirmamos que decir mentiras es una costumbre más que válida y socialmente aceptable, con lo que normalizamos y perpetuamos esa actitud de tergiversar la verdad y la realidad, mientras no nos descubran y no nos exhiban.

De acuerdo con los expertos en psicología, usualmente, un mitómano miente con la finalidad de obtener admiración, evitar un castigo, o justificar un incumplimiento. Por ello, es un problema al que se le debe prestar mucha atención.

La mitomanía también se conoce como pseudología fantástica o mentira patológica. Como su nombre lo detalla, se trata de un trastorno psicológico que consiste en la conducta repetitiva del acto de mentir. La mitomanía es una conducta adictiva que se adquiere por repetición ya que es constantemente reforzada por los beneficios que logra.

Aunque la mentira patológica se describió por primera vez en la literatura médica hace más de 100 años, aún sigue siendo un concepto poco estudiado. Una revisión de casos encontró que la edad promedio de inicio de esta conducta era a los 16 años y, en relación con la diferencia por sexo, la proporción era igual en ambos casos.

La mitomanía también es conocida como trastorno facticio o trastorno ficticio, por lo que te contamos algunas características o síntomas que pueden ayudarte a identificar este problema estos son algunos de los síntomas más comúnes que presentan los mitómanos:

Niveles de ansiedad elevados cuando se presentan las condiciones ideales para mentir: pensamientos frecuentes que incitan a mentir; dificultad para resistir el impulso de mentir; satisfacción cuando no se descubren las mentiras; baja autoestima; pocas habilidades sociales; tendencia a desdibujar la realidad, que incrementa con el tiempo; niveles de ansiedad elevados cuando se presentan las condiciones ideales para mentir.

Una interrogante que nos hemos planteado es cómo identificar a un mitómano, por lo que los especialistas coinciden en que, por ejemplo, a menudo hablan de experiencias y logros en los que parecen heroicos o victoriosos; también cuentan historias donde son las víctimas en búsqueda de simpatía; sus historias tienden a ser elaboradas y llenas de detalle; y pueden tener diferentes versiones de la misma historia.

Algunos casos de mitomanía provienen del trastorno de personalidad antisocial o personas con dependencia de sustancias. Sin embargo, otros casos parecen no tener una razón médica o psicológica para este comportamiento.

Otro aspecto a considerar es que una persona mitómana tiene varias características: miente de manera habitual y llega a creerse su realidad alternativa; busca atención y admiración a partir de las mentiras que cuenta; busca compensar inseguridades a través de la mentira; presenta baja autoestima; busca que no se descubran sus mentiras.

Y aunque todos hemos dicho mentiras, existen personas que mienten mucho. Pero, en el caso de un mitómano, estas se vuelven necesidades que se deben satisfacer continuamente: recibir atención y admiración de los demás; crear una nueva realidad con historias distinguidas; presentarse como una persona importante; reducir la ansiedad frente a aspectos desagradables de su vida.

¿Cómo ayudar a un mitómano? De manera empática, en privado y sin juzgar lo que dice, se le puede hacer notar que nos hemos dado cuenta de las irregularidades en su historia, y ofrecerle apoyo. Es importante elogiar sus verdaderas cualidades y resaltar la honestidad como un valor que la gente admira; así como las consecuencias reales que pueden tener sus mentiras.

Dejar de mentir, por supuesto, no es un trabajo fácil, pero con la práctica se puede construir la honestidad como un hábito de la siguiente manera: identificar las razones por las cuales se miente y trabajar en solucionarlas; hacer una lista de por qué se quiere dejar de mentir, para tener motivaciones claras y recordarlas cuando se sienta el impulso de decir mentiras.

Además, se puede buscar ayuda externa de un profesional de la salud mental o de una red de apoyo (amigos y familiares); identificar qué lleva a mentir en el momento, para estar preparado y poco a poco trabajar en disminuir esos detonantes; considerar la honestidad como un valor para tu vida diaria, y actuar en consecuencia

Lamentablemente, un mitómano no es capaz de reconocer que lo que hace es un problema. Por ello, es importante estar atentos si conocemos a alguien con estas características.

Para combatir la mitomanía se necesita reeducar la percepción de la realidad del paciente, lo cual requiere la ayuda de un psicólogo y en algunas ocasiones el uso de psicofármacos. El tratamiento dependerá de si la mitomanía es parte de otro trastorno psicológico, pues si es así se deberán tomar otras medidas y decisiones.

Tratar la mitomanía requiere de la ayuda de un profesional, del compromiso del paciente y del apoyo del entorno social. Sabemos lo difícil que puede ser que un ser querido presente esta patología o que nosotros mismos identifiquemos algunos síntomas en nosotros. Recuerda: no estás solo. Con la ayuda de un psicólogo se podrá atender y resolver esta dificultad.

Escrito en: PADRES E HIJOS mitomanía, trastorno, tener, ayuda

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