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¿Está en peligro nuestra democracia?

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¿Está en peligro nuestra democracia?

ALBERTO AZIZ NASSIF

Después de años de construir una democracia electoral llegamos a una extraña situación: un enfrentamiento entre dos visiones de lo que debe ser el país que se definirá el próximo 2 de junio. Para el oficialismo se trata de seguir adelante con la "transformación" que, según el discurso político dominante, ha cambiado a México y lo rescató de la "decadencia" en la que se encontraba con los gobiernos neoliberales. Del lado opositor, dicen que nuestra democracia está en peligro porque estamos frente a un régimen autoritario que quiere destruir la democracia y a sus instituciones; afirman que la 4T quiere regresar al pasado de partido dominante y de concentración de poder.

La transición democrática en México posibilitó un régimen plural, se hizo un régimen de partidos y hubo múltiples alternancias en el poder. Se fue escalando desde los espacios locales hasta los nacionales. A través de varias reformas político-electorales (1977-2014) se modeló el sistema electoral que hoy tenemos. Se trata de un sistema complicado que puede tener mejoras, se le pueden formular críticas importantes y sería conveniente hacerle reformas. Del lado oficialista, AMLO ha intentado proponer diversas reformas, que van desde cambiar la representación, primero quiso ir a una representación proporcional completa (Plan A); después propuso quedarnos con pura mayoría calificada (Plan B). No hay consistencia. El presidente insiste en bajar los costos de las elecciones, lo cual puede ser viable. Ahora propone -en sus iniciativas del pasado 5 de febrero- cancelar varios órganos autónomos, elegir por voto directo a jueces, magistrados y ministros del poder judicial, así como a los consejeros electorales, es decir, volverlos una extraña especia de diputados, cuya selección estaría en sintonía con el gobierno en turno, y llevaría a una concentración de poder del partido dominante. Se puede mejorar la forma de elegir estos cargos, pero el voto popular es mero populismo. El Plan C de Morena y AMLO, que Claudia respalda, es tener la mayoría calificada para hacer esas y otras reformas, lo cual es un peligro grave que nos llevaría a un régimen político de concentración de poder y a una severa afectación de derechos políticos.

Durante los gobiernos de la transición se lograron avances políticos en materia de pluralidad y de libertades, pero se estancó la parte social. El modelo económico castigó los salarios con una política muy dañina que llevó a porcentajes de pobreza y desigualdad muy elevados. Este gobierno ha realizado avances en estas áreas, ha subido el salario mínimo, junto con un nuevo entramado laboral democrático. Al mismo tiempo, los gobiernos de la transición tampoco avanzaron para tener una mejor justicia, disminuir la impunidad, bajar los niveles de violencia y genera una democracia de calidad. Los partidos que gobernaron el país hasta 2018 se encapsularon en una partidocracia que dejó severas consecuencias para la misma representación democrática. La llegada de Morena al poder se explica, entre otras cosas, por las deficiencias del régimen de la transición y la agudización de graves problemas nacionales (desigualdad y pobreza, impunidad y violencia, captura del Estado).

El gobierno de la 4T logró avances en materia laboral y salarial, pero, al mismo tiempo, generó una narrativa polarizante y una enemistad con múltiples actores sociales. Para empezar, con la oposición en el Congreso, por lo cual se interrumpieron los mecanismos de negociación y se afectó la forma de legislar. El caso más extremo fue aquella noche del 28 de abril de 2023, en donde Morena y aliados aprobaron al vapor, con una completa violación de los procedimientos, sin lectura de dictámenes, sin discusión y sin opositores, una serie de leyes y reformas. La oposición había tomado la tribuna del senado y tampoco aceptó negociar nada.

Estamos inmersos en un clima de terrible violencia y una severa polarización emocional. Existe la idea regresiva de concentrar el poder que se quitó al presidencialismo con la transición y los órganos autónomos. El hiperpresidencialismo ha debilitado a los otros poderes, que son contrapesos necesarios. ¿Cómo salir del falso dilema entre concentración del poder, pero con mejores salarios?

@AzizNassif

Escrito en: OPINIÓN EDITORIALES transición, régimen, poder, democracia

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